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3 de abril 2006 - 00:00

Renovadora danza de un grupo canadiense

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Le Jeune Ballet du Québec. Dir.: Didier Chipaz. Obras de Paganini-Blackburn; Satie-Malandain; Gotfrit-Hounsell; Reich-Robles y Ravel-Radacovsky. (Teatro Presidente Alvear.)

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Le Jeune Ballet du Québec propone un repertorio firmado por un grupo de coreógrafos canadienses, europeos y sudamericanos, interpretados por catorce bailarines. La compañía ejercita una mirada renovadora al arte de la danza, con preeminencia de los recursos y del lenguaje contemporáneo sin perder de vista el academicismo tradicional.

El programa presentado en Buenos Aires permitió comprobar algunas líneas comunes y ciertos rasgos de estilo semejantes en los distintos creadores. Sobre todo una investigación de las posibilidades del cuerpo en acción en relación con el espacio.

Danza vertical y horizontal, tendencia al ballet musical (es decir sin apoyos argumentales), búsqueda de la plasticidad corporal y del ritmo etc., en una danza sin prejuicios que toma las puntas y las posiciones clásicas para integrarlas a los pies descalzos o los zapatos del vocabulario contemporáneo.

«Etudes sur quelques caprices» de Hélene Blakburn utiliza algunos caprichos de Paganini para una secuencia lúdica donde la palabra se enfrenta a la dinámica musical, y que los bailarines interpretan con virtuosismo y simpatía.

Exquisito resultó «Gnossiennes» del francés Malandain sobre piezas pianísticas de Eric Satie. La barra sirvió como trampolín para un juego de aliento surrealista más que apropiado para la estética del músico.

En «Variations sur un théme», Shawn Hounsell profundizó en el traspaso energético entre los distintos participantes, sobre partituras concretas y electrónicas de Martín Gotfrit («On the Air»).

El argentino Miguel Robles presentó el resultado de una residencia que hizo en la compañía en octubre de 2005. Su experiencia se titula «Just go!» y es sobre música de Steve Reich. Una vez más, Robles crea un movimiento ajustado plenamente a la base sonora con bailarines dúctiles que interpretan la dinámica musical sin respiros en una secuencia de energía contagiosa apoyada en un minimalismo esencial.

Finalmente, «Jeu d'échecs» recurre al muchas veces usado «Bolero» de Ravel para revelar una renovadora visión coreográfica del eslovaco Mario Radacovsky, que tiene su eje en un juego de ajedrez entre dos bailarines en un ángulo del escenario y que se reproduce con figuras humanas en todo el resto. El crescendo dramático de la partitura es correspondida por la totalidad de la compañía dirigida con férrea disciplina por Didier Chipaz, alguien que apunta a la diversidad que la danza de hoy aconseja, sin olvidar la poesía y la trascendencia plástica.

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