29 de septiembre 2008 - 00:00
"Yo soy la que espera que la saquen a bailar"
-
La nueva película de Netflix grabada en la Cataratas del Iguazú que se convirtió en la más vista de la plataforma
-
Con un regreso triunfal: Netflix estrenó la nueva temporada de una serie muy esperada y popular
Meryl Streep tiró besos, firmó autógrafos,
recibió un premio, fue al Guggenheim de
Bilbao y hasta vio «El nido vacío».
M.S.: De joven, solo quería lucirme. Conforme pasa el tiempo, vuelvo a mi pensamiento idealista de chica, cuando una vez mi madre me llevó al edificio de la ONU, y vi todas esas traductoras en sus cabinas, aportando comunicación, armonía. Sin ellas eso sería una torre de Babel. Entonces quise ser traductora, porque pensé «qué maravilloso es establecer vínculos para que la gente comprenda lo que cada uno dice». Y bien, ese es el trabajo del actor. La gente nos cuenta sus experiencias, sus sentimientos, los actores recogemos eso, y se lo traducimos al público.
P.: ¿Traduce entonces el ánimo general de la gente, al haber pasado del drama a la comedia?
M.S.: Le diré lo que pienso acerca de obras como «Mamma mia». Hacemos films para toda clase de público. A veces para motivar un diálogo político, a veces por una razón tonta, pero que también merece su lugar en el mundo. Mi hija cumple años cerca del 11 de setiembre. Ahora no es una linda fecha. Estaban, ella y sus amigas, cabizbajas. Las llevé al teatro, a ver esa comedia musical, y salieron contentas. Yo agradezco las comedias. Pero tampoco me encasillo: mi siguiente film es un drama. Luego viene «Julie & Julia», donde interpreto a Julia Child, una mujer que vivió en Francia durante la guerra, y luego transformó la cocina norteamericana con un programa de tevé donde hablaba de la cocina como un acto de amor que lleva su tiempo.
P.: ¿Cómo ha hecho para que todos en Hollywood hablen bien de usted?
M.S.: ¡Les pago mucho! No, lo que pasa es que la mayoría de nosotros ha mejorado con el tiempo. Puede ser, también, porque no me creo mejor que nadie. Uno hace elaboradas transformaciones en cada papel, otro prefiere ser siempre igual, pero lo cierto es que cada uno de nosotros se ofrece a sí mismo de la mejor manera posible. Yo dedico este premio a mis colegas. Sin ellos, que me acompañan en cada escena, no podría hacer nada.
P.: ¿Será que también prefiere mostrar un perfil bajo?
M.S.: Puede ser. Nunca tomo decisiones estratégicas para avanzar en mi carrera, tipo «ahora hago este personaje político, o de moda, así el año próximo gano tanto». No soy productora (lo hice una sola vez, tengo cuatro chicos), no pienso dirigir (aunque muchos directores dirán que ya lo hice, al menos en mis escenas), y nunca decido trabajos ajenos, ni siquiera los míos. Yo espero que me traigan los guiones. Soy simplemente la chica que espera que la saquen a bailar.
P.: ¿Así es como bailó con Clint Eastwood en «Los puentes de Madison»?
M.S.: Un hombre muy calmo, fue un placer trabajar con él. Si, he tenido suerte.
Recuerdo que cuando cumplí los 40 le dije a mi marido «éste es el último año que trabajo. Debo averiguar los trámites jubilatorios, y buscar una casita en una ciudad menos cara». Afortunadamente, muchos ejecutivos (y ahora muchas ejecutivas) también pasaron los 40, se miran al espejo, y piensan que ciertas experiencias, lindas o no, que nos trae el tiempo bien se podrían filmar.
P.: ¿Es cierto que, en su vejez, la gran Bette Davis le dejó una carta, nombrándolaa usted como su sucesora?
M.S.: Esa carta la tengo en algún lugar de casa. Espero que nadie la haya tirado, porque cada tanto me ordenan los papeles para que parezca un lugar habitable. Bueno, cuando ella la dejó en el buzón quedé anonadada. Un día haré yo lo mismo, cuando me retire. ¿A quién le pasaré mi testimonio? Ya veremos, cada año surgen nuevas actrices talentosas. Y yo todavía no pienso retirarme. Lo que me frustra, es ver cómo se publicitan ahora las películas, imponiendo a las chicas una forma de vida tan artificial que puede arruinar sus talentos.
P.: Al menos usted desarrolló muy bien el suyo. ¿Sabía que Bette Davis estuvo una semana parando en el mismo hotel donde está ahora usted?
M.S.: ¿Si? Debo preguntar cuál era su habitación.
P.: Se la pasó rezongando y escribiendo sus memorias.
M.S.: Bueno, a esa edad todavía no llegué. Pero ya puedo confesar algo, que alguna vez escribiré: esa escena de «Las horas», en la florería, donde pongo cara de susto, ¡era susto de veras! ¡Se me olvidó repasar el diálogo!




Dejá tu comentario