Laura Restrepo «Leopardo al sol» (Bs.As., Alfaguara, 2006. 343 págs.)
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Once años le llevó a Laura Restrepo (Bogotá, 1950) investigar sobre los orígenes de la mafia colombiana -sus valores, costumbres y modus operandi- y transformar ese material en ficción.
Frecuentemente se la compara con Gabriel García Márquez y Fernando Vallejo -sus dos compatriotas más famosos dentro del rubro-, pero Restrepo no es de las que se subieron al último tren del «realismo mágico». Lo que sí comparte con el autor de «Cien años de soledad» es su inclinación a describir cualquier hecho de actualidad como si se tratara de un relato mítico.
A diferencia de Vallejo («La virgen de los sicarios»), Restrepo no se deja llevar por el cinismo, la furia o el desdén; para ella la realidad colombiana sigue siendo un rompecabezas al que hay que tratar de entender aun cuando parezca imposible. Tal vez por eso sus novelas siempre cuentan con un narrador al que siempre le faltan datos para llegar a la verdad o le sobran versiones contradictorias.
«Leopardo al sol» es un thriller de tierras calientes que abunda en crímenes, conflictos familiares y amoríos. Sus páginas brillan con la gracia del lenguaje coloquial y las ocurrencias del humor caribeño. También se percibe una leve parodia al «El padrino» con ciertos aires de culebrón. En realidad, sus protagonistas pertenecen a dos antiguas tribus provenientes del desierto emparentadas entre sí que se enfrentan en una larga vendetta cuyo objetivo principal es eliminar a todos los miembros varones del clan contrario. Y sin embargo, estos hombres tan rudos tienen madres que los dominan, mujeres que les rompen el corazón y un pasado que asumen como destino.
En los veinte años que evoca la novela, las dos familias se irán enriqueciendo con diversos negocios ilegales. Aun así, una seguirá ligada a los mandatos de sus ancestros precolombinos, mientras que la otra le irá dando cabido al sicariato, la tecnología moderna y el tráfico de drogas duras.
La narración está infiltrada por las voces de seres anónimos, sufrida gente de barrio acostumbrada a soportar los desmanes de los Barragán y de sus primos Monsalve, pero muy chismosa a la hora de intercambiar cuentos sobre sus crímenes y bravuconadas. La autora brinda un relato muy vívido de la vida de estos mafiosos que pese a su brutalidad comparten códigos de honor y hasta ejecutan sus venganzas conforme al aniversario de cada muerte. La llegada de los narcos rompe con todas las reglas conocidas. Un final apocalíptico y al ritmo de las comparsas de carnaval da cierre a esta saga de fuertes contrastes sociales.
«Leopardo al sol» no pudo llegar a miniserie porque los jefes narcos amenazaron con ponerle una bomba a la productora. Claro que el mensaje que le enviaron a Restrepo no fue menos desalentador: «Que escriba lo que le dé la gana; televisión no porque la ve mucha gente, pero los libros no importan porque no los lee nadie.»
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