31 de marzo 2022 - 00:00

Secretos del espionaje al desnudo en lograda miniserie

Ya hemos visto series documentales sobre espías. El género es popular, igual que toda historia surgida de las largas décadas de Guerra Fría, pero esta nueva “El arte del espionaje” (“Spycraft”) que se puede ver tanto en Netflix –su productora original- como en el canal History y sus versiones on demand- tiene la cualidad de concentrarse más en cada aspecto en particular de un oficio al que escritores como Graham Greene supieron sintetizar en sus novelas de ficción y en personalísimos compilados como el legendario “Libro de Cabecera del Espía”.

Los productores de “Spycraft”, Maria Berry y Jan Spindler, han de haber leído aquella antología de Greene ya que cada uno de los 9 episodios de la primera temporada se dedica solamente a un tema, por ejemplo “Sexpionaje”, “Entregas”, “Reclutando al espía perfecto”, “Descifrando códigos” o “Sabotajes”. Y otra cualidad es que si bien, con toda lógica, los asuntos siempre empiezan centrándose en la Guerra Fría, luego se expanden tanto antes como después de esa era de oro de los espías.

En el episodio “Comunicación clandestina” –que por algún motivo History decidió emitir en primer lugar aunque es el cuarto- hay métodos de comunicación encubierta usados ya desde los tiempos de George Washington y la guerra de independencia estadounidense, y llega hasta nuestros cibernéticos en los que un chat de videogames en línea puede ser solo una de las múltiples nuevas maneras para que una agencia se comunique con su “topo”. En este capitulo, uno de los entrevistados es el mayor coleccionista norteamericano de artefactos usados por espías de todas las épocas para comunicarse, y otro es el equivalente de “Q” (el que la daba sus super armas a 007- de la CIA.

Estos y otros entrevistados ayudan a entender cómo los mismos artilugios podían servir a la Alemania de la Guerra del 14 o las británicos en la Segunda Guerra, por ejemplo la olvidada “libreta de uso único” que era un librito de códigos destinado a ser útil una sola vez para quemarse, como una versión más pedestre pero también más realista de la grabadora de la serie “Misión: Imposible”.

El espectador aprende términos como la “taquigeranografía”, disciplina ultramoderna para poder introducir mensajes encriptados en cualquier foot o ilustración que aparezca en cualquier site de la web, logrando que una simpática foto de una flor esconda en uno de sus pétalos un secreto que pone al enemigo al descubierto.

Lo más convencional y conocido pero también sustancioso es el famoso caso del espía ruso que revelaba los secretos soviéticos a la CIA, llamado “Top Hat” (nombre clave para el general Dimitri Poliakov) pero enfocándolo desde sus métodos de comunicación, lo que no tiene desperdicio.

D.C.

“El arte del espionaje” (“Spycraft”, EE.UU., 2020). Prod.: M. Berry y J. Spindler (Netflix y History).

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