Bien, repasemos entonces la historia de nuestra querida moneda nacional.
El peso Moneda Nacional (m$n) nació en 1881, bajo la presidencia de Julio Argentino Roca (el señor que aparece en los billetes de $100, por si algún despistado no lo recuerda). Eran tan bajos los precios en aquel momento, que existían billetes de muy baja denominación, como este de ¡cinco centavos! con la imagen de Nicolás Avellaneda.
Billete 5 centavos Nicolás Avellaneda
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A partir de 1914, existen registros de la conversión entre el peso y el dólar. Y, a decir verdad, el camino desde ese año (en el cual por cierto, inició la Primera Guerra Mundial) y 1948 (tres años después de finalizada la Segunda Guerra Mundial) el tipo de cambio se movió muy poco. En realidad, aumentó: pasó de $2,37 en enero de 1914 a $4,59 en abril de 1948. Bueno, ustedes dirán que se duplicó. Si, pero le llevó 34 años.
Imagínense que en julio del año pasado (con el dólar a $44,90) alguien les decía que desde ese momento y hasta el año 2053 el dólar iba a subir lentamente hasta llegar a $89,80, ¿les parecía bien? Yo saldría corriendo a firmar lo que me pidan.
Ahora bien, por algo no somos Suiza. Para entender el nivel de depreciación de nuestra moneda nacional en los últimos 72 años, vamos a hacer el siguiente ejercicio. En abril de 1948, como ya dije anteriormente, un dólar equivalía a 4,59 pesos Moneda Nacional. Supongamos que su abuelo era un mega magnate millonario que le dejaba de herencia un cofre con 1.000.000.000 de dólares, pero como no conseguía esa cantidad de billetes estadounidenses, decidía dejárselos en pesos: es decir 4.590.000.000 pesos Moneda Nacional. La condición era que el cofre debía abrirse en 2020.
Y para hacer el ejemplo bien claro, su abuelo le ordenaba a un abogado en el mismo testamento que periódicamente el letrado hiciera un reemplazo de los billetes, siempre manteniendo la moneda nacional. Por amor a la Patria, vio.
ACLARACIÓN: 1.000 millones de dólares, en 1948, era una fortuna incalculable de dinero. Serían aproximadamente 10.710 millones de dólares actuales. Y de hecho, es de esperar que no fuera posible conseguir esa cantidad de billetes de pesos Moneda Nacional en el año 1948. Esto es sólo un ejercicio de imaginación.
Volvemos entonces a 1948. Y a partir de ese año, bajo la presidencia de Juan Domingo Perón (hechos, no opiniones) el dólar se empezó a descontrolar. Los $4,59 de abril pasaron a ser $8,50 en diciembre. Y $16,50 dos años después. A fines de 1957, el dólar cotizaba a $37,20. A esa altura, el presidente era un militar: Pedro Aramburu. Y su increíble fortuna de u$s1.000 millones pasaba a ser de apenas poco más de u$s120 millones.
En 1958, volvió la democracia de la mano de Frondizi. Cuatro años más tarde, un nuevo golpe de Estado sacaba al presidente radical del poder. El dólar cotizaba a $83,80 y usted tenía entonces u$s55.000.000. El gobierno de facto de José María Guido tuvo cuatro ministros de Economía (entre ellos, un tal Álvaro Alsogaray) en tan sólo año y medio, tiempo suficiente para hacer subir la cotización del dólar a $150.
Llegó entonces Arturo Illia, otro presidente radical. Dejó el cargo en junio del ’66, también por un golpe de Estado. ¿La moneda estadounidense? $238. Y la fortuna de su abuelo de mil palos verdes, reducida a tan sólo 20 palos. Es decir, un 98% de depreciación en 18 años.
Los gobiernos militares se sucedieron y 1969 marcó la llegada del hombre y del dólar a la Luna: $350. A esa altura, los niveles de inflación eran muy altos, por lo que se decidió sacarle dos ceros a la moneda y cambiar de billete: se arrancó 1970 con el Peso Ley 18.188, uno de los nombres más feos que alguna vez se le pusieran a una moneda. Los billetes sólo tenían la cara de dos próceres: Belgrano y San Martín. Y en sus inicios, un dólar era $3,50. Claro, en realidad era $350, pero le habían sacado dos ceros. Qué trucazo, ¿no?
