cerrados. El Excéntrico de la 18 aún no pudo reabrir.
Mientras el teatro comercial asegura que el público crece de manera sostenida, el independiente expresa lo contrario. Tras un fin de semana bueno por las funciones extra del carnaval, que sumó turistas del interior al circuito comercial, el panorama en el off difiere. Un relevamiento realizado por ARTEI (la asociación que nuclea a las salas independientes) señaló que de los más de 100 espacios existentes, 19% pudo abrir ante las exigencias del protocolo, en tanto 23.5% abriría en los próximos meses. Mientras 27.5% de esos teatros no cuenta con el dinero para cumplir con los requisitos del protocolo, 9.1% está evaluando si abrirá y 20% no lo hará por razones sanitarias.
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Liliana Weimer, presidenta de ARTEI, dijo a este diario: “A las salas que abrieron les está costando que el público vaya. Me alegro de que le vaya bien al comercial; su mensaje tiene que ser que el teatro es seguro, pero se les enfermaron actores, como Flavio Mendoza, que tanto pedía abrir. Las salas van abriendo de a poco porque adecuarse al protocolo cuesta dinero y no tenemos la misma espalda económica que una empresa comercial. Que el teatro es seguro es un slogan, uno puede garantizar la seguridad hasta cierto punto”.
Según el mismo estudio, 60% de las salas independientes abiertas realiza entre 1 y 2 funciones semanales y 30% ofrece 4 funciones semanales. Las que no abrieron y piensan hacerlo suponen que lo harán en marzo (un 309 y abril (47%), tanto para funciones, clases y ensayos. “Casi la mitad son salas que tienen que afrontar alquileres altos de los inmuebles y son las que están en mayor riesgo. Ya hubo cuatro cierres definitivos: Buenas Artes Social Club, Espacio Císmico, El arenal y Espacio Onírico de Patricio Abadi. Muchas están viendo qué arreglos hacer con los propietarios pero no cerraron aún. Los nucleados en Escena tienen aún más cierres”, continuó Weimer. Otro referente de la escena independiente que debió cerrar es el Banfield Teatro Ensamble, creado por Nelson Valente y que en el verano anunció su final aunque el cuerpo de actores continúe trabajando, pero ya no con sala propia.
De los que lograron abrir y ofrecen funciones semanales se destacan El Callejón, Timbre 4, El extranjero, Nun Teatro Bar, Método Kairós y La carpintería. Un clásico del circuito independiente, El camarín de las musas, sigue en compás de espera, en tanto Microteatro, a medio camino entre el off y el comercial, optó por cambiar de sede. Mientras el espacio en la calle Serrano continúa cerrado desde marzo, la propuesta de obras cortas en la que convergen dramaturgos, actores y directores de diversos circuitos se realizó de manera virtual durante la cuarentena. Ahora esperan mudarse a La Rural para retomar las microobras de manera presencial.
Todo indica que este año no será posible hacer grandes producciones y serán estrenos de pocos actores y aforo reducido. Se seguirá con los formatos híbridos, que combinan la presencialidad y el streaming. “El presupuesto de cultura de ciudad destina una mínima parte a lo independiente y para modificar eso hay que trabajar en la ley”, remarcó Weimer.. “Por ese motivo se pide la emergencia cultural para que se disponga de líneas y partidas extra. Proteatro, que otorga fondos para teatro independiente de la ciudad, tiene un presupuesto determinado. Todo lo que haga a la emergencia son partidas extra. Eso reclamamos para este año, que será muy duro. El Cervantes es nacional y tiene su presupuesto, autarquía, y es difícil compararlo con los espacios de Buenos Aires. El San Martín abrió una convocatoria con dinero del Banco Ciudad para independientes”
El Instituto Nacional de Teatro lanzó una línea de ayuda para que las salas se puedan adecuar a las exigencias del protocolo de modo que se aguardan esos fondos para poner en marcha algunas salas. Valentina Fernández de Rosa, de El Excéntrico de la 18, que aún permanece cerrado, dijo a este diario: “Estamos intentando conseguir el dinero para poder abrir porque la primera dificultad está en hacer una presentación en habilitaciones, firmada por alguien que autorice, es como una nueva habilitación y todo eso tiene un costo alto, así como comprar termómetros y cambiar la ventilación mecánica que implica ir por un motor más grande. Y eso que a nosotros nos tocó bastante liviano”.
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