20 de febrero 2001 - 00:00

"Más que donar un teatro, es dejar de pensar cortito"

Diqui James.
Diqui James.
(19/02/2001) La agrupación De la Guarda, iba a firmar hoy el acuerdo con el Centro Cultural Recoleta que otorgará a la Ciudad una sala teatral atípica, pero la firma quedó postergada hasta el 1 de marzo, porque el Jefe de Gobierno porteño, Aníbal Ibarra, desea estar presente. El acuerdo será ratificado, además, por el secretario de Cultura de la Ciudad, Jorge Telerman, la directora del Centro Cultural Recoleta, Nora Hochbaum y los directivos del grupo salido del llamado «off» y hoy internacionalmente reconocido.

 Ese nuevo teatro, para experiencias alternativas, en cuya edificación De la Guarda invertirá 200 mil dólares, y que, luego de utilizarlo para presentar en agosto en Buenos Aires su espectáculo «Villa, villa» (el mismo que están ofreciendo con éxito en Nueva York y Las Vegas), se lo entregarán a la Ciudad de Buenos Aires.

De la Guarda nació en 1992, luego de la disolución de La Organización Negra (creada en 1986 y que logró fama con su producción «La Tirolesa Obelisco»). En sus macroshows, De la Guarda busca que música y escena tengan la misma contundencia expresiva, algo que ha alcanzado su mayor logro con «Villa, villa» espectáculo con el que conquistaron, entre otros al público de Londres, Nueva York y Las Vegas. Al frente de De la Guarda, en la Dirección General de un elenco multitudinario, están Pichón Baldinu y Diqui James. Dialogamos con James.

Periodista: ¿Le van a regalar un nuevo teatro al gobierno de la Ciudad de Buenos Aires?


Diqui James:
Concretamente al Centro Cultural Recoleta, pero necesita la aprobación del Gobierno de la Ciudad.

P.: ¿Se tratará de un espacio escénico alternativo?


D.J.:
Es ridículo hablar de espacio escénico alternativo. Hoy un teatro con escenario y butacas fijas es prehistórico. Pensar que el teatro es butacas y un escenario, es absurdo.

P.: Bueno, así son los teatros en Broadway...


D.J.:
Pero son teatros construidos hace un montón. Si yo fuera un empresario que voy a construir un teatro en Broadway no le pongo escenario, butacas fijas, cemento con barranca, lo hago de manera que pueda desarmarlo y tener otro tipo de espacio, porque puede llegar una obra que rompa todos los récords y no use el espacio de manera antigua. Nosotros, tuvimos muchos problemas para encontrar un espacio, tanto con la Organización Negra como con De la Guarda.

P.: Que le entreguen un teatro de 200 mil dólares es un buen negocio para el Estado, ¿lo es también para ustedes?


D.J.:
Para el Estado es un negocio, y para nosotros también tiene que ser un negocio. Para el Estado esto es una donación. Pero cuando dicen «De La Guarda va a donar un espacio» no me siento muy cómodo con la palabra donar. Nos ocurrieron varias cosas para tomar la decisión de hacer una inversión importante que le va a quedar a la Ciudad.

La primera fue entrar al patio del tanque del Centro Cultural Recoleta, después de 5 años de estar en Europa y Estados Unidos, y verlo en el mismo estado en que estaba antes de que hiciéramos allí «Villa, villa». Fue muy deprimente la sensación de «nos fuimos, hicimos de todo, estuvimos en países que funcionan y acá nada pasó, y de «Villa, villa» no quedó nada.

Cuando dijimos hagamos la actual «Villa, villa» en Buenos Aires tuvimos propuestas de productores, pero preferimos mantener ese perfil de autogestión de De la Guarda y cobrar una entrada lo más ba-rata posible para una producción cara. Lo segundo fue hacer números. Nos dimos cuenta de que si hacíamos una buena temporada de «Villa, villa», pagaríamos lo mismo por el alquiler de una carpa que si construimos un teatro y luego se lo dejamos a la Ciudad. Lo que hace De La Guarda es tomar el riesgo, poner el dinero por adelantado, en vez de pagar un alquiler, se asegura de no perder, arma todo bien, un show de calidad en un espacio perfectamente acustizado que después le quede a la gente. Y si regreso dentro de 5 años, no vuelvo a ver un patio vacío, sino la sala «Villa, villa».

P.: Van a hacer de un evento de unos meses un lugar permanente.


