Ese diagnóstico también aparece en los números del informe. Para junio, los analistas estimaron una inflación de 2% mensual, 0,1 puntos por debajo del REM previo, y una inflación núcleo de 1,9%. En cambio, corrigieron al alza el sendero cambiario: el dólar oficial mayorista promedio esperado para julio subió a $1.482, unos $35 más que en el informe anterior, mientras que la proyección para diciembre pasó de $1.658 a $1.673. En tasas, el mercado mantuvo una visión de relativa estabilidad, con una TAMAR esperada de 22,50% TNA para julio y de 22,0% hacia fin de año.
Dólar, inflación y tasas: cómo llega el escenario al segundo semestre
En cuanto a la inflación, el dato de mayo volvió a dar una señal favorable. El IPC nacional avanzó 2,1% mensual, por debajo del 2,6% de abril y de las expectativas del mercado, que esperaban una suba de 2,4%. De esta manera, marcó el registro más bajo desde septiembre del año pasado. Además, Tiscornia señaló que la proyección del REM para junio, de 2,0%, está en línea con el relevamiento de C&T, que arrojó una estimación de 1,9%.
Sin embargo, la baja de la inflación todavía convive con algunos focos de resistencia. El IPC núcleo sin carnes volvió a ubicarse en 2,1%, lo que reflejó cierta dificultad de los precios para quebrar con claridad la barrera del 2% mensual. Por eso, aunque la desinflación sigue en marcha, el frente cambiario aparece como una variable clave para sostener esa tendencia durante el segundo semestre.
En ese punto, Tiscornia marcó que el escenario actual tiene una diferencia importante respecto de otros años. Habitualmente, el mercado cambiario dependía con más fuerza de la oferta comercial de dólares, con un pico en la primera parte del año y una merma desde julio por la menor liquidación del agro y mayores pagos de importaciones de energía. Ahora, en cambio, señaló que hay más exportaciones energéticas, menos importaciones y flujos financieros que no estuvieron presentes durante muchos años. Por eso, afirmó que “el mercado anticipa que hay más fuentes de oferta de dólares” que podrían ayudar a estabilizar el tipo de cambio.
Desde IOL también señalaron que “la calma cambiaria de los meses previos mostró una interrupción en junio”, con una depreciación del 5% en el tipo de cambio oficial, que perforó la barrera de los $1.500. En paralelo, los dólares financieros acompañaron la tendencia, presionados por la fortaleza global del dólar, una menor oferta estacional de mineras y petroleras, y la baja en los precios de la soja y el Brent.
Aun así, desde la firma remarcaron que la distancia entre el tipo de cambio spot y el techo de la banda cambiaria se amplió al 25%, lo que diluyó su efecto como ancla psicológica de corto plazo. Al mismo tiempo, el BCRA moderó el ritmo de compras e intervino en futuros y bonos dólar linked para contener episodios de volatilidad.
Desde Balanz también pusieron el foco en la menor oferta de divisas. La sociedad de bolsa sostuvo que esperaba que, “a medida que la oferta de dólares se moderara, se generara presión en el mercado de cambios”. Entre los factores detrás de esa dinámica mencionó menores precios de commodities, una cosecha de maíz más lenta y una liquidación del agro que podría demorarse ante la reducción gradual de retenciones prevista desde enero.
Por el lado de las tasas, el escenario mostró cambios, aunque sin un quiebre brusco. Con un sistema financiero líquido, pero con crédito privado estancado y una morosidad que no cede, la TAMAR cerró junio en torno al 22,7% de TNA, equivalente a una tasa efectiva mensual cercana al 1,9%. En la misma línea, desde IOL destacaron que la caución y la tasa overnight se mantuvieron cerca del 20% TNA.
Qué estrategias de inversión ven para los próximos meses
Con este marco, la estrategia de inversión empieza a desplazarse desde la búsqueda de carry puro hacia una lógica de cobertura. La razón es que la tasa fija luce menos cómoda que en los meses anteriores: el dólar empezó a moverse con mayor velocidad, la inflación todavía no perforó de manera sostenida el 2% mensual y las tasas cortas siguen contenidas por la elevada liquidez del sistema.
