27 de noviembre 2013 - 00:08

Trunsky: coreografiar los temperamentos

Carlos Trunsky: “Las palabras tienen valor musical, hacen un contrapunto con lo que se ve y a la vez transmiten conceptos contundentes”.
Carlos Trunsky: “Las palabras tienen valor musical, hacen un contrapunto con lo que se ve y a la vez transmiten conceptos contundentes”.
La antigua teoría hipocrática de los cuatro temperamentos (sanguíneo, melancólico, flemático y colérico) sirvió de inspiración al nuevo espectáculo de Carlos Trunsky "4h Laberinto coreográfico, que se exhibe los miércoles en El Portón de Sánchez. Esta obra para cuatro intérpretes fue construida a partir de canciones de John Dowland y sonetos de Lope de Vega. En sus últimos trabajos coreográficos ("Incandescente", "Voraz", "Saña", "Pavura") Trunsky fue incorporando recursos dramáticos y textos. "Es una línea exploratoria donde me permito jugar y probar", dice el coreógrafo, quien alterna este espacio de experimentación con trabajos para el Teatro Colón y el Ballet Contemporáneo del San Martín. Dialogamos con él:

Periodista: ¿Cómo se origina "4 h"?

Carlos Trunsky: Partí de cuatro intérpretes atravesados por ese dejo de melancolía que transmite la música de Dowland. Ellos son: Gabo Ferro, un cantante extraordinario que se maneja en escena divinamente, el bailarín Emanuel Ludueña y el actor Ignacio Monná los dos cantan muy bien- y el músico Jesús Fernández.

P.: ¿Qué tienen en común Dowland y Lope?

C.T.: Fueron contemporáneos. Lope nació en 1562, Dowland al año siguiente y en ambos está presente la noción de abismo. Partí de un poema de Lope. Después aparecieron otros igual de intensos, como el que dice: "Si culpa el concebir, nacer tormento/guerra vivir, la muerte fin humano/si después de hombre, tierra y vil gusano, y después de gusano, polvo y viento (...) ¿De qué sirve estimarse y preferirse, buscar memoria habiendo de olvidarse, y edificar habiendo de partirse?". De ese clima melancólico fueron surgiendo los otros temperamentos, por oposición o reacción.

P.: Eso fue superado por el psicoanálisis.

C.T.:
Nunca desapareció del todo. Ya nadie piensa que la sangre, la bilis o la flema son las que determinan nuestra personalidad. Pero la descripción de cada temperamento aporta datos interesantes sobre nuestras tendencias y modos de vincularnos, como hace la Astrología. Es un hermoso tema que la danza ha tomado en varias ocasiones. Balanchine primero y después Oscar Aráiz coreografiaron "Los cuatro temperamentos" con música de Paul Hindemith.

P.: Se dice que el temperamento melancólico es el más rico de todos, por su inteligencia y sensibilidad.

C.T.:
Ninguna persona posee un único temperamento y en la obra no aparecen en estado puro. No hay una escena donde todo sea colérico ni un personaje que solo tenga que ver con la melancolía. Todos esos estados están latentes en los cuatro, se manifiestan y producen reacciones en los demás. Es un laberinto de temperamentos, deseos, emociones y cambios de ánimo. No hay una trama argumental, sino situaciones que derivan de una a otra y se van entrelazando.

P.: ¿Y la danza?

C.T.:
Todo es danza. Las palabras tienen un valor musical, hacen un contrapunto con lo que se ve y a la vez transmiten conceptos contundentes. Expresiones como "amar el daño" no necesitan explicación. Todo lo que sucede en escena es fácil de identificar, pero la pieza tiene su complejidad, no sigue una historia lineal. Yo la resumiría con esta frase: "preferir el horror al vacío". No es de Lope de Vega pero bien podría estar en alguno de sus poemas.

Entrevista de Patricia Espinosa

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