La iniciativa del Tesoro de EEUU de aumentar la intervención sobre los tramos más largos de su deuda causó sorpresa en el mercado y reavivó el debate sobre si los inversores deberían retomar las apuestas en contra de los bonos norteamericanos, ante la posibilidad de una devaluación del dólar en los mercados internacionales.
Bonos de EEUU: la intervención del Tesoro podría generar una devaluación del dólar "a la japonesa"
La decisión de Scott Bessent de frenar la suba de los rendimientos de los bonos del Tesoro generó paralelismos con la política económica de Japón de los últimos años: una moneda más débil para mejorar las exportaciones. Cuáles son los límites de ese paralelismo.
-
La TV estatal iraní amenaza de muerte al hijo menor de Trump y ofrece u$s10 millones por su cabeza
-
Canadá contraataca a Trump: anunció aranceles por u$s20.000 millones a productos de EEUU
Entre los analistas del mercado, resurgió el debate sobre si conviene mantener bonos del Tesoro de EEUU.
Es más, no tardó en generar paralelismos con la política económica de Japón durante la administración de Shinzo Abe, que aplicó un control sobre los rendimientos de su deuda y un yen más barato para mejorar su competitividad a nivel global.
"La intervención en el mercado de bonos (de EEUU) me recuerda a ese período. Aunque el actor sea diferente (el Banco Central en Japón frente al Departamento del Tesoro en EEUU) ", reconoció el economista de Oxford Economics, Norihiro Yamaguchi, ante la consulta de Ámbito.
Al respecto, explicó que en 2013 Abe nombró a Haruhiko Kuroda como gobernador del Banco de Japón, "quien tenía una postura mucho más 'dovish' — es decir, a favor de bajar la tasa — que su predecesor".
Fue bajo su liderazgo que el Banco de Japón lanzó un programa masivo de compra de activos, al que le siguieron una política de tasas de interés negativas y el control de la curva de rendimientos, que se enfocó particularmente en el rendimiento de los bonos del Estado japonés (JGB) a 10 años.
"Estas medidas demostraron un compromiso muy firme con la flexibilización monetaria", enfatizó Yamaguchi, que señaló que "el yen comenzó una tendencia a la baja" a partir de ese año, es decir, a depreciarse frente al dólar.
El economista recordó los dichos de Bessent la semana pasada y la posibilidad de ampliar aún más la intervención si fuera necesario, lo que plantea la posibilidad de una forma más agresiva de control sobre la curva de rendimientos de los "Treasuries"
"Si eso llegara a suceder, podría empujar aún más hacia abajo las curvas de rendimientos, lo que depreciaría al dólar", afirmó.
Dicho esto, señaló que "parece haber una diferencia importante en la postura de la Reserva Federal en comparación con la de Japón en aquel momento". La autoridad monetaria en el país asiático "estaba firmemente comprometido a mantener el relajamiento de la política monetaria, incluso a costa de la liquidez del mercado, para bien o para mal".
Para el economista de Pepperstone, Felipe Barragán, la comparación con Japón "tiene límites importantes". Ante la consulta de Ámbito, explicó que "EEUU enfrenta una situación fiscal mucho más procíclica y una inflación todavía superior al objetivo, mientras que la experiencia japonesa se desarrolló durante largos períodos de inflación extremadamente baja".
El riesgo de una depreciación del dólar
De todas maneras, Barragán argumento que la estrategia del gobierno de Donald Trump no está exenta de peligros, ya que puede incentivar lo que en la jerga financiera se conoce como "debasament trade", es decir, especular en contra de los bonos del Tesoro de EEUU, ya que se espera una devaluación del dólar.
"El riesgo es que, si el mercado interpreta estas intervenciones como un intento de impedir que las tasas reflejen adecuadamente el riesgo fiscal, la consecuencia final no sea una reducción sostenible del costo de financiamiento, sino un aumento de la prima por plazo o incluso una mayor presión sobre el dólar", desarrolló.
Y agregó que esa preocupación "está comenzando a aparecer explícitamente en el debate de mercado". De hecho, durante los últimos días trascendió que el déficit presupuestario de EEUU tocó los u$s40 billones, nuevo récord histórico.
"¿El Tesoro acaba de reactivar el 'debasament trade'?", se preguntaron desde el Centro Schwab de Investigación Financiera (SCFR) en su último informe. "Creo que, por ahora, la tendencia ha vuelto debido a la intervención sorpresa del Departamento del Tesoro de EEUU en el mercado de bonos", afirmó Liz Ann Sonders, estratega jefe de inversiones del SCFR.
Y señaló que esto reavivó las preocupaciones sobre la política fiscal de EEUU y su impacto en el dólar: "Es difícil decir si tendrá la misma vigencia que antes, pero esa ha sido una de las razones por las que una clase de activos como el oro ha subido directamente a su máximo en cuatro semanas".
¿Puede un dólar más barato beneficiar a EEUU?
Consultado por este medio, Barragán argumentó que un dólar más débil puede generar "beneficios relevantes" para EEUU, especialmente desde la perspectiva de la competitividad externa. "Un dólar moderadamente más débil es consistente con el objetivo de impulsar la producción industrial doméstica y podría contribuir, con rezagos, a reducir parte del déficit comercial", afirmó.
De todas formas, señaló que "el beneficio no es gratuito" ya que podría implicar una serie de desafíos para la economía norteamericana. "Un dólar más débil encarece las importaciones y puede transmitir inflación hacia los consumidores, un riesgo particularmente relevante cuando esa depreciación coincide con aranceles, restricciones comerciales y otros shocks de costos como el del petróleo" detalló.
Además, el economista de Pepperstone comentó que "EEUU depende de una entrada muy significativa de capital extranjero", por lo que si la depreciación de la divisa norteamericana fuese percibida como "deliberada, desordenada o asociada a una estrategia de represión financiera", los inversionistas internacionales podrían exigir mayores rendimientos, "contrarrestando parte de la ventaja competitiva inicial".
Por último, consideró que "una depreciación gradual y determinada por fundamentos económicos sería perfectamente manejable", mientras que el escenario más problemático "sería una caída inducida por políticas que erosionaran la confianza institucional o la percepción de seguridad de los activos estadounidenses".




