11 de marzo 2008 - 00:00

Un "gato" mordaz en fábula para adultos

Horacio San Yar, Hernán Muñoa y Diego Alcalá, protagonistas de «El gato que pesca», de Gastón Cerana.
Horacio San Yar, Hernán Muñoa y Diego Alcalá, protagonistas de «El gato que pesca», de Gastón Cerana.
«El gato que pesca» Libro, Mús., Dir.: G. Cerana. Int.: H.Muñoa, D. Alcalá y H.San Yar. Coreog.: D. Bros. Arte: B. Canceller. (Sala 2 Teatro de La Comedia)

Pese a que el título remita a una famosa canción de María Elena Walsh, no se trata de una obra para chicos. Y vale la pena aclararlo porque más de una familia se ha acercado a la boletería creyendo que se trataba de un infantil.

Si bien es cierto que «El gato que pesca» desarrolla una historia sencilla y juguetona que parece extraída de algún cuento de hadas, también alude a ciertos aspectos de la realidad argentina bastante sórdidos.

Es una fantasía narrada con mucho humor negro en la que aparecen los principales tópicos del género: el niño huérfano, el padre ogro y el mago -equivalente masculino del hada madrina- que cambia de apariencia y personalidad para ayudar al protagonista en su proceso de maduración.

Jovín Riodulce (Horacio San Yar) es un chico que huyó de la guerra de Irak viajando en una balsa. Al llegar a la Argentina sufre todo tipo de abusos hasta que finalmente cae en un orfelinato, donde más tarde es comprado por el Licenciado Magno (Hernán Muñoa), un porteño estafador que recorre el país vendiéndole artesanías a los turistas extranjeros. Valiéndose de la ternura que inspira Jovín, Magno le hace creer a sus clientes que lo que están a punto de comprar son piezas indígenas de gran valor.

Estas escenas resultan particularmente divertidas gracias a la actuación de Diego Alcalá, encargado de dar vida a un mexicano, un iraquí y a otros personajes de caricatura. Pese al maltrato y a las humillaciones recibidas, Jovín admira al Licenciado ya que ve en él al padre que nunca tuvo; razón por la cual le resulta imposible liberarse de ese vínculo perverso. La aparición del «Gato que Pesca» (también a cargo de Alcalá) le aporta un decisivo giro a la historia. A su lado, Jovín aprenderá a valerse por sí mismo. Todo este aprendizaje se lleva a cabo a través de un delirio onírico en clave de comedia musical.

  • Bailes

    Las escenas de baile están muy bien resueltas, pero debido quizás a su excesiva duración parecen formar parte de una nueva obra. El dramaturgo y director Gastón Cerana («El señor Martín», «El cuento del violín») es un hábil narrador de historias, y en ellas siempre está presente el humor, la fantasía y una notoria preocupación por los vínculos humanos. En este nuevo trabajo el autor ha privilegiado el lucimiento de sus actores, que además de ofrecer una gran amplitud de registros, entran y salen de sus personajes -y hasta ofician de narradores- sin que la acción pierda ritmo ni amenidad.
  • Dejá tu comentario

    Te puede interesar