18 de diciembre 2007 - 00:00

Serrat y Sabina con un eficaz entretenimiento

Salvo por un par de canciones, «Dos pájaros de un tiro» no apela a la emoción sino a entretener al público en un show de más de tres horas que llenó estadios durante toda la gira.
Salvo por un par de canciones, «Dos pájaros de un tiro» no apela a la emoción sino a entretener al público en un show de más de tres horas que llenó estadios durante toda la gira.
«Dos pájaros de un tiro». J.M. Serrat y J. Sabina. Con R. Miralles (piano, dir. musical), P. Varona (guitarras), A. García Diego (guitarras, teclados), P. Barceló (batería), V. Merlo (contrabajo), J.A. Romero (guitarras, acordeón), P. Urchegui (trompeta), J.M. Pérez Sagaste (saxo), R. Bazán (trombón), P. Sánchez y
M. Ferrari (coros). ( Estadio Boca Juniors; 13, 14, 16 y 18/12).

Serrat y Sabina son dos grandes cantautores con historias distintas pero con la misma fuerte afinidad con el público argentino. En este espectáculo se dispusieron a divertirse sin pudores, con sentido del humor, sin celos ni rivalidades. Desde esa perspectiva deberían mirarse estos conciertos en la cancha de Boca con los que están cerrando una gira por España y América Latina de la que quedarán un CD y un DVD y un excelente recuerdo en las multitudes que los siguieron.

El debut en Boca fue soñado. Una noche cálida y estrellada con un viento leve que hacía perfectamente soportable el calor y una multitud que pobló hasta el último rincón del estadio. En ese contexto, no cabe la crítica convencional; no importa que el escenario y las pantallas sean más pequeños que lo que suele verse en shows de otros artistas, o que el audio -sobre todo el de las voces- no las tenga todas consigo, o que los dos protagonistas hagan un paréntesis en sus historias y jueguen pasos de «stand up» -con alusiones sexuales nada sugeridas- que nadie podría esperar de ellos años antes.

«Dos pájaros de un tiro» no es un show que apele a la emoción sino al entretenimiento (quizá, las únicas excepciones sean la imponente interpretación de Serrat de «Pueblo blanco» y el «Poema de amor» cantado por Sabina). Y eso lo logran con creces.

Ambos se reparten las canciones, propias o del otro, modifican ritmos y letras para hacer todo más divertido. Podrá decirse que la impronta Sabina -con muchísimos toques rumberos- le gana al estilo «cantautor» de Serrat, o que las canciones del catalán lucen mejor en la voz aguardentosa de Sabina. Pero eso poco importa. Desfilan temas como «Algo personal», «Y sin embargo», «No hago otra cosa que pensar en ti», «Princesa», «Contigo», «A la orilla de la chimenea», « Señora», «Penélope», «Para la libertad», «Lucía», etc., en una lista de unos 30 títulos. El público enloquece (más con las de Sabina que con los de Serrat, también es cierto). Y la fiesta se extiende por tres horas, con larguísima tanda de bises incluida, porque ni ellos ni los fanáticos quieren que el show termine.

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