13 de julio 2006 - 00:00

Ratón Pérez entretenido y con muy buena técnica

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«El ratón Pérez es una lograda mezcla de actores y elogiable animación digital para chicos en edad escolar (los más chiquitos pueden perderse pormenores de su buena intriga).
«El ratón Pérez» (Argentina-España, 2006, habl. en español). Dir.: J. P. Buscarini. Dir. animac.: P. Blumenbaum. Guión: E. Cortés. Int.: D. Varni, N. Torcanowsky, F. Mazzei, A.M. Orozco, y voces de A. Awada, R. Serrano, M. Chiesa.

Sería injusto y agresivo decir «aunque estés como dos generaciones de programas adelantado, Stuart Little fuiste. Ahora el héroe es un ratón viejo del subdesarrollo». Pero dan ganas de decirlo, cuando se ve el buen trabajo llevado a cabo por los técnicos locales que, con menos medios y experiencia (y menos plata), hicieron este film de similar calidad y salsa propia. Se ve que ya dejaron atrás las torpezas de sus primeros dibujos, tienen ganas de crecer, y eso sí, es justo señalarlo.

También la película deja rápidamente atrás un comienzo algo débil, y se va haciendo cada vez más entretenida, sobre todo para los chicos de edad escolar. Los más chiquitos han de perderse, en cambio, ciertos pormenores de la intriga, que tienen que ver con una de las grandes preguntas de la humanidad: ¿para qué quiere don Pérez los dientes de los niños? ¿para chairearse los suyos? ¿y de dónde saca las monedas?

Respuesta: este viejo pícaro tiene toda una empresa subterránea donde cientos de ratones pulen los dientecitos hasta convertirlos en perlas, que luego venden a un anciano joyero. La moneda es entonces el pago por la materia prima así conseguida.

Ahora bien. Una niña descubre que Pérez se llevó su diente sin dejarle nada en cambio. Extrañada, comienza a investigar, y descubre que lo secuestró alguien que piensa reemplazar a los ratones por una máquina, convertirlos en «ratontitos», y, encima, estafar a millones de niños que así verán frustrada su primera transacción comercial.

Puede sacarse de esto (y de la subtrama donde el padre de la niña, un chef, busca un trabajo a su nivel y lo contratan unos pretensiosos de medio pelo) una tercera lectura para trabajar en clase. La primera es la del simple disfrute ante la suma de intriga, acción, aventura, muy buena mezcla de actores y dibujos digitales, voces y personajes simpáticos, notable producción de maquetas y escenas difíciles, y hasta el elogio del saber y el quehacer (al fin una película a favor de los gorditos estudiosos).

La segunda lectura es una simple y feliz deducción de todo lo anterior: aquí también podemos hacerlo. Mejor dicho, puede la gente como ésta, que se quema las pestañas, encorvada sobre tableros y computadoras, hasta sacar algo realmente bueno.

«El ratón Pérez» es una lograda mezcla de actores y elogiable animación digital para chicos en edad escolar (los más chiquitos pueden perderse pormenores de su buena intriga).

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