4 de diciembre 2003 - 00:00

Una Buenos Aires más real para el viajero

Wayne Bernhardson
Wayne Bernhardson
L a precisa ironía de Wayne Bernhardson convierte a su nuevo libro sobre Buenos Aires -uno de los temas en los que se especializa desde hace décadas- en algo mucho más complejo y revelador que una simple guía turística. «Buenos Aires», de la editorial estadounidense Moon Handbooks, incluye un glosario de palabras útiles para el turista anglosajón que quiera visitar nuestra ciudad, cuya primera entrada es «aduana» y la segunda «aduana paralela». También comprende expresiones como «corralito», «secuestro express», «trucho», «piqueteros» y «cartoneros».

Bernhardson estudió geografía en Berkeley, y un viaje que realizó a México con su familia marcó su interés por Latinoamérica. Hoy ya tiene varios libros sobre Guatemala, Chile y Argentina, pero este trabajo sobre Buenos Aires culmina un esfuerzo de años por convertir al género de las guías de viaje en algo más interesante, propio de la personalidad de este explorador del Tercer Mundo que desarrolló una fascinación especial por Argentina y Chile luego de recorrer ambos países como mochilero, en la época en la que ambos países tenían gobiernos militares.

«Para un extranjero con mi aspecto de entonces, medio hippie, el clima a veces podía ser un poco atemorizante» recordó Wayne a este diario durante una visita a Buenos Aires. Curiosamente, de ese tipo de sentimientos opuestos surgió toda una carrera, y el interés de Bernhardson por esta parte del mundo lo llevó, por ejemplo, a vivir un año en las islas Malvinas con una beca Fulbright.

«A eso hay que agregar que en Chile conocí a una chica argentina con la que me casé», cuenta. María Massolo, la señora Bernhardson, colaboró en los primeros trabajos de su marido sobre nuestro país, y obviamente fue un aporte esencial en el conocimiento del universo argentino que exhiben los textos de este colaborador de «National Geographic» y «The San Francisco Chronicle».

Primero tuvo que luchar con editoriales como Lonely Planet que no teminaban de entender por completo el tono original, el amplio rango de intereses distintos -y nada obvios-sobre el tema de sus libros. Hay que entender que Bernhardson fue testigo del fin del sueño hippie en el Altamont de los Rolling Stones y los Hell Angels, y presenció el último show de Sid Vicious junto a los Sex Pistols. Hay pocos críticos argentinos de música popular que sepan que Charly García hace covers de grupos de culto como los Small Faces.

Su libro sobre Buenos Aires incluye datos asombrosos, desde una recorrida por todos los museos de nuestra capital (incluyendo instituciones generalmente olvidadas, como el Museo Forense de la Morgue Judicial), y consejos que pueden terminar de avivar al porteño más pintado.

Por ejemplo, que una de las mejores heladerías de Buenos Aires no pertenece a ninguna de las cadenas más famosas sino que es un pequeño local en Corrientes y Rodriguez Peña, o que uno de los mejores lugares para degustar comida vasca es una oscura rotisería sobre la avenida San Juan. Cuando se le pregunta cuál es la comida típicamente porteña que más le gusta, Wayne piensa un instante y, luego de mencionar las bondades de nuestra parrilla, termina inclinándose por la fugazzeta rellena de una popular cadena de pizzerías. Hablando del asado, en el libro hay una cita de Darwin, explicando que, por su régimen exclusivamente carnívoro, los gauchos del siglo XIX podían perseguir a un malón tres días enteros sin dormir ni comer nada.

El libro de
Bernhardson es muy útil como guía general de todo punto de interés, servicios, instituciones, arte y cultura de la ciudad de Buenos Aires, con un comentario crítico de una severidad que no se puede encontrar en publicaciones similares locales, que suelen exhibir una tendencia al chivo que quizá ayude a los periodistas locales truchos (palabra que no podía faltar en el glosario y que el autor traduce como «bogus»), pero que no resulta de mucha utilidad al lector/turista que se clava con malas recomendaciones.

Hace años que
Bernhardson recorre toda la Argentina, y a veces alguien lo reconoce y le pregunta alguna dirección, que por lo general sabe darle. Bernhardson, su mujer, su hija y su perro Gardel («every day barks better!», suele decir, o sea «cada día ladra mejor») viven en Oackland, California, salvo los meses que vienen a ocupar su departamento de Palermo. «Conocer bien la idiosincracia argentina es reconocer que nunca sabes con qué te vas a encontrar cada vez que te vas por unos pocos meses».

•Expresiones

Su libro está lleno de nuevas expresiones típicas como «asambleas populares», «corralito», «cartoneros», «piquetes», con una actualidad posiblemente superior a la de cualquier libro reciente publicado en idioma castellano en nuestro país. Incluso da indicaciones sobre seguridad, mencionando la moda del «secuestro express», pero aclarándole al turista que ese fenómeno se aplica solamente a víctimas locales, que los captores debe poder estudiar mínimamente los movimientos de la persona a secuestrar.
«Entendiendo que a los porteños les preocupa la creciente inseguridad porque vivieron épocas con menos delincuencia, Buenos Aires sigue siendo una ciudad bastante segura para cualquier standard internacional. Yo paseo con mi hija por una plaza de Palermo a cualquier hora de la noche con una tranquilidad que nunca podría tener en casi ninguna ciudad californiana».

En cambio el desorden del tráfico, la contaminación auditiva, las montañas de basura en las calles y el estilo salvaje de los automovilístas argentinos le da más terror.
Bernhardson hasta da consejos y datos sobre sitios para gays y lesbianas -el libro dice que nuestra ciudad es amistosa con estas minorías, indicando con mucho sentido común algunos barrios donde se aceptan mejor que en otros las demostraciones de cariño entre parejas del mismo sexo, del mismo modo que recomienda ir a la cancha de fútbol vestido con ropa negra o gris, para que los dangerous «barras bravas» no puedan confundir al turista con alguien del cuadro rival.

«Buenos Aires Moon Handbook»
tiene artículos con investigaciones y relatos de asuntos tan diversos como «The Porteño Psyche» (sobre Villa Freud; el corralito y el trauma de castración del ahorrista porteño), la verdadera historia de la población afroamericana de Buenos Aires, el arte del filete y la necrofilia argentina, empezando por las idas y venidas del cadáver de Eva Perón.

Publicado en octubre en Estados Unidos, este libro que hace menos misteriosa a Buenos Aires ya se consigue en las librerías bilingües de la ciudad; lo que, además, puede ser una buena excusa para practicar inglés. Mientras tanto,
Bernhardson está preparando más libros para esta editorial que, según dice, le da completa libertad creativa. Los temas son la Argentina en general, y la Patagonia argentina y chilena. Interrogado sobre qué es lo peor y mejor de la Argentina como paisaje o sitio turístico, el entrevistado no deja de sorprender: «Los esteros del Iberá son una maravilla que hay que descubrir; lo más feo, para mí, son esos balnearios que a ustedes les gustan tanto, como Pinamar, todos llenos de gente y sin ningún tipo de interés especial».

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