21 de noviembre 2007 - 00:00

"Simulo lo autobiográfico sólo como recurso literario"

Martínez:«Sigo siendoun escritorargentino. Sime ha ido bienen GranBretaña esotiene que vercon unmercado másgrande encantidad delectores».
Martínez: «Sigo siendo un escritor argentino. Si me ha ido bien en Gran Bretaña eso tiene que ver con un mercado más grande en cantidad de lectores».
Guillermo Martínez se había propuesto ser un matemático de nivel internacional, pero le fue dado ser un narrador de esas características, y uno de los más destacados de la generación de los escritores argentinos de cuarenta años. Martínez se ha dedicado a cosechar premios obra tras obra. Con «Crímenes imperceptibles» no sólo ganó en 2003 el Premio Planeta de la Argentina sino que se consolidó como narrador a nivel internacional. Ahora esa novela, con el título «The Oxford Murders», ha sido llevada al cine por Alex de la Iglesia. Con su nueva novela, «La muerte lenta de Luciana B.», que acaba de aparecer en nuestro país, ha vuelto a recoger un sinnúmero de elogios. Dialogamos con el escritor que se consagrara desde su primera novela, «Acerca de Roederer».

Periodista: ¿«La muerte lenta de Luciana B.» lo planeó como un policial abierto o un relato de literatura fantástica?

Guillermo Martínez: No es una novela abierta ni tiene una dimensión fantástica. Lo que intenté hacer es una novela con dos posibles conjeturas básicas, dos versiones de una misma historia, al estilo de las versiones de Rashomon, pero que se completan con la serie de hechos que ocurren, dejando al lector una decisión moral sobre el sentido final de la culpabilidad o inocencia de los personajes. Si tuviera que definirlo es para mí un policial abstracto, dado que no hay una indagación detectivesca ni detalles forenses ni todo aquello que habilita una investigación policial de rutina, sino que todo depende de lo que escucha el narrador sobre dos versiones diferentes.

P.: ¿Cómo aparece en usted esta novela?

G.M.: Tenía la idea de plantear en una historia cómo castigaría a quienes considera o sospecha que le han hecho algún mal, una persona que tuviera los medios suficientes para vengarse y se sintiera en algún sentido un Dios. Así surgió Kloster, un escritor que de algún modo ejerce ese tipo de poder, aunque sea sobre sus propias páginas. Esto me fue llevando a pensar el tema del castigo a lo largo de la civilización, a aquello que reclama la víctima como justicia y lo que la justicia le da para tratar de cauterizar el tejido social. Para la víctima el tiempo se detiene, y el castigo nunca le parece suficiente. Quise indagar el tema de cómo se repara un agravio.

P.: Como en la mayoría de su libros, en esta novela también desliza como trasfondo ideas filosóficas y matemáticas.

G.M.: Esta no tiene deliberadamente matemáticas y la única idea de ese tipo está camuflada; es la que tiene que ver con el azar. El sentido común tiene un idea errónea al respecto, cree que el azar es una dispersión absoluta de todas las probabilidades. Y hay en el azar una nostalgia de repetición, hay embriones de forma que no se consolidan, como en el fuego, pero que aparecen como rachas.

P.: Su protagonista tiene algo de Borges y de Auster, ¿a quién tuvo en mente al diseñara Kloster, el escritor que busca vengarse?

G.M.: A ninguno de los dos. Pensé en un escritor narrativamente potente, oscuro -porque se ha pasado imaginando y escribiendo sobre crímenes- y que desprecia la reflexión teórica sobre la literatura. Tiene éxito, y eso lo pone a salvo de cualquier pesquisa policial, está más allá de toda inicial sospecha. Eso le da impunidad para vengarse sin que en principio nadie lo investigue.

P.: Sumó en este libro temas de otras novelas suyas.

G.M.: Tiene asesinatos como en «Crímenes imperceptibles», el mundo de los escritores como en «La mujer del maestro» y una acechanza del mal como en «Acerca de Roderer». Y si aquí volví a contar de los escritores es porque es un mundo que conozco más que el mundo de los futbolistas, y me daba la posibilidad de manejarme con un registro de cierta sofisticación. Los escritores dan narrativamente la posibilidad de discutir ideas, hacer citas, manejar un refinamiento del lenguaje, y a mí me gusta que mis personajes piensen, discutan, elaboren. Un protagonista escritor me permitía hacer todo eso.

P.: ¿Usted tuvo como asistente una chica como Luciana B.?

G.M.: (Se ríe) No, para nada. Cuando fui a Oxford, no fue en el tiempo que relato en «Crímenes impercetibles»; cuando escribí «Acerca de Roderer» no necesité haber estado en Malvinas y la familia que imaginé no tiene nada que ver con la mía. Hay una impostación de la autobiográfico que es simplemente un eficaz recurso literario.

P.: ¿Se ha vuelto un escritor inglés, dado que vende más libros en Gran Bretaña que en la Argentina?

G.M.: Sigo siendo un escritor argentino. Si me ha ido bien en Gran Bretaña eso tiene que ver con un mercado más grande en cantidad de lectores. Es verdad que «Crímenes imperceptibles» tuvo un gran éxito en Inglaterra, después de haber superado los ciento veinte mil ejemplares, la novela se ha seguido reeditando permanentemente. Eso seguramente se debe a que tengo allí un gran editor y una fantástica recepción de mi novela porque los británicos tienen un gusto muy desarrollado por la novela policial. Pero bueno, parece que le gustó no sólo a los ingleses, ya se ha traducido a 34 idiomas. Y esta nueva novela, «La muerte lenta», ya se vendió a 30 idiomas.

P.: Se ha convertido en el más internacionales de los escritores argentinos actuales.

G.M.: En el sentido de las traducciones, creo que sí.

P.: Y ahora «Crímenes imperceptibles» llega al cine.

G.M.: Acabo de ver el trailer en la página web de Alex de la Iglesia. La película, que se estrena en España el 18 de enero, ya la vi allá y me gustó mucho. John Hurt y Elijah Wood hacen un trabajo impecable. Está filmada en Oxford, en Londres, los escenarios son fantásticos. Hay algunas diferencias razonables respecto a la novela, por ejemplo el discurso matemático se ha transformado en un discurso filosófico más general sobre la cuestión de la verdad, esto ha hecho que se rescatara más la figura de Wittgenstein, que también aparece en la novela, pero aquí hay imágenes de él cuando estuvo en la guerra.

P.: ¿Permitió que el cineasta enfatizara ese aspecto?

G.M.: Alex de la Iglesia es profesor de filosofía. El había empezado a hacer una película sobre los años de Wittgenstein en el colegio secundario, donde tenía como compañero a Hitler. Alex quería trabajar sobre esa relación.

P.: ¿Por qué aceptó un realizador como Alex de la Iglesia?

G.M.: Porque no se encasilla. Alex ha hecho cosas muy diferentes entre sí y eso hizo que me gustara cuando Gerardo Herrero, el productor de la película, me dijo que iba a ser el director de «Crímenes». No se ha encasillado en lo que le fue dado como su primer éxito.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

G.M.: «La muerte lenta de Luciana B.» era un relato que iba a cerrar el libro de cuentos que estoy escribiendo y se convirtió en una novela, así que ahora estoy con algunos cuentos que completarían ese libro.

Entrevista de Máximo Soto

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