3 de diciembre 2007 - 00:00

Revival "Police" que sus fans agradecieron

Aunque Sting ya no tiene «los dedos» del pasado y mostró algunas dificultades a la hora de los solos, la magia «Police» ganó a todo River.
Aunque Sting ya no tiene «los dedos» del pasado y mostró algunas dificultades a la hora de los solos, la magia «Police» ganó a todo River.
Actuación de The Police. Con Swing (voz, bajo, flauta de pan), Stewart Copeland (batería, percusión) y Andy Summers (guitarras, coros). (Estadio River, 1 y 2 de diciembre).

Pese a sus 56 años, el único que conserva la cara aniñada es el bajista y cantante Gordon Matthew Sumner, Sting. El baterista Stewart Copeland (55) y el guitarrista Andy Summers (64), en cambio, ya no lo acompañan en estilo juvenil. Del mismo modo, los instrumentos que utilizan Sting y Summers -un viejo bajo Fender y un par de guitarras Telecaster y Stratocaster- aseguran ambos, que formaron uno de los grupos más exitosos de la historia del pop y que dejaron de tocar juntos a mediados de la década del '80, no están en conflicto con el pasado.

En ese tono de «revival», con una lista de canciones que reunió veinte hits, con una puesta austera y teatral, está transcurriendo esta gira que los lleva por el mundo y que acaba de pasar a estadio lleno por River. Como en cualquier retorno, no hay aquí sorpresas; y no es, por cierto, lo que pretende la multitud entusiasmada desde mucho antes del comienzo, estrictamente puntual, que escuchó sin demasiado interés la buena actuación soporte de Beck, y que resistió sin problemas la llovizna que molestó durante buena parte del concierto debut del sábado.

A favor, una lista de canciones que están entre lo mejor que ha dado el pop en el siglo XX: «Roxanne», «Message in a Bottle», «Synchronicity», «Walking on the Moon», «Don't Stand so Close to me», «Hole in my Life», «King of Pain», «Do Do Do Da Da Da», «Invisible Sun», etc. También, una voz de Sting que sigue estando entre las mejores, con una frescura y una potencia expresiva que, como el resto de su cuerpo, no delata el paso de los años.

En ese mismo recorrido por las virtudes de este show hay que enumerar una puesta sencilla y muy bien trabajada -con juegos de pantallas y luces monumentales que, sin embargo, nunca opacan el intimismo propuesto-; un Copeland que sigue sosteniendo una manera muy particular de tocar la batería y que se divierte con otra serie de instrumentos percusivos; un sonido que es impecable -aunque le sobraron algunos decibeles-, y una solidez y una entrega profesional que no admitiría mayores cuestionamientos -sobre todo a esta altura, cuando el espectáculo ha sido ya largamente probado y asentado en los anteriores puntos de la gira- Aunque Sting ya no tiene «los dedos» del pasado y mostró algunas dificultades a la hora de los solos, tanto la banda como su público sólo intentaban reencontrarse con una época gloriosa. De eso hubo de sobra.

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