No hay duda de que uno de los encantos del mundo del arte son los mitos y leyendas. Uno de los artistas de los que menos se sabe es Amedeo Modigliani, un italiano que trabajó en Paris y en considerado un pintor «maldito» por los biógrafos que investigan su corta vida de 35 años y su escasa produccion realizada en tan solo 14 años. Esta se puede estimar en 400 pinturas (diez de ellas están en la Argentina), 25 esculturas en piedra y mármol (sólo una de las cuales está firmada), y una importante cantidad de dibujos en lápiz y tinta. Modigliani nació en 1884 en la localidad italiana de Liorna, y ya a los 15 años estaba dedicado solamente al estudio del dibujo y la pintura. Se destacó en el desnudo y sus estudios se ampliaron en Roma, Florencia y Venecia. Con 22 años se radicó en Paris y fue apoyado por la familia de mecenas Alexander y, años después, el polaco Leopold Zboroski se convirtió en su marchand. Una de las mejores ventas fue a un argentino de apellido Crespo, que adquirió seis obras, y otros sudamericanos como los González Garaño también fueron clientes de Modigliani. Fue amigo de todos los grandes artistas de su época (vivía a pasos de Picasso), y sin duda que la leyenda de alcohol y drogas ha contribuido a esa fama de «maldito» que se le endilga, aunque el mercado hace caso omiso a dicho calificativo.
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Sólo realizó una exposición cuando contaba 33 años y consumido por una meningitis falleció a los 35 años en 1920. Siete horas después de su muerte, su pareja Jeaanne Hebuterne que esperaba su segundo hijo se suicidó tirándose del balcón de la casa paterna.
La producción de Modigliani (obras de formatos no muy grandes, generalmente con el negro como dominante) prácticamente se concentra en retratos, de los que debe haber realizado cientos y, curiosamente, sólo realizó un autorretrato en el final de su vida que se encuentra en el Museo de San Pablo. En la última década sus precios se han triplicado y el gran desnudo vendido en 11 millones de dólares en 1995, hoy superaria los 30 millones. Cerca de 25 de sus obras se venden cada año en subastas; la mayoría son lápices y tintas cuyos valores oscilan entre los 20 y los 200 mil dólares, y los óleos fluctúan entre uno y treinta millones.
En el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires se pueden disfrutar tres obras, que con buen criterio, están colgadas como si fueran un tríptico pleno de nostalgia. Las obras más bellas se encuentran en el Museo de Arte Moderno de Nueva York ya que fueron los americanos y los argentinos los primeros en «descubrir» a este artista.
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