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Es costumbre en la India -al menos entre los bengalíes- que cada persona tenga dos nombres, uno público y otro familiar. Pero debido a las complicaciones de la vida moderna a veces puede ocurrir que un sobrenombre cariñoso pase del área privada a la documentación oficial. Esto es precisamente lo que le sucedió a la escritora Jhumpa Lahiri (Londres, 1967) hija de inmigrantes oriundos de Calcuta y criada en los Estados Unidos donde se graduó en Literatura Inglesa. Tironeada entre dos culturas, la autora utilizó sus propias experiencias familiares -y otras que recabó en sus numerosos viajes a la India- como background de su primer libro de ficción, «Intérprete de emociones», colección de 9 cuentos -traducida a 29 idiomas- por la que recibió el Pulitzer del 2000, entre otros premios.
Con esas historias, ubicadas en su mayoría en la costa este de Estados Unidos, otras en la India, la autora brindó un sensible enfoque de los dilemas que acarrea toda inmigración (crisis de identidad, enfrentamientos generacionales, desencuentros amorosos), haciendo gala de un estilo muy depurado y de gran economía de recursos siguiendo de cerca el modelo chejoviano.
En su paso a la novela («El buen nombre» es la primera que publica) Lahiri le dio más cabida a las peripecias de sus personajes y al entorno social en el que estos se desplazan desde 1968 hasta el año 2000. Gógol Ganguli, el protagonista, debe su nombre al escritor ruso que su padre admiraba. Pero este apodo familiar, que por razones de fuerza mayor termina siendo su nombre oficial, le causa una gran confusión, rasgo que es explotado por la autora con interesantes connotaciones.
La historia comienza con el casamiento de Ashima y Ashoke (los padres de Gógol) y su posterior arribo a Boston. Y aunque el contraste entre estas dos culturas siempre está presente, la mayor parte del libro está dedicada a las experiencias amorosas del joven y apuesto Gógol. En esos tramos la novela se asemeja a un buen guión televisivo de esos que se desarrollan en ambientes muy «cool», al estilo «Sex in the city». No sorprende, entonces, que la directora Mira Nair («Mississippi-Masala», «La boda», «La feria de las vanidades») se haya propuesto filmar este libro en los próximos meses. Al igual que ella, Lahiri parece haberse adaptado a las exigencias del mercado estadounidense, con un esquema narrativo más previsible y pasatista, pero que no carece de atractivo.
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