El problema, en términos artísticos, es que esa moral no produce obras cuestionadoras sino pura uniformidad y monotonía. A Zissou lo persigue la mala suerte y lo rodea una corte de personajes pintorescos, y todos reaccionan con desgano o ironía, como si el humor fuera únicamente el efecto de reaccionar ante una tragedia, o una situación dramática, no con pasión sino con puro aburrimiento (la muerte de uno de los tripulantes, la aparición en escena del posible hijo del protagonista, etc.)
Finalmente, queda el deseo de ver a actores como el citado
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