Diego Velázquez: "Arlt describió hace 100 años lo corrupto del mundo del arte"

Espectáculos

Cuarta temporada de un éxito del off, que adaptó junto con Marilú Marini, que es directora de la puesta.

“Quien se pregunte si Arlt escribía mal leyó cualquier cosa. Es rotunda su escritura y requiere un vínculo afectivo de parte del lector”, dice a este diario Diego Velázquez, quien adaptó junto a Marilú Marini “Escritor fracasado”, de Roberto Arlt, relato que integra el libro “El jorobadito” (1933).

Arlt recrea, a través de una mirada corrosiva sobre el campo intelectual, los vínculos entre la figura del escritor y los modos de circulación de la obra de arte. En su trasposición a la escena, Marini y Velázquez vuelven a este relato para escuchar sus resonancias en nuestro presente y para falsificar el original arltiano. En su cuarta temporada se presenta en Espacio Callejón, los sábados a las 20, con dirección de Marini y la actuación de Velázquez, con quien dialogamos.

Periodista: ¿Cómo surgió la idea de adaptar esta obra junto a Marilú Marini?

Diego Velázquez: Cuando hacía la serie “Los 7 locos” para la TV pública y releí a Arlt me encontré con este cuento que no conocía y me pareció muy actual. Me impresionó por lo directo, irónico y crudo. Al consultarlo con otras personas, pocos lo conocían, así que creí que era un material posible de llevar a escena, además escrito como monólogo. Y hablando con la vestuarista Oria Puppo, cuando no sabía a quién ofrecérselo para dirigir, me propuso a Marilú, que no había dirigido nada. Ella era ideal, tenía mucha experiencia sola en escena y yo quería alguien que me diera herramientas actorales para el unipersonal y no sólo un puestista o director de escena. Le escribí y se sumó gustosa.

P.: ¿Por qué cree que subyace el interrogante sobre si Arlt escribía mal ?

D.V.: La gente que se pregunta eso leyó cualquier cosa, es rotunda su escritura, precisa que el lector se involucre en esa especie de revulsión con la que escribe. Hay cosas que uno lee y no gustarán, creo que el que conecta con eso descubre en su literatura algo que queda marcado a fuego. Leí a Arlt a los 20 años cuando vine de Mar del Plata a Buenos Aires, ahí lo descubrí, y es de esas cosas que dejan huella. Es tan argentino, tan poético, tan palpable. Cuando hice “Los 7 locos” leí muchas veces lo mismo y descubrí el humor particular que tiene y sus perlitas cómicas.

P.: Hay en la obra resonancias al presente, ¿en qué radica su vigencia?

D.V.: Este texto me sorprendió por la descripción del mundillo del arte, la cuestión de la comercialización del arte, los lugares que se empiezan a ocupar en esos circuitos. No podía creer que hace 100 años ya estaba todo podrido. Arlt se refiere a los estrenos de teatro o reuniones con otros escritores para poder hablar mal de colegas, sembrar ideas falsas en los otros en relación al trabajo, decir que están escribiendo o ensayando proyectos inexistentes. También aparece eso de que el otro es el que marca el camino a seguir.

P.: Ricardo Piglia señala que “Escritor fracasado” es la historia de un tipo “que no puede escribir nada original, que roba sin darse cuenta: así son todos los escritores en este país, así es la literatura acá. Todo falso, falsificaciones de falsificaciones”. ¿Qué puede decir al respecto?

D.V.: Piglia también trabajó en la serie “Los 7 locos” y que él citara este cuento me confirmaba que tenía que hacer este unipersonal. Arlt creó un personaje de esos que lo criticaban a él y se puso en su piel para aprovechar y decir sus verdades. No es un personaje de los que uno está acostumbrado a leer en Arlt, es torturado y oscuro pero trata de disimularlo y tiene otras ambiciones.

P.: La mediocridad, la vanidad y el papel de la crítica son algunos de los temas de esta obra, ¿cuánto de eso hay en los gajes del oficio de actor?

D.V.: Vanidad en tanto ego, es algo que forma parte pero hay que ver dónde uno está parado. No es lo mismo a los 20, a los 30, que a los 40. Cuando uno se asienta en decisiones propias sin importarle tanto lo que opinen los demás, uno escucha algunas cosas pero no todo. Si se tiene la tranquilidad de que se está haciendo lo que se quiere y necesita, el tema del ego queda en segundo plano. La vanidad aparece en la necesidad desesperada de ser aceptado y elogiado por el otro. Se ve hoy mucho con las redes sociales.

P.: ¿Qué diferencias encuentra entre trabajar en el Cervantes y ahora en el Callejón?

D.V.: La diferencia está en el sistema de producción, en el off hago todo, me ocupo de todos los roles, en el oficial hay otro despliegue de personal y recursos. Las salas son bastante parecidas en cuanto a la capacidad, lo que difiere es el marco. Antes estaba en el Salón Dorado y ahora se usa un fondo de ladrillos que tiene el Callejón, se ve otra cosa que le sirve a la obra. Es sacarla un poco del lugar que era el conocido. Sería bueno que tenga su recorrido y que se extienda en el tiempo, mientras haya público seguiremos porque es divertida de hacer, es muy a público, varía según quién toque enfrente, es interactiva.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Dejá tu comentario