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1 de junio 2006 - 00:00

Notable Mozart refuerza buen año en el Colón

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La ley de la simetría en la puesta en escena de «Così fan tutte» en el Teatro Colón: lograda versión de la ópera de Mozart y buen homenaje a los 250 años de su nacimiento.
«Così fan tutte». Opera en dos actos de W. A. Mozart. Int.: R. Giménez, V. Tola, H. Iturralde, A. Mastrángelo y otros. Dir. Mus.: R. Fischer. Régie: M. Hampe. Esc. e ilum.: R. López. Dir. Coro: S. Caputo. Orq. y Coro Estables. (Teatro Colón, funciones hasta el 9 de junio).

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El tercer título de la temporada lírica del Teatro Colón se enmarca dentro de las celebraciones por los 250 años del nacimiento de Mozart. Se eligió una obra clave dentro de su producción: «Così fan tutte», que integra junto a «Don Giovanni» y «Le Nozze di Figaro» la trilogía fundamental del compositor y el libretista Lorenzo Da Ponte.

Comedia y a la vez tragedia moral, la ópera reflexiona sobre varios tópicos que hacen a la convivencia de los sexos. La fragilidad de las relaciones, la vulnerabilidad del amor, la fidelidad, el desamparo emocional y la ligereza de ciertas actitudes humanas en relación con la vida en pareja mezclan sus hilos en la historia de cuatro amantes entrecruzados, víctimas de sus inconstancias y de su pobreza espiritual.

La música de Mozart subraya y afirma cada actitud de estos personajes, que obran como títeres manejados por un ser superior, que hacia el final los castiga con el ridículo al tiempo que los mira con cierta conmiseración. Arias, dúos, duettinos, tríos («Soave sia il vento» es una de los más bellos de todos los escritos por el compositor) y especialmente los conjuntos mayores, configuran un inventario de los recursos armónicos y tímbricos a los que Mozart echaba mano en un momento pródigo de su creatividad. Un aire de erotismo y una atmósfera de cinismo recorren las tres horas de música que hacen de esta ópera un compendio del siglo dieciocho («Così fan tutte» se estrenó en Viena en 1790).

En el Colón se está viendo la producción del Teatro Municipal de Chile. Dinamismo, belleza visual y la armonía de movimiento son claves de la puesta en escena de Michael Hampe repuesta por Caroline Lang. Escenografía y luces de Ramón López y el vestuario de Germán Droghetti se alían para la conformación de un ámbito funcional y de impactante efecto plástico. La participación del coro en dos breves momentos, cuando la acción se vuelve social y contrasta con la intimidad de los seis protagonistas, tiene la sonoridad y matices que le otorga Salvatore Caputo.

La dirección musical está a cargo del chilenosuizo Rodolfo Fischer, quien obtuvo excelentes respuestas de la orquesta estable, después de un inicio algo incierto y con algunas debilidades en los aerófonos. A medida que la representación avanzaba todo se fue poniendo en su lugar hasta llegar a un final dinámico y estilísticamente brillante.

Un elenco de artistas argentinos, algunos de consideración internacional, interpreta al sexteto central. Virginia Tola como Fiordiligi muestra una musicalidad impecable; volumen, fraseo y sensibilidad le dan a su personaje una presencia de primera línea. Raúl Giménez, genuino especialista en los papeles mozartianos y belcantistas, aporta su bellísima voz de tenor y juega con pericia su Ferrando. Lo mismo sucede con el Guglielmo de un Hernán Iturralde con prestancia vocal y desenvoltura escénica.

Bien Adriana Mastrángelo en Dorabella, mientras Graciela Oddone como la maliciosa Despina, luce graciosa y cuidada en el aspecto vocal. Víctor Torres canta y actúa con aplomo y nobleza Don Alfonso, papel que siempre se espera oír en la voz de un bajo bufo. Siendo barítono, sorteó la dificultad con solvencia.

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