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26 de agosto 2026 - 00:00

Diálogos de Wall Street: ¿puede Scott Bessent domar a los bonos mientras asfixia a Irán?

El secretario del Tesoro abrió una guerra económica contra Teherán y, al mismo tiempo, busca contener las tasas largas. ¿Cuál es la operación que tiene en mente?

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El secretario del Tesoro lanzó una ofensiva económica contra Teherán y, al mismo tiempo, busca contener las tasas largas. ¿Cuál es la estrategia que tiene en mente?

FX

¿Por qué Scott Bessent decidió intervenir en el mercado de bonos? ¿Cuál es la operación que tiene en mente? ¿Puede dictarles el camino a las tasas largas? ¿Por qué el mercado lo critica, pero no lo desafía, Gekko?

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Periodista: Las tasas largas dejaron por fin de trepar. Pero la solución abrupta del secretario del Tesoro generó más dudas –e indignación– que certezas. ¿Se puede suprimir la suba de tasas a través de un mero ejercicio de ingeniería financiera como quien hace un pase de magia? ¿Puede el Tesoro recomprar deuda y reducir sus tasas cuando debe tanto y no deja de endeudarse? Bessent, que tiene cuarenta años o más de experiencia de mercado a sus espaldas, no debe ignorar ninguna de estas limitaciones. ¿Qué pretende cuando se embarca, a la vista del público, en un ensayo tan grosero de manipulación de las tasas de largo plazo?

G.G.: Primero y principal, Bessent está a cargo de una operación más importante que la intervención en el mercado de bonos.

P.: ¿Cuál? ¿La ofensiva sobre Irán?

G.G.: Así es. La Operación Paria Económico que anunció el lunes. La guerra en Irán continúa, pero por otros medios. Económicos, no militares. Hay que economizar munición, por otra parte. Pero la razón no es esa. Simplemente, los misiles no resultaron efectivos para destruir la voluntad del enemigo. Así que Bessent tomó el lugar del secretario de Defensa, Hegseth, y de sus generales. Él diseñó la nueva estrategia. Y ya comenzó a ejecutarla.

P.: La idea es conseguir el aislamiento económico absoluto de Teherán para forzar la aceptación de un acuerdo con EEUU…

G.G.: En los términos que son satisfactorios para EEUU. Esencialmente, el objetivo es recuperar la libre navegación por el estrecho de Ormuz. Irán lo rechaza con tozudez desde que se atrevió a controlarlo. Lo que hizo “gracias” a la guerra que lanzó Trump.

P.: ¿Usted cree que, esta vez, tendrán éxito?

G.G.: Yo, no. Trump y Bessent creen que sí. Las declaraciones del presidente iraní Pezeshkian –que esta es la situación ideal para negociar la paz, en “un momento de fuerza”– los deben haber alentado todavía más.

P.: ¿Y qué tienen que ver los bonos del Tesoro en este entrevero?

G.G.: El plan es apretar a Irán y a sus aliados. Hasta la asfixia. Uno imagina que habrá que cerrar Ormuz con candado –me refiero a los flujos provenientes de los puertos iraníes– y que Teherán tomará represalias. De seguro, habrá daño colateral. El mercado de energía es el primero que puede sentir la falta de oxígeno. Y si los precios de la energía suben, más aún si se desbordan, el impacto adverso sobre los bonos luce inevitable. Con la Fed de brazos cruzados, que es otro propósito que persigue la Administración Trump, la sensibilidad es todavía más pronunciada.

P.: Bessent se curó en salud con el anuncio de las recompras de deuda vieja.

G.G.: Durante un par de semanas, Trump y Bessent tranquilizaron a la curva con la promesa de un acuerdo con Irán “en un día o dos”. Todo el mundo sabía que no existía ninguna negociación, pero prefirió mirar hacia otro lado. Después de la refinanciación –el Tesoro colocó 25 mil millones de dólares en nueva deuda a 30 años, 42 mil millones a 10 años y 16 mil millones a 20 años–, el mensaje cambió. No hay arreglo, vamos a la guerra económica. Bastó con que el crudo Brent superase los 90 dólares el barril para que las tasas largas se dispararan. Y Bessent intervino antes de que se produjese un “tantrum”, la rabieta de los bonos de la que estuvimos hablando todo el último mes. Era la amenaza cantada después de la última reunión de la Fed. Cuando quedó claro que Warsh hablaba “duro”, pero mantenía las tasas sin cambios, a pesar de la propuesta de tres disidentes de reajustarlas un cuarto de punto.

