«La fe del volcán» (Argentina, 2001, habl. en español). Dir.: A. Poliak. Guión: W. Behnisch, A. Poliak; Int.: M. Danay, J. Prado.
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La primera película de Ana Poliak fue el agradable documental con partes ficcionadas, «Que vivan los crotos», donde un viejo libertario, desde su tranquila casita de provincia, evocaba juveniles vagabundeos. La segunda, es un drama de vetas documentales, sobre dos desamparados en la gran ciudad, uno de los cuales lleva consigo amarguras de hace treinta años. No puede decirse que sea una película agradable. Incluso se hace un poco larga. Pero conviene indicar, eso sí, que es de las que dejan algo latente.
Se aprecia la relación de sano afecto entre los personajes: una muchachita, casi criatura todavía, aprendiz de peluquera, y un afilador de cuchillos y tijeras, que actúa para ella, tratando de alegrarla, y para nosotros, expresando en su rostro los recuerdos que a ella le esconde. Señalable, también, ese modo indirecto de sugerir las cosas. Y por ahí va el otro mérito, pero asimismo el riesgo: la historia entera, una historia que apenas tiene anécdota, refleja en forma indirecta algo más fuerte, y muy personal, de la propia autora.
El film de Ana Poliak comienza con ella misma, y un recuerdo muy triste en off, y desde allí, a través de esos dos seres que inicialmente parecen ajenos a ese recuerdo, vuelca una especie de poesía subjetiva, algo así como un espejo tarkovskiano, que fluye entre meandros y registros cotidianos de la calle, y trozos de vida y angustias que se vislumbran sin mediar palabra. A veces, las inquietudes se verbalizan de un modo convencional, con algunas apelaciones ya remanidas al drama de los '70. Pero el conjunto duele más cuando se mantiene en el misterio. Y se cierra con una larga escena de desvalimiento, que es también un doble desafío. «Sé que hay en mí algo invulnerable, algo que hace saltar las piedras», parecen coincidir criatura y autora.
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