Vuelve “Vincent, el loco rojo”, que bucea en el hombre que fue Vincent, descarnado, frágil, sensible, violento e ilusionado, para contar sus desamores, su pasión por la pintura, sus traumas de infancia y la frustración por no haber podido vender en vida y hoy uno de los artistas más reconocidos de la historia.
“Vincent, el loco rojo”, que podrá verse desde el sábado en El grito, es un proyecto familiar, que tiene a Flor Berthold como autora y directora, Joaquín Berthold como protagonista, Guillermo Berthold en luces y video, Queli Berhold en fotografía y diseño. Y a la madre de ellos como musa inspiradora, dado que todo surge a partir de la pasión de esta madre por el pintor.
La obra ganó la mención especial del premio José María Vilches, ganó un Estrella de Mar a la mejor producción y fue nominada como mejor unipersonal. Conversamos con la autora y directora.
Periodista: ¿Qué te atrajo de este animal de arte que es Van Gogh?
Flor Berthold: Siempre me gustó Van Gogh, soy muy fan del arte plástico en general, es un universo que me atrae desde chica. Me gusta darle voz a personajes reales con estas características de injusticia, soledad y genio. Lo hice con Pizarnik, Camille Claudel, Gilda, Anais Nin. Me emociona pensarlos desde el presente con una mirada en perspectiva.
P.: Cómo es esta producción familiar?
F.B.: Mi mamá siempre me transmitió el amor por el arte, pero con Van Gogh ella tenía una conexión especial. A los 14 años escribí una poesía como si yo fuera van Gogh y mi mamá se quedó impactada porque había datos ahí que yo no tenía manera de saber. Eso siempre me quedó como algo pendiente. El parecido con Van Gogh de Joaco, mi hermano, y la pasión de mi mamá por el artista fueron claves para decidir escribir ese texto. Hacía rato que Joaco quería que le escribiera un unipersonal y estábamos pensando la temática juntos, y como mamá estaba pasando un mal momento, nos pareció que esa obra podía hacerle bien, y así fue. Yo ya había hecho varios proyectos por separado, con Queli, con Joaco y con Guille. Pero es la primera vez que estamos todos juntos en un mismo proyecto y fue una experiencia intensa, loca y maravillosa. Perfecta para representar a Van Gogh que solo contó en vida con su hermano Theo.
P.: ¿Cómo arrancaste la escritura y cómo mutó del papel al escenario?
F.B.: La escritura fue rápida, lo tenía guardado ahí para que fuera escrito. Y el proceso al escenario fue muy vertiginoso y acertivo. Joaco es un actor brutal y que le da vida al texto en cada frase, Guille armó un dispositivo de video y luces sencillo e imponente a la vez y Queli se encargaba de las texturas del vestuario, utilería y las fotos, así que dirigirlo fue acompañar todo eso.
P.: ¿Cómo construye el unipersonal a Vincent? ¿Agrega aspectos de su vida que sean pocos conocidos?
F.B.: La propuesta es un Van Gogh hoy, en el 2024, que ve lo que fue de su obra en retrospectiva. Viene a hablarnos y a contarnos su versión de los hechos, una de las cosas que más suceden post función es la emoción genuina que se da, y estos aspectos que no se conocen. Incluso en las varias películas que se hicieron sobre van Gogh no aparecen acontecimientos que sí se cuentan en la obra.
P.: ¿Cómo está el público para el teatro en este contexto de hachazo a la cultura?
F.B.: El público de teatro resiste siempre. En los buenos y en los malos momentos siempre está ahí. No es un público cómodo, es un público que ante la adversidad se hace más fuerte. Recuerdo la primera función post pandemia de “Agua para Alejandra”, teníamos miedo que no vaya nadie y explotó la sala.
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