P.: ¿Cómo juzga la reacción de los mercados? Las críticas sobre Bessent son demoledoras…

G.G.: No le costaba nada sazonar los anuncios con alguna promesa de ajuste fiscal ad hoc, pero no se tomó la molestia. Yo diría que no solo Bessent tolera que lo critiquen, sino que hasta lo disfruta. Lo que sí no se puede permitir es un crac de los mercados. Y esa es la señal que quiso dar. Asfixiará a Irán. No dejará que a los bonos les pase lo mismo.

P.: Uno escucha críticas por doquier. Pero los mercados no intentaron siquiera doblarle el brazo.

G.G.: Bastó con que recordara el poder de fuego actual del Tesoro para que se aplacara cualquier conato de motín.

P.: El Tesoro, ¿tiene un billón de dólares depositados en la Fed como alardea? ¿Los puede utilizar libremente?

G.G.: 963 mil millones. En esencia, si el Tesoro puede resistir un “shutdown” del gobierno, como el que afrontó el año pasado, sin emitir deuda (debido a la restricción que supone el “techo” legislativo), puede ganar esta pulseada que es mucho más sencilla.

P.: ¿Cree que los mercados se darán por “vencidos” sin ofrecer resistencia? ¿Piensa que se dejarán arrear por Bessent de la manera que más le convenga según la confrontación con Irán?

G.G.: Bessent no los arrinconó, tampoco. Les dio una salida. Las tasas subieron en el vientre de la curva, de dos a siete años. Y si ahora retroceden es porque también bajó, y mucho, el precio del crudo. El Brent estuvo en 94 dólares. Hoy ronda 86. No hay daño colateral ahí. No todavía. Para que las tasas largas desafíen a Bessent, primero el precio del crudo debería volar.

P.: Bessent anunció sanciones a terceros (traders, intermediarios financieros, armadores de buques, etc.) que colaboraron con Irán. Ninguno muy relevante. Pero también dijo que había un banco internacional de primera línea que sería sancionado “hacia finales de semana”. ¿Qué se sabe?

G.G.: Lo que dijo. Es insólito que se anuncie como si fuera el trailer de una película. Mire, China es el principal sostén que ha tenido Irán. No hace falta indagar demasiado. ¿Qué va a hacer en ese caso? Probablemente, no mucho. Bessent escribe la partitura, él lleva la batuta… Habrá que escucharlo.

P.: El dólar cayó con fuerza tras los anuncios de la recompra de bonos. ¿El Tesoro hará algo para defender su cotización?

G.G.: No hay queja oficial. Recuerde que tres semanas atrás Bessent abogaba por una suba del yen versus el dólar. Y su preocupación era que Japón no vendiera sus bonos del Tesoro. Llegado el caso, quería que los usara como colateral en la ventanilla FIMA que tiene la Fed para dar financiación a los bancos centrales.

P.: Su área de preocupación es la curva de bonos. La parte larga…

G.G.: Y el tramo más corto, también. Allí donde talla la Fed.

P.: A eso iba. ¿Cómo cree que responderá Kevin Warsh, su nuevo chairman, ungido, como se sabe, por Trump y Bessent? ¿Y cómo responderá la Fed? ¿Romperán lanzas?

G.G.: Warsh ahora tiene la palabra en Jackson Hole. La verdad se define recién el 16 de septiembre en la reunión de la Fed. Pero será un aperitivo interesante. No obstante, lo que importan son los hechos, no las palabras. Warsh quería que los bonos le hicieran el trabajo sucio. Y Bessent no quiere que sigan haciendo su trabajo. No reflejan bien los fundamentos, señaló. ¿Y entonces, qué? ¿Usamos la visión de Bessent para decidir la política monetaria? Warsh puede estar de acuerdo. Los disidentes no lo estaban ya en julio, cuando propusieron una suba de tasas. Creo que la mayoría de la Fed virará hacia esa posición. Y una Fed independiente, liderada o no por Warsh, celosa de su reputación y de cumplir con su deber, es la mejor respuesta imaginable en estas sinuosas circunstancias.

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