Su asombrosa riqueza visual es el punto más fuerte de «Robots», un film recomendable para chicos y también para grandes, pese a que no aprovecha del todo la originalidad de su argumento.
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Justamente esta fue la fisonomía que aprovecharon para separar al villano yuppie y nene de mamá de la rara mezcla de tostadoras, lavaplatos y cafeteras metaleras, que aunque sea por formar parte del arsenal de electrodomésticos fácilmente reconocibles por el público, son los encargados de humanizar a los robots más simpáticos que encabezan una rebelión contra una corporación que todo lo domina, y que de un día para el otro decide aumentar sus ganancias a costa del robot de clase media-baja.
El guión es original, pero no logra describir con el mínimo nivel de rigor argumental los resortes y palancas que mueven a este mundo robótico. Lo mismo le pasaba a películas mucho menos jugadas en lo visual, así que no se puede culpar a los realizadores de un film visualmente mucho más rico que todas las últimas producciones de animación digital. Y que, a sabiendas de sus puntos débiles en los aspectos humanos de sus personajes, los dotó de las voces de uno de los más sorprendentes elencos para un producto de este tipo (esto en la versión original en inglés, por supuesto, ya que también se ofrece doblada al español). Basta lo que hace
Este formato aún desconocido entre nosotros, sin duda potencia al máximo los grandes planos generales que el film utiliza para mostrar las ciudades robots, sin inventar nada, salvo seguir el ejemplo de viejos clásicos como
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