Jazmín Stuart (junto a Mariano Farran), autora, directora, protagonista y hábil promotora
de «La mujer que al amor no se asoma...», cómica autocrítica de la neurosis femenina
que ganaría con algunos cortes.
«La mujer que al amor no se asoma...» Libro y Dir.: J.Stuart. Coach de Dir. y Coreog.: M.Vernik. Int.: C.Guerra, Jazmín Stuart, V.Hladilo y elenco. Esc.: V.Romero. Vest.: M.Dappiano. Ilum.: S.Pujía. Mús.Orig. y Arreglos: F.Travi. (Teatro Del Nudo.)
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Medio en serio, medio en broma, Jazmín Stuart confesó antes del estreno de «La mujer que al amor no se asoma», que una de las parejas de la obra estaba inspirada en su pasado vínculo amoroso con Andy Kusnetzoff, en cuyo programa radial, la actriz deslizó hábilmente el comentario. Entrevistada por el periodista, ambos intercambiaron varios chistes e ironías, pero él no demostró demasiado interés en ver la obra. Aún así el reportaje dio que hablar y la curiosidad del público hizo el resto. «La mujer que al amor no se asoma...» se estrenó el año pasado con un alto promedio de localidades agotadas. Lo curioso es que desde su reestreno, el pasado febrero, la pieza sigue atrayendo igual cantidad de espectadores -en especial mujeres- que se ríen sin complejos de los estereotipos femeninos que circulan por la obra. Stuart se toma el pelo a sí misma, de eso no hay duda; pero no es más piadosa con las demás mujeres, a las que en líneas generales describe como seres tan impredecibles y complicados que casi resulta una proeza formar pareja con ellas. Obviamente se trata de una caricatura, pero uno termina sintiendo compasión por los hombres.
La flamante autora y directora se reservó el papel de Nadia, una bonita hipocondríaca, pesimista hasta la exasperación, que a los 30 años ya se considera vieja. Por otra parte, tampoco puede asimilar que su paciente novio (Mariano Farran) sea dulce, cariñoso, y a la vez buen amante. La actuación de Stuart enriquece notablemente el guión con sus inesperadas ocurrencias. Su Nadia es hiperkinética y bordea la locura, pero aún así resulta encantadora. Cinthia Guerra, por su parte, encarna a la típica soñadora que se arrastra a los pies del hombre elegido, sin registrar si éste la ama o no. Su vocación de felpudo no tiene límites y esto genera varios momentos de hilaridad. A su lado, Luis Mango interpreta al engreído Roberto quien además de despreciarla le hace notar que él es un hombre hermoso y «bien proporcionado», cuando es evidente que usa peluquín y está excedido en peso. Este sketch, el menos efectivo de la obra, parte de una anécdota muy pequeña que se estira innecesariamente sin aportar nada nuevo al planteo inicial.
En cambio, el cuadro final no tiene desperdicio. Se trata de una agresiva come-hombres con algo de Cruela De Vil, en la magnífica actuación de Victoria Hladilo, que se dedica a humillar a su esmirriado pretendiente (notable labor de Walter Cornas), hasta que éste por fin decide cambiar de estrategia.
Con algunos cortes, el espectáculo ganaría en ritmo y eficacia, pero hay que admitir que la autora ofrece una honesta autocrítica de la neurosis femenina. Nada de feminismo ni antifeminismo, sólo ganas de reírse de las propias limitaciones.
Dejá tu comentario