Volvió danza "queer" con tres notables creaciones

Espectáculos

«Queerdance». Obras de V. Pagola, M. Bonard y C. Casella. (Sala Batato Barea, del Centro Cultural Ricardo Rojas). Próximas funciones: 14 y 15/3.

«Queer», según el diccionario Collins, significa «raro, extraño, sospechoso, maricón». Cada una de estas acepciones aclara, de alguna manera, el contenido y la forma de las obras del tríptico «Queerdance» que acaba de reponerse inaugurando la temporada de danza del Centro Cultural Ricardo Rojas.

Las tres obras rozan esos conceptos y en algunos casos se transforman en la verdadera motivación de su creación. En «Discontinua», que abre el programa, se asiste a una experiencia rara pero fascinante a la vez. Un diálogo fluido entre la realidad del escenario -a la izquierda del espectador- y una pantalla de video -a la derecha- exhibe el accionar coreográfico y vocal de Valeria Pagola registrado puntualmente por la cámara de Nadia Zirulnikoff desde una perspectiva inquietante de escorzos y primeros planos.

  • Sensualidad

    «Discontinua» es un largo dúo entre lo real y lo virtual que permanentemente roza la sensualidad que deviene del romance de la protagonista y la cámara en una aproximación fragmentaria que recompone trozos de imágenes para lograr una visión integradora del movimiento. Pagola y Zirulnikoff realizan un trabajo de comprensión absoluta para una aventura extravagante y atractiva.

    En «Grandes amigos», Mayra Bonard («El descueve») diseña una obra fuerte y extraña que narra, con atmósferas cercanas a «Querelle», de Fassbinder, una relación entre dos trabajadores del puerto que se sienten atraídos. El juego sexual se presenta como un regodeo en los objetos que manipulan y que los definen como hombres fuertes y excitados. En francés, fragmentos operísticos de Rimsky-Korsakov, una canción de Yoko Ono y varios fragmentos musicales ambientan una danza varonil y aguerrida. Diego Rosental y Maximiliano Michailovsky son excelentes ambos. La escenografía (Juan Echeverría), el vestuario (Teo Wainfred) y las luces (Marcelo Alvarez) crean para la obra un clima lúgubre y mórbido.

    En «Montecarlo», el director y coreógrafo Carlos Casella («El descueve», «Sucio») se interna en una trama dramática algo surrealista donde se incluye un monólogo de «Montecarlo» de Jean Cocteau y varias danzas que acercan a dos hombres y una mujer en un trío atípico al que se suma una cantante. En Casella se reconoce su habilidad para crear situaciones escénicas con una serie de elementos dispares y aparentemente discordantes.

    Hermético y disfuncional «Montecarlo» vale asimismo por sus intérpretes: Noelia Leoncio, Pablo Lugones, Nicolás Bolívar, Romina Vitale y Rodolfo Prante que hacen mucho por la eficacia de la obra, que desconcertará a más de un espectador. Sumamente interesante es la banda sonora que aglutina «El cisne» de Saint-Saens con temas de Pomada y Christian Basso, coherente con la obra espléndidamente iluminada por Gonzalo Córdoba.
  • Dejá tu comentario