Nelly Arrieta
de Blaquier en
el cóctel de
presentación
de «Argentina
Patrimonio
Cultural y
Natural-Album
del
Bicentenario»,
con Fabio
Grementieri,
Pablo Zunino
y Xavier
Verstraeten,
sus autores.
Con un cóctel para 800 invitados, entre ellos Mirtha Legrand, el embajador de Francia Frederic du Laurens, la fotógrafa Sara Facio y el empresario Guido Parisier, Nelly Arrieta de Blaquier presentó el miércoles en el histórico Colegio San José (o lo que permanece como tal, que sigue siendo magnificente), el libro «Argentina Patrimonio Cultural y Natural-Album del Bicentenario».
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Se trata de un lujoso volumen de 432 páginas con más de 500 fotografías, encargado por Arrieta de Blaquier al arquitecto Fabio Grementieri, el periodista y escritor Pablo Zunino (ambos responsables de la investigación y los textos) y el fotógrafo Xavier Verstraeten, que sintetiza un recorrido de 100.000 kilómetros a lo largo de 26 viajes por todo el país durante tres años.
El resultado es una formidable panorámica de la variedad, complejidad y riqueza del patrimonio construido por el hombre desde los restos de asentamientos precolombinos hasta los desarrollos de fines del siglo XX en el territorio argentino, y de las distintas manifestaciones de la naturaleza en estado originario. Así, « Album del Bicentenario» incluye sitios arqueológicos de distintas culturas, monumentos arquitectónicos de variados estilos, cascos urbanos de diferentes portes, tejidos edilicios singulares, arquitectura vernácula realizada con todo tipo de materiales, paisajes culturales derivados de establecimientos industriales de múltiple origen, obras de equipamiento e infraestructura de diversa índole, etcétera.
Como señalaron Grementieri (reconocido defensor del patrimonio, que acaba de recibir el prestigioso Premio Henry Hope Reed que otorga la Notre Dame University de EE.UU., «por su obra de preservación de la Ciudad de Buenos Aires») y Zunino durante la presentación en en Colegio San José, «El patrimonio cultural tangible no está ahí desde siempre, no brotó de una roca ni cayó del cielo. Se fue construyendo sostenido en una complejísima y empecinada empresa humana colectiva que requirió de mucho trabajo y que en su materialización condensa deseos personales y comunitarios de varias generaciones».
Sin embargo, los autores también aclaran que el volumen «no es un manifiesto proteccionista, ni un libro que apueste a la nostalgia por todo el patrimonio que ya, lamentablemente, se ha perdido. Pretende, sí, llamar la atención sobre la importancia de preservar un capital único que por muchos motivos está en peligro y dejar constancia de un estado de situación».
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