Encarnación Ezcurra, esposa de Juan Manuel de Rosas, madre de Manuelita Rosas, no solía estar en la lista de las mujeres del pasado elogiadas por las feministas como, entre otras, La Perichona, Manuelita Sánchez, Juana Manso, Alicia Moreau de Justo, Victoria Ocampo y Eva Perón. Una obra de teatro “Yo, Encarnación Ezcurra” y un ensayo histórico, “Encarnación Ezcurra, la caudilla” (Marea Editorial) de Cristian Vitale, recuperan y reivindican a la feroz mujer de Rosas. Vitale estudió en Filosofía y Letras (UBA) y se recibió de profesor de Historia, dedicándose al periodismo y a la enseñanza media y superior en su especialidad. Dialogamos con él.
Periodista: ¿Por qué cree que aparecen al mismo tiempo la obra teatral “Yo, Encarnación Ezcurra” y su biografía de la esposa de Rosas?
Cristian Vitale: Fue solo una casual conjunción de intereses. La obra teatral de Cristina Escofet es anterior y se volvió un éxito de público antes de la pandemia. El libro se publicó ahora. Surgió de la propuesta que me hizo hace un tiempo Hernán Brienza, que dirige la colección “Los caudillos” de editorial Marea. Venían publicando biografías de Dorrego, López Jordán, el Manco Paz, y otros. Demasiados hombres para este tiempo de luchas feministas y de la reivindicación de la mujer en la política. Se buscó una referente en el siglo XIX, tiempo en que las primeras damas eran meras acompañantes, algo que siguió siendo lo habitual. Encarnación Ezcurra rompió con eso, es la primera mujer que participó plenamente en política, que incide directamente en el poder. En ese siglo hubo otras mujeres que se destacaron como Juana Azurduy o Macacha Güemes, que han sido revisadas, biografiadas y tienen mejor prensa. Por eso recuperar la vida de Encarnación Ezcurra, que fue ninguneada, resultaba un interesante aporte.
P.: Desde el feminismo, en el XIX, las figuran son Ana Perichón y Manuelita Sánchez.
C.V.: Encarnación sumó algo distinto, es una mujer de enorme gravitación política, algo reconocido tanto por liberales como por federales. Cuando Rosas fue a la Expedición al Sur, ella quedó sola en Buenos Aires y, en un tiempo cruel y violento, se metió en el fragor de la lucha política con una pasión y un temple inédito en nuestra historia. Organizó la Sociedad Popular Restauradora, que se transformará en La Mazorca. Buscó mantener el fervor rosista. Reunió a la militancia que hizo a la resistencia en años en que Rosas estaba fuera del poder. Ella, una mujer de la aristocracia, igualándose con su marido, dio lugar a las clases bajas, a los orilleros, a los negros, a los gauchos pobres, a los que no eran tenidos en cuenta en las luchas políticas. Ideó, lideró y llevó a cabo en 1834 la Revolución de los Restauradores. Para eso, entre otras cosas fundó el diario Restaurador de las Leyes. Es ella la que convenció a Rosas de su trascendencia, cuando él se resistía a volver al poder. Le escribió en cartas apasionadas “las masas están con vos”. Le pidió que pasara a la acción política luego de ese fusilamiento de Dorrego que fue un parte aguas en el siglo XIX. Encarnación le dijo que “alguien tan popular como Dorrego sólo puede ser reemplazado por alguien más popular aún, por vos”.
P.: ¿Ella creó la brutal Mazorca?
C.V.: La Sociedad Popular Restauradora más tarde se transformará en La Mazorca y tuvo enorme gravitación durante la Confederación Argentina, a partir del retorno de Rosas al poder en 1835. Es una organización denostada por gran parte de la historiografía que nació para oponerse a los nostálgicos del golpe de diciembre 1828, a los fusiladores de Dorrego. Enfrentó a unitarios y liberales que están en permanente conspiración contra la Confederación Argentina. Fue Encarnación quien organizó esa fuerza de choque que años después devendría en La Mazorca.
P.: La vida breve de Encarnación hace que se la compare con Eva Perón.
C.V.: Una vida intensamente pasional. El engaño que usó para casarse de apuro con su amado Rosas, a pesar de la oposición familiar. El amor a distancia. Él siempre en la estancia, ella cuidando a sus hijos o en la acción política callejera. Imprevistamente murió a los 43 años, en 1838, cuando se produjo el bloqueo francés en las costas del Río de la Plata, los portugueses buscaron volver a dominar la Banda Oriental, y los unitarios que se alían con franceses y portugueses. Justo ahí Rosas se quedó sin su mayor apoyo, Encarnación. Se encerró a llorar junto al cadáver durante horas. Se cuenta que, ochenta años después, cuando fueron a trasladar sus cenizas a otra tumba de la Recoleta, encontraron su cuerpo intacto. ¿Fue la Eva Perón del siglo XIX?, debido a las coincidencias, de eso trata el capítulo final de mi libro.
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