D.J.:
Los argentinos tendemos a pensar cortito, en noviembre de 2001, y no se puede pensar así. En Europa y Estados Unidos tuvimos que aprender que dijeran «de acá a seis años comenzamos a recuperar», no nos imaginábamos que se podía pensar a tan largo plazo. Eso nos cambió la cabeza.

P.: ¿En qué países estuvieron ya?


D.J.:
Estuvimos un año en Londres con «Villa, villa». Vinieron a vernos 400 mil personas, fue un éxito enorme. Hace 3 años que estamos en Nueva York. Hace 6 meses empezamos en Las Vegas. En giras estuvimos en Brasil, Canadá, Holanda, Bélgica, Alemania, Francia, la ex Yugoslavia y Suiza.

P.: ¿Por qué dice que el espectáculo «Villa, villa» cambió?


D.J.:
Desde el principio nos planteamos que este show se tiene que construir con público, no podemos encerrarnos a ensayar y después mostrarlo, porque el público forma parte de la escena. Comenzamos en Prix D'Ami probando cosas con el público, en 1995 lo estrenamos pero todos los días cambiábamos cosas. Durante todas las giras por Europa, que duraron dos años, aprendimos más. En la escena que en Brasil hacía que la gente saltara como loca, en Suiza se quedaban parados como estatuas y a los tres minutos había que cambiar de escena. Eso hizo que en tres años el show fuera muy universal, se armó una cosa que, donde fuéramos, funcionaba.

P.: ¿Cómo sigue lo de Nueva York?


D.J.:
Ahí dejamos una compañía nueva, internacional, de gente de todo el mundo que vive ahí. Hoy tenemos una compañía en Nueva York, otra en Las Vegas y estamos planeando otra en Montreal y una en la Argentina. Si bien viajamos a menudo, ahora menos cantidad de tiempo, y todos los creadores del espectáculo vivimos acá. Tenemos el sue-ño de que, luego de hacer Buenos Aires, podamos ir al interior, algo que hasta ahora no pudimos cumplir, y luego entrar en gira por Brasil y Chile.

P.: Se han convertido en una empresa internacional.

D.J.:
Lo que hicimos es dar la licencia del show «Villa, villa» a The Producing Office (TPO), que ha realizado exitosos musicales. Antes tuvimos la propuesta de Columbia Pictures de tomar los derechos. Elegimos a TPO porque podemos hablar directamente con el dueño, algo que no ocurriría con la Columbia. TPO produce «Villa, villa» en Nueva York, y nosotros hacemos la dirección artística. No nos convertimos en una empresa internacional, dimos «Villa, villa» para que lo explote esta empresa con la que hicimos un contrato para poder mantener el control sobre la calidad artística del show. Llegamos a un acuerdo y lo que va al frente de todas las publicidades, lo que se ve en los subtes y colectivos de Nueva York, es De la Guarda presenta «Villa, villa».

P.: ¿Se sienten cerca de empresas como «Le Cirque du soleil»?


D.J.:
Esa sí es una empresa infernal. Nosotros no quisimos hacer eso. A mí me gusta el lado empresarial, planear negocios. Ese costado lo tuvimos que desarrollar porque al comienzo no interesábamos a nadie, y tuvimos que aprender a vender lo que hacemos. Me gusta inventar desarrollos, pero no lo que impone estar al frente de una corporación, pasarse ocho horas en una oficina pensando negocios en todos lados. No me interesa. Hacemos compañías nuevas, tenemos oficinas nuevas, pero la estructura empresarial que la pongan otros.

P.: ¿Qué harán después de «Villa, villa»?


D.J.:
Empezamos con «Período Doma» acá, en 1998, y se cortó, porque abrimos Nueva York y tuvimos que dedicarnos medio año a eso. Terminamos y empezamos en Londres. Apenas acabamos ahí pensamos retomar «Doma» y no pudimos por un tema de producción, y «Villa, villa» nos sigue demandando demasiado. «Doma» es un proyecto bastante terminado, con más escenas, está como para concretarlo. Tenemos otras cosas en mente pero no conviene adelantarlas. Lo que tenemos avanzado es poder delegar «Villa, villa» y dedicarnos sólo a la parte artística. Cada vez el show nos lleva menos tiempo porque hay más gente entrenada para hacerlo, lo viene haciendo desde hace tres años y puede enseñar y crecer en el espectáculo.

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