Quizá la mayor consagración del académico y artista plástico Libero Badii, que murió de un paro cardíaco a los 85 años el domingo pasado en un hospital de Olivos, no haya sido conquistar los mayores premios nacionales, algunos importantes internacionales, tener buena parte de sus obras dispersas por museos del mundo (entre ellas «El Ave Fénix» en el Centro Kennedy de Washington) sino haber alcanzado el mérito de ver convertida en museo de su amplia y diversa creación plástica, su espléndida casa taller de las barrancas de Belgrano en 1989.
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Libero Badii había nacido en Arezzo, Italia, el 2 de febrero de 1916. A los 11 años llegó a la Argentina con su familia y, si bien se integró plenamente al país, tardó veinte años en naturalizarse argentino. Aprendió a trabajar la piedra en la marmolería de su padre. Estudió en la Escuela de Artes Ornamentales de la Nación, en la Escuela Superior de Bellas Artes Ernesto De la Cárcova y en el taller de Fioravanti.
Se recibió de profesor de dibujo y escultura. Bajo la influencia de Henry Moore, enfatizó su carácter de escultor, destacándose como uno de los más personales y originales del país. Amplió sus perspectivas estéticas realizando viajes de estudios por América y Europa. Su voluntad artística de tipo renacentista lo llevó a desplegar su creatividad en el dibujo, la pintura, el collage, la escultura, el grabado, la serigrafía, la cerámica y el diseño.
Transitó por diversos estilos y escuelas, la figuración, el expresionismo, la abstracción, el simbolismo, ciertos modos del surrealismo, llegando a teorizar un estilo propio que denominó «el arte siniestro», definiendo lo siniestro como aquello que supera o no está comprendido por lo racional. Dentro de esa estética (en la que algunos críticos vieron ciertos puntos de contactos con el «arte bruto» de Jean Dubuffet) se encuentran enormes muñecos y obras en maderas policromadas que tuvieron entre sus primeros apologistas al ensayista y crítico Jorge Romero Brest.
Entre los premios que le fueron otorgados están el Gran Premio de Honor «Presidente de la Nación Argentina» en el Salón de Arte de Mar del Plata por su talla en madera «La Familia» (1953), el Premio Palanza (1959), Premio Bienal de San Pablo (1971), Premio Consagración de la Provincia de Buenos Aires (1980), Gran Premio Fondo Nacional de la Artes (1982), Premio Consagración Nacional (1987), pero él sostenía que «solamente tuve un gran premio que ha llenado mi vida con satisfacción, el de poder hacer lo que pertenece al campo del Arte».
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