22 de junio 2001 - 00:00

Remake más light que el flojo original sesentista

Remake más light que el flojo original sesentista
Sólo una pequeña diosa evita que esta película sea definitivamente mala: la rubia Charlize Theron. Bonita, vivaracha, compradora, no tan deliciosa como en «Las reglas de la vida», pero bien en papel, aunque, la verdad, se trata de un papel mucho menos exigente que el cumplido por Sandy Dennis en la primera versión de la obra.

En efecto, este «Dulce noviembre» es la segunda versión -resumida, pasteurizada, hecha a cuatro manos-de una comedia dramática de 1968 escrita por Herman Raucher para el productor Elliot Kastner, sobre una muchachita bohemia, estilo hippie (era la época), que pasa cada mes con un tipo distinto. Ella elige fulanos con problemas variados, los mejora, y los despacha a fin de mes, para que pase el siguiente. El detalle es que esa muchachita se está muriendo. En el fondo, todo lo que quiere es afecto, y que la recuerde la mayor cantidad de gente posible.

Detalle

El detalle en la nueva versión es que es todo «light» y fino. En el fondo, la gente que compró aquel argumento quiere efectivo inmediato, con la mayor cantidad de gente posible, pero con el menor esfuerzo creativo, y un compromiso emocional todavía menor. Se mantienen, entonces, algunos méritos y defectos de la versión original (simpática pero forzada), se aligeran o eliminan situaciones, y personajes secundarios, y se le dan algunos toques de actualidad. Uno de los principales es que en 1968 el defecto a corregir en un posible amante era la seriedad, la cosa formal, mientras que en estos tiempos el desafío para tener un amante yuppie pero humano es bajarle la adicción al trabajo.

Aunque, como dice el tango, «total, pa' lo que te va a durar». Otro toque distinto es el paso de Nueva York a San Francisco, que es más bonito, y donde se supone que los locos son más románticos.

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