22 de agosto 2006 - 00:00

Sanda hará Puig en teatro y probará su acento español

DominiqueSanda en elinterior delMultiteatro,donderepresentarácon CristinaBanegas«Misterio delramo derosas», deManuel Puig.
Dominique Sanda en el interior del Multiteatro, donde representará con Cristina Banegas «Misterio del ramo de rosas», de Manuel Puig.
"No soy la típica francesa, nacida en París. Soy la nieta de un capitán de barco bretón. Por eso mi mente está abierta al mundo entero". Así lo afirma la actriz Dominique Sanda, quien desde hace años reside en nuestro país junto a su marido, de origen rumano, al que conoció cuando vino a rodar «Guerreros y cautivas» de Edgardo Cozarinsky.

La protagonista de «Una mujer dulce» de Robert Bresson, «El conformista» de Bernardo Bertolucci y «El jardín de los Finzi-Contini» de Vittorio de Sica, entre otros grandes clásicos del cine europeo, ya trabajó en varias películas argentinas: «El viaje», «Yo la peor de todas» y «Garage Olimpo», pero nunca antes había hecho teatro en español. Tuvo, en francés, una breve experiencia en el Colón, en el papel no cantado de «Juana de Arco en la hoguera» de Honegger.

Su debut en «Misterio del ramo de rosas» de Manuel Puig -una obra difundida en el exterior pero poco conocida en nuestro país- le ha inspirado algunos temores: «Adoro esta obra y me siento muy segura en mi papel, pero me da un poco de miedo que la gente, al reconocer mi acento, diga: 'Ah, ¿quién es esta impostora para venir aquí a hacer teatro? Queremos actores argentinos'».

El segundo desafío de Sanda es tener que compartir la escena con la temperamental Cristina Banegas, una actriz acostumbrada a arrasar el escenario en cada interpretación, tal como lo demostró recientemente en «La señora Macbeth». Lo interesante es que la obra de Puig, dirigida por Luciano Suardi, ya promete desde el vamos un duelo actoral.

Es una comedia dramática, de intriga psicológica, que al igual que «El beso de la mujer araña» enfrenta a dos personajes antagónicos que comparten fantasías y recuerdos del pasado en un espacio cerrado. Banegas interpreta a una viuda de fortuna, astuta y dominadora, que al perder a su único nieto en un accidente automovilístico decide internarse en un sanatorio para superar su depresión.

Allí mismo contrata a una sufrida y bondadosa enfermera privada, Sanda, a la que hace víctima de su malhumor e incontrolable sadismo. Al principio, ambas mujeres se repelen pero luego descubren una mutua dependencia y hasta algún indicio de afecto. Las funciones para el público se iniciarán este jueves a las 21 en el Multiteatro. En paralelo funcionará una exposición con material fotográfico sobre la vida y la obra de Puig.

La intérprete de «Novecento» llega al encuentro con este diario con un currículum de varias páginas en su mano, donde figura, entre otras cosas, su condecoración como Caballero de la Orden de Honor otorgada por el gobierno francés. («Lo traje porque estoy harta de la cantidad de errores que veo en Internet» aclara).

Periodista: Aprovechemos entonces para despejar algunas dudas. ¿Es cierto que usted iba a protagonizar «El último tango en París» como se dice?

Dominique Sanda: Es cierto. Ese proyecto lo pensamos juntos con Bertolucci porque éramos muy amigos. Hace un mes estuvimos juntos en Bolonia, festejando los 30 años del estreno de « Novecento». Me encantó ver la película, porque uno a veces no valora lo que hace. Y poder apreciar ahora que esa joven tan bella y tan buena actriz soy yo, a treinta años de distancia, me hizo un gran bien.

P.: ¿Usted conocía la obra de Puig?

D.S.: No hace mucho me ofrecieron interpretar a una amiga íntima de él en una película. Pero como sólo ahondaba en su vida sexual la rechacé. Tampoco tengo un gran recuerdo de «El beso de la mujer araña», porque la ví en video en casa de unos amigos de Punta del Este. Con una imagen tan reducida no pude enamorarme de esa película. Pero «Misterio del ramo de rosas» me pareció divina. ¿Cómo iba a rechazar un trabajo como éste? Es una obra que puede ser rechazada o amada, pero es digna de ser vista. También la leí en italiano porque los productores tienen la idea de llevarla a Italia y a Francia.

P.: En sus películas más famosas usted siempre interpretó a mujeres distinguidas y misteriosas, que viven muy libremente. Va a ser raro verla interpretar a una mujer pobre, sumisa y llena de frustraciones.

D.S.: Bueno, se trata de una enfermera que ha tenido poca suerte en la vida, que fracasó sentimentalmente y no pudo estudiar. Está muy frustrada y esto obviamente no tiene nada que ver conmigo, porque yo no soy frustrada, para nada.

P.: Si se atrevió a radicarse en el Río de la Plata, está visto que sigue siendo audaz.

D.S.: Lo importante es estar rodeada de la gente que te quiere. De la gente que no te quiere hay que escapar, aunque sea de la familia. Hay que rodearse de amor y de gente normal, por eso estoy aquí y voy muy poco a Francia. Igualmente no he dado un corte definitivo, sigo teniendo mi departamento en París y también mi cochecito.

P.: Volviendo a su papel de enfermera. ¿Cómo sobrelleva el maltrato de la paciente?

D.S.: La paciente es bastante tremenda, es cierto, pero es habitual que en teatro exista una marcada diferencia entre un personaje y otro. Es un dibujo casi naïf estos dos extremos. Pero en la obra todo es misterioso, hay mucha intriga e incluso el final es abierto. Me gusta esta versión porque es dinámica, y dura una hora y veinte. El público ya no quiere ver espectáculos muy largos,y yo tampoco quiero hacerlos. Cuando representé en Italia «La mujer del mar» de Ibsen, lo primero que le pedí al director Robert Wilson fue que la obra no durara más de una hora veinte y que no tuviera intervalos, porque eso me parece insoportable.

P.: ¿En Francia también la hizo en italiano?

D.S.: Sí, eran sólo cuatro funciones y después de pensarlo un poco me dije que sí, que la iba a hacer en italiano. Ya es hora de que el público francés se adapte. Como dije antes, hay que tener la mente abierta.

Entrevista de Patricia Espinosa

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