Lo cierto es que al Peso Ley (así se lo denominaba en la jerga) tampoco le fue muy bien que digamos. En trece años de vida (1970-1983), el dólar pasó de $3,50 a $98.500. Si, es un punto y no una coma. Se lo digo en palabras para que quede más claro: el dólar pasó de tres con cincuenta a noventa y ocho mil quinientos. En el medio, se sucedieron presidentes suficientes para hacer un equipo de fútbol: Onganía; Levingston, Lanusse, Cámpora, Lastiri; Perón, Martínez de Perón, Videla, Viola; Galtieri y Bignone. Fue tal el nivel de inflación de aquellos tiempos que se llegó a emitir un billete de un millón de pesos. (Los Simpson y el billete de un trillón, ¿les suena?)
Ya para 1983, la fortuna de su abuelo equivalía a u$s466. Pero siempre, siempre se puede estar peor.
Para sacar esos números exorbitantes de la cabeza de los argentinos, los militares tuvieron una gran idea: sacar ceros a la moneda. Bajo el mando de Bignone, se le sacaron cuatro ceros al billete nacional y se instauró el peso argentino, moneda que heredó don Raúl Alfonsín, presidente a partir de fines del ‘83. Pero el billete duró poco, así como la tranquilidad de los argentinos. En dos años de vida, el dólar había pasado de $9,85 a $673. Es decir, que usted había pasado de tener u$s466 a tener u$s7.
Entonces, ¿qué hacemos ante esta desvalorización de la moneda? Pues, cambiemos la moneda. Llegó el Plan Austral. Y con eso, tres ceros menos a la moneda. Y seis años de penurias. Porque el dólar, que había arrancado a 0,87 australes, se mantuvo en esa cotización sólo por 13 meses. Después, se vino la hiperinflación y todo se fue al demonio: con Menem a la cabeza (si, porque Menem también tuvo australes), en 1991 un dólar se conseguía por la módica suma de 10.028 australes. Y su increíble fortuna de 1.000.000.000 de dólares se había reducido a menos de 1 centavo de dólar.
australes billetes austral
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Después vino el Plan de Convertibilidad, el uno a uno y la fiesta en Miami. 9 años en los que un dólar fue igual a un peso. Pero la parranda se detuvo bruscamente. En 2001, el dólar volvió a triplicarse, tras la salida de De la Rúa y los cinco presidentes en una semana. A partir de ahí, tuvimos diez años en que la divisa norteamericana se mantuvo entre los $3 y $4, pero después todo se volvió a descontrolar. En 2011, Cristina puso el primer cepo. Y ahí comenzaron las disrupciones.
Cuando Macri asumió en 2015, el dólar ya estaba a $15. Cuando se fue, en 2019, el dólar tocaba los $60. En el medio, sacó el cepo y lo volvió a poner. Llegó Alberto, y puso el impuesto PAÍS: de poco sirvió. En seis meses de mandato, no tuvo otra opción que poner controles de todos los colores para contener el valor de la divisa, que se mantiene fijo en su cotización oficial pero que levanta vuelo en el MEP y CCL.
Es que en la vida como en el dólar, uno quiere lo que no tiene. Y cuanto más difícil a uno se la ponen, uno más quiere ese objeto. Para el argentino, el objeto de deseo fue, es y seguramente será el dólar. Pero, ¿se trata de un capricho? Definitivamente no. En los últimos 72 años, la divisa nacional (bajo cualquiera de sus denominaciones) sufrió una catarata de depreciaciones que no hicieron más que sacarle toda confianza en su propia moneda al ahorrista local. Hemos sido testigo de niveles de desvalorización que incluso hoy, parecen disparatados. En 1989, por ejemplo, el dólar pasó de 17 australes a 1.950. Es como hoy en día pensar en tener un dólar a $7.000 a fin de año.
De más está decir que esta nota no es para ir corriendo a comprar dólares. Sólo se trata de hacer un repaso por lo que fue la vida de nuestra querida y vapuleada moneda nacional, una historia signada por un sinfín de depreciaciones brutales, y que nos hace entender por qué no ahorramos en pesos. La historia nos moldea, y nada de lo que sucedió en los últimos años, lamentablemente, ha logrado modificarla. En 1948, usted tenía 1.000 millones de dólares; hoy no se podría comprar ni un Flynn Paff.
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