Moacir, talento fronterizo que refulgió poco
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Esta película casi confesional, “Moacir y yo” evoca la curiosa amistad entre el cineasta Tomás Lipgot, verdadero humanista, y Moacyr, castellanizado Moacir. Varios años atrás, Lipgot estaba haciendo “Fortalezas”, sobre personas que sobrevivían en las circunstancias más difíciles. Así encontró a Moacir, un morocho brasileño, sesentón, animoso, compositor inédito, que quería con todas sus fuerzas grabar un disco y ser artista, pero estaba internado en el Borda. Tiempo después volvió a encontrarlo, ya con el alta médica, y lo ayudó a grabar ese disco. Sergio Pangaro estuvo en los arreglos. Luego vino la grabación de un film con toques ficcionales. Así surgieron “Moacir” y “Moacir III”, mientras se iba afirmando una amistad llena de paciencia y empatía, y el director rodaba otros documentales, siempre sobre personas que vale la pena conocer y comprender. Un día, ya va para tres años, Moacir murió. Lipgot lo evoca ahora, hablando también un poco de sí mismo. Es la primera vez que habla de sí mismo en una obra, tan fuerte ha sentido la ausencia. Y no hace discursos, pero la obra entera habla también de su posición ante la vida, y del compromiso que significa llamarse amigo de alguien y acompañar sus sueños.
“Moacir y yo” (Argentina, 2021). Dir.: T. Lipgot. Documental.




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