En Cohen son claros respecto de este cambio de enfoque. “Recomendamos cerrar posiciones de carry trade y rotar hacia instrumentos de cobertura”, señalaron desde la firma. La lectura detrás de esa recomendación es que el retorno en pesos ya no compensa con la misma holgura el riesgo de una mayor nominalidad hacia adelante, especialmente si la presión cambiaria obliga a una recomposición de tasas o si la inflación desacelera menos de lo esperado.
Para quienes prefieran reducir directamente la exposición al riesgo peso, la alternativa más defensiva pasa por migrar hacia instrumentos en moneda dura. En cambio, para quienes decidan permanecer en moneda local, las fuentes consultadas coinciden en que la prioridad debería ser evitar una concentración excesiva en tasa fija y privilegiar activos con algún tipo de ajuste.
Desde Balanz mantienen una mirada selectiva sobre la deuda en pesos, con una estrategia diferenciada según el plazo. Jerónimo Bardin, Head Sales Trader de la firma, sostuvo que, para el corto plazo, “mantenemos una posición neutral, ya que el potencial de apreciación adicional luce acotado tras los retornos ya capturados, y priorizamos la corta duración, con preferencia por CER cortos”.
En cambio, para horizontes más extensos, Bardin afirmó que “mantenemos nuestra preferencia por duales largos, ya que ofrecen cobertura tanto ante eventuales subas en las tasas cortas como frente a distintos escenarios económicos post 2027”.
En una línea similar, Natalia Martin, analista de Research de PPI, también ve una oportunidad relativa en moneda local. “La relación riesgo-retorno luce hoy relativamente más atractiva en la deuda en pesos que en la deuda soberana hard dólar”, sostuvo.
Qué instrumentos en pesos pueden proteger mejor el ahorro
Dentro de la renta fija en pesos, los analistas coinciden en que la clave pasa por priorizar instrumentos con cobertura frente a inflación, tasas o tipo de cambio. Por eso, los títulos CER, los bonos duales y los dólar linked aparecen como las principales alternativas para proteger el ahorro hacia fin de año.
En Cohen destacan alternativas CER como el TZXO6 y el TZXD6 en el tramo corto y medio, y el TZX27 para quienes busquen mayor duration. En duales, la firma menciona al TTS26, que permite capturar un eventual ajuste al alza en la TAMAR, y al TXMJ8, que ofrece cobertura dual CER/TAMAR en el tramo largo.
Desde IOL también ponen el foco en el atractivo de los bonos duales. En el tramo largo, destacan al TXMD9, que ofrece exposición al mayor rendimiento entre TAMAR y CER. Según la firma, el instrumento rinde TAMAR +8,8% anual o CER +6%, por lo que constituye una apuesta más agresiva sobre la curva en moneda local.
Para un posicionamiento más defensivo, mencionan al TTS26 y señalan que prefieren este instrumento, ya que permite “capturar rendimientos competitivos con protección ante subas de tasas”.
Balanz, por su parte, favorece los CER cortos para el manejo de liquidez. En particular, Bardin mencionó al X30S6 como alternativa para posicionarse en el tramo corto, mientras que para horizontes más extensos, la preferencia sigue puesta en los duales largos, especialmente el TXMJ0, ya que “ofrecen cobertura tanto ante eventuales subas en las tasas cortas como frente a distintos escenarios económicos post 2027”.
En PPI, Martin destacó que los bonos CER vuelven a mostrar valor relativo, especialmente luego de la suba del tipo de cambio de junio, que mejoró el punto de entrada para las estrategias en moneda local.
“Bajo un escenario de mayor estabilidad cambiaria, favoreceríamos especialmente instrumentos CER frente a otras alternativas de renta fija”, sostuvo. Entre sus favoritos aparece el BONCER TZXS7, mientras que más adelante en la curva mantiene como preferidos los BONTAM TXMD9 y TXMJ0.
Así, el REM de junio llega en un momento bisagra para las carteras. Si el escenario de desinflación gradual y estabilidad cambiaria se mantiene, la deuda en pesos todavía puede ofrecer retornos atractivos. Sin embargo, si el dólar oficial continúa ganando velocidad o las tasas deben acompañar la mayor presión cambiaria, la tasa fija queda más expuesta.