16 de febrero 2006 - 00:00

Módico suspenso con trasfondo moralista

Jennifer Aniston y Clive Owen encarnan a la pareja ferozmente castigada en esta nueva contribucióna la campaña de ciertos sectores estadounidenses contra el adulterio y a favor dela paranoia.
Jennifer Aniston y Clive Owen encarnan a la pareja ferozmente castigada en esta nueva contribución a la campaña de ciertos sectores estadounidenses contra el adulterio y a favor de la paranoia.
«Descarrilados» ( Derailed, EE.UU., 2005, habl. en inglés). Dir.: M. Hafstrom. Guión: S. Beattie, J. Siegel, sobre novela de J. Siegel. Int.: V. Cassel, C. Owen, J. Aniston, RZA, G. Esposito, A. Timlin, M. George, S. Bee.

Con ese título, y el anuncio de un encuentro casual entre Jennifer Aniston y Clive Owen, podía esperarse una historia de inevitables pasiones. Pero no. Lo que acá vemos es sólo una nueva contribución a la campaña de ciertos sectores norteamericanos contra el adulterio y a favor de la paranoia. Tanto, que al final el personaje protagónico queda listo para cantar ese tango de Enrique Santos Discépolo que termina diciendo «me pongo al lao del botón».

Se entiende. Por querer concretar algo con una señora agradable, el pobre tipo de entrada nomás es estafado (le cobran 46 dólares una pieza de hotel en decadencia), interrumpido antes de empezar, golpeado, robado, humillado soportando que otro viole a la pobre mujer, complicado porque ella, como es casada, teme hacer la denuncia, obligado a todos los trámites de cambio de tarjetas, más tarde chantajeado, vuelto a chantajear, obligado a perder todos los ahorros familiares (para colmo la hijita tiene una enfermedad grave, la casa está hipotecada, la esposa lo ama, etc.), y esto recién empieza.

La historia está bien llevada, y luce dos vueltas de tuerca. Por ahí se hace increíble que en sólo 20 minutos el personaje salga del trabajo, pase por el banco, retire unos cuantos miles, y llegue al cuarto piso de un edificio donde lo están esperando, pero, ya se sabe, lo importante es la intriga, el módico suspenso, la variedad de muertos previstos e imprevistos que también van apareciendo, la recuperación de la plata, y el amor de la familia. Vincent Cassel (« Irreversible») es el malo de la película, y sin mucho esfuerzo encabeza el cartel. Owen lleva el gasto, vestido de azul como los presos. La Aniston maneja tres tipos de expresión: ejecutiva canchera, «no sé qué pensar de vos», y «seguí participando». El morocho RZA es el que avispa un poco a nuestro personaje. Y el negro dinamarqués Giancarlo Espósito es el botón que, cuando llegue el momento, sabrá entender las cosas. Porque, según esta propaganda, matar a dos tipos o causar la muerte de tres está bien. Lo malo es conocer gente nueva.

P.S.

Dejá tu comentario

Te puede interesar