5 de junio 2008 - 00:00

También hay vida despues de la cárcel

El valioso documental «No ser Dios y cuidarlos» habla de presos que estudian, merced a la creación del Centro Universitario Devoto, que funciona dentro del penal, con el apoyo de la UBA.
El valioso documental «No ser Dios y cuidarlos» habla de presos que estudian, merced a la creación del Centro Universitario Devoto, que funciona dentro del penal, con el apoyo de la UBA.
«No ser Dios y cuidarlos» (Argentina, 2008, habl. en español). Dir.: J.C. Andradey D. Fernández. Guión: D. Fernández. Documental.

"Esta es una película sobre la obra y el esfuerzo. Sobre la culpa, la condena, y el dolor. Sobre la Universidad y sobre la Cárcel. Pero antes que nada, es una película sobre personas". Así reza la introducción de este film, mayormente rodado en el penal de Villa Devoto, salvo algunas tomas en el despacho de un juez, la oficina de un funcionario del Servicio Penitenciario Nacional, la casa donde cuatro liberados charlan de sobremesa, y, al final, el Aula Magna de la Facultad de Derecho, donde, mezclado entre tantos otros estudiantes felices, uno de ellos recibe su título universitario. Ese, que saluda a un amigo con su diploma, estudió en la cárcel.

De personas semejantes habla esta película. De los presos que estudian, en las condiciones menos ventajosas, sin calefacción suficiente, ni luz adecuada, ni buena comida, y encima sufriendo la continua mortificación de quienes no tienen más nada que hacer que molestar al prójimo. «La cárcel es deteriorante. Y tras un período prolongado puede tener efecto irreversible», explica el juez. «La reja te come el cerebro», sintetiza un interno.

Enfrentando ese deterioro, a mitad de los 80, la madre de un encausado buscó ayuda para que el chico siguiera estudiando. Y tuvo la suerte de dar con otros detenidos que no querían embrutecerse mirando pasar las horas, y con gente de la UBA dispuesta a hacer la prueba. Así surgió el CUD, Centro Universitario Devoto, extraña comunidad académica que funciona dentro del penal, con un régimen de autodisciplina impuesto por los mismos interesados (nada de drogas, etc.), en un sector («una isla de libertad», dice uno) construido por ellos mismos, con asesoría de los guardias y personal de mantenimiento, y al que ahora concurren, incluso, algunos alumnos externos. En sucesivos testimonios a cámara, penados que ya cumplieron su condena, otros que anhelan ese momento, y personal universitario hacen una síntesis histórica del CUD, subrayan la buena conducta y la bajísima reincidencia de quienes pueden estudiar, y mencionan, de paso, que ningún docente cobra un solo peso extra por estar trabajando en lo que se define como zona de riesgo. Un defecto: el principal entrevistado es un ex convicto claro pero bastante antipático, siendo que algunos otros que aparecen fugazmente son muchísimo más interesantes (por el modo de hablar, o la experiencia de vida que manifiestan), y bien se merecen un documental de cada uno, lo mismo que dos guardias que no alcanzan a tener tiempo para aflojarse del todo frente a la cámara. Y un gesto de humildad: la película no lo dice, pero hoy, gracias a ese programa, se dictan ocho carreras universitarias y el CBC en Devoto y también Ezeiza y Marcos Paz, lo que suma 300 internos estudiantes. Además, 80 convictos ya terminaron sus estudios, se graduaron, y están ejerciendo. Dato significativo, la carrera que más estudian los presos es Derecho, seguida por Ciencias Económicas.

Coherentemente, la avant-premiere de este trabajo tuvo lugar el pasado 4 de abril, en el penal de Villa Devoto.

P.S.

Dejá tu comentario

Te puede interesar