19 de noviembre 2008 - 00:00

"Todos somos fragmentarios"

Los cuentos de«Frío enAlaska» tienenun mismoprotagonista,porque, segúnexplica Capelli,quiso«encontrarfacetas de unmismopersonajedesde distintospuntos de vista,pero sin concluirde determinarsu integridadexistencial».
Los cuentos de «Frío en Alaska» tienen un mismo protagonista, porque, según explica Capelli, quiso «encontrar facetas de un mismo personaje desde distintos puntos de vista, pero sin concluir de determinar su integridad existencial».
El desafío fue recuperar "de forma fragmentaria a una persona; ir pasando de su distante relación sentimental a la corriente de conciencia de un taciturno a través de un conjunto de relatos". Así explica el narrador Matías Capelli la búsqueda que emprendió en «Frío en Alaska», su opera prima.

Periodista : ¿Esa fue la idea central que lo impulsó a escribir esta novela?

Matías Capelli: Fue una idea. Encontrar facetas de un mismo personaje desde distintos momentos, desde diferentes puntos de vista, pero sin concluir de determinar su integridad existencial, como suele ocurrir con tanta gente que en su enorme mayoría uno no termina de conocer.

P.: ¿Cómo, entonces, fue apareciendo ese protagonista, ese señor Lekman?

M.C.: Lo fui pensando a partir de algunas cosas sobre las que quería escribir, por ejemplo sobre el arte y la creación artística en la actualidad, en una gran ciudad. Cuando sentí que empezaba a conocer a Lekman, quise llevarlo al extremo en algunos de sus rasgos, en sus silencios, en su conducta taciturna, en el estar muy poco conectado con su entorno. Aún cuando en uno de los relatos no se lo nombra, la atmósfera remite siempre a él.

P.: ¿Que usted sea editor de una revista cultural con fuerte acento en la música pop influyó en las referencias que hace Lekman al respecto?

M.C.: Tengo pasión por la música, pero tenía claro al empezar a escribir que no quería que el libro se contaminara con lo que hago, con el periodismo cultural, el manejo de la información, el comentario sobre libros y sobre muestras. Quería mantener a Lekman aislado de lo que hago, lo que me gusta, pero siempre se filtra por algún lado. Busqué mantener a Lekman depurado, libre de guiños, de referencias pop, aunque el título de libro es un verso de una canción de Lou Reed, que no tiene nada que ver con las historias que cuento. «Frío en Alaska» parece redundante, obvio, pero luego de leer el libro cobra otro sentido, resuena de otro modo.

P.: ¿El cuento que lleva ese título fue su punto de partida?

M.C.: No, fue el final. Y es el que ha provocado polémicas porque hay quienes lo sienten caótico. Yo quise poner a Lekman en viaje, que fuera pasando sin solución de continuidad del sueño a la vigilia. No quise que los sueños se explicaran sino entrar en la corriente de conciencia de mi personaje, donde se mezcla lo que ve, lo que sueña, lo que experimenta, y así ir cerrando de forma ambigua, resignificando, todas las historias que fue contando.

P.: ¿Qué sucede relato a relato?

M.C.: En el primero, «Principio de incertidumbre», trato aquello de «en qué medida el observador modifica el objeto observado». Quise enfrentar al artista con el crítico, reírme de ciertas cosas que veo hoy en las artes visuales. Es un mundo un poco banal, farandulero, ficticio con una curiosa promoción de los artistas jóvenes, que apenas despuntan, comienzan a ganar becas que los llevan para todos lados. El segundo relato, «Sólo estás sangrando», trata de la familia. Lekman vuelve un domingo a comer a la casa de la madre, de la que está distanciado. Me gustaba mostrar cómo, aunque pasen los años, aunque ya sea un adulto, en ese ambiente familiar el hijo se infantiliza. En el tercer relato, «L.», el libro se comienza a enrarecer.

Lekman se despierta por la noche y sale a recorrer las calles vacías entre insomne y sonámbulo. En ese universo onírico, el taciturno Lekman tiene un rapto de violencia absurda. Como ya dije, en el último relato, «Principio de incertidumbre», mi apuesta fue romper definitivamente con la linealidad que había tenido el libro, y que progresivamente se había ido desarmando. Mi desafío fue que esto ocurriera tanto en el interior del personaje como afuera, en la realidad.

P.: ¿Qué escritores considera que influyeron en usted?

M.C.: Además, de lo que me provoca leer poesía, y si bien no tengo un autor de cabecera, me fueron inspiradores, entre los argentinos, Martín Rejtman, Marcelo Cohen, Alan Pauls, Cesar Aira, Juan José Saer. No puedo dejar de lado la marca que provocan J.D. Salinger, Franz Kafka, William Faulkner. Considero que para mí fue crucial en algún momento la lectura de los cuentos, novelas y ensayos del chileno Roberto Bolaño. Acaso Bolaño sea, dentro de unos diez años, lo que es hoy Julio Cortázar.

Entrevista de Máximo Soto

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