"Una vida iluminada"

Espectáculos

«Una vida iluminada» ( Everything is illuminated, EE.UU., 2004, habl. en inglés). Dir.: L. Schreiberg. Guión: J.S. Foer, L. Schreiberg; Int.: E. Wood, E. Hutz, B. Leskin, L. Lauret, J. Hrabetova, S. Samudsky.

Afecto a conservar recuerdos familiares, obligado a ver el mundo desde atrás de sus enormes lentes, Jonathan, un joven judío norteamericano, decide arrimarse personalmente hasta la lejana Ucrania, en busca de la mujer que salvó a su abuelo durante la Segunda Guerra Mundial. El quiere conocer algunos detalles del hecho, caminar por la aldea de donde vinieron sus ancestros, completar el relato de los sobrevivientes. No sabe cómo su búsqueda afectará también la historia de otra familia. Tampoco el muchacho que ha de servirle de guía, y que mira el presente, sabe cuánto tiene en común la historia del visitante venido de ultramar con la de su propio abuelo, que ahora vuelve al pasado. Valoraciones distintas, cuentas pendientes con uno mismo, secretos conservados durante generaciones, señales de haber pasado por el mundo, dolores de seguir viviendo cuando los demás murieron, la calma final que da a veces el conocimiento, son algunas de las cosas que afloran en distintas personas durante este viaje, que culminará, no por nada, en medio de la noche clara.

Esto es lo que plantea la novela «Everything is illuminated», de Jonathan Safran Foer (desarrollo de un texto anterior, «The very rigid search»), cuya versión cinematográfica vemos ahora, realizada por el debutante Liev Schreiberg, él también nieto de un inmigrante ucraniano. Conocemos a Schreiberg por su participación actoral en los tres «Scream». Los angloparlantes lo conocen mejor como la voz de muchos documentales de historia, que acá llegan doblados. Hombre del medio, preocupado por la conservación de la memoria colectiva, sus pretensiones artísticas se limitan, afortunadamente, al uso de algunos clisés de intención poética, debidamente puestos al servicio del relato, cosa que se agradece.

De igual modo se agradece también que ese relato más o menos previsible, medio largo, pero emotivo, haya sabido mostrarnos ciertas complejidades e ironías de la vida. Claro, se trata de una novela, pero muchas historias parecidas ocurrieron de veras. Algunas se conocen, otras no (a propósito, qué bueno sería llevar al cine «La novia de Odesa», novela semibiográfica de Edgardo Cozarinsky). Vale la pena.

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