27 de noviembre 2013 - 00:08
Trunsky: coreografiar los temperamentos
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Carlos Trunsky: “Las palabras tienen valor musical, hacen un contrapunto con lo que se ve y a la vez transmiten conceptos contundentes”.
C.T.: Nunca desapareció del todo. Ya nadie piensa que la sangre, la bilis o la flema son las que determinan nuestra personalidad. Pero la descripción de cada temperamento aporta datos interesantes sobre nuestras tendencias y modos de vincularnos, como hace la Astrología. Es un hermoso tema que la danza ha tomado en varias ocasiones. Balanchine primero y después Oscar Aráiz coreografiaron "Los cuatro temperamentos" con música de Paul Hindemith.
P.: Se dice que el temperamento melancólico es el más rico de todos, por su inteligencia y sensibilidad.
C.T.: Ninguna persona posee un único temperamento y en la obra no aparecen en estado puro. No hay una escena donde todo sea colérico ni un personaje que solo tenga que ver con la melancolía. Todos esos estados están latentes en los cuatro, se manifiestan y producen reacciones en los demás. Es un laberinto de temperamentos, deseos, emociones y cambios de ánimo. No hay una trama argumental, sino situaciones que derivan de una a otra y se van entrelazando.
P.: ¿Y la danza?
C.T.: Todo es danza. Las palabras tienen un valor musical, hacen un contrapunto con lo que se ve y a la vez transmiten conceptos contundentes. Expresiones como "amar el daño" no necesitan explicación. Todo lo que sucede en escena es fácil de identificar, pero la pieza tiene su complejidad, no sigue una historia lineal. Yo la resumiría con esta frase: "preferir el horror al vacío". No es de Lope de Vega pero bien podría estar en alguno de sus poemas.
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