En ese sentido, Nicolás Núñez, investigador del CIEN y experto en geopolítica y mercados, explicó a Ámbito que los ingresos petroleros y gasíferos previstos por Rusia equivalen a cerca del 60% de su gasto militar, mientras China importa alrededor del 70% del crudo que consume, principalmente por vía marítima.
Esta dependencia convierte al estrecho de Ormuz en un punto estratégico para ambas potencias y amplía las consecuencias económicas y militares de los conflictos regionales.
En conjunto, estas tensiones están llevando a los países a reforzar sus capacidades militares más allá de las necesidades inmediatas de cada guerra. En este sentido, para Gaspar Ortiz, analista de renta variable, se trata de una transformación que podría sostenerse durante los próximos años.
"El rearme es real y lo considero estructural. Ya no es una promesa de gasto, sino contratos firmados y fábricas en expansión", explicó.
Una de las principales manifestaciones de este proceso se encuentra en Europa, donde la OTAN acordó elevar el gasto en defensa y seguridad al 5% del PBI para 2035. No obstante, Núñez advirtió que el compromiso "es más modesto de lo que sugiere el titular", ya que el 3,5% corresponde a defensa estricta, frente al 2,9% que actualmente destina la alianza.
El esfuerzo está encabezado por Polonia y los países bálticos, mientras Alemania apunta a cumplir el objetivo en 2029. Para financiar parte de esta expansión, la Unión Europea impulsa el programa SAFE, con préstamos por €150.000 millones destinados a fortalecer la producción regional.
Por su parte, Estados Unidos también busca ampliar sus recursos militares, aunque de los u$s1,5 billones propuestos por Trump para 2027, unos u$s350.000 millones todavía dependen de la aprobación del Congreso.
Más allá de estas incertidumbres, las inversiones para ampliar la capacidad productiva refuerzan las perspectivas de crecimiento a largo plazo. "Nadie construye plantas para una demanda de dos años", sostuvo Ortiz, al destacar la continuidad de los contratos que ya benefician a los principales fabricantes de misiles y sistemas antiaéreos.
Los ingresos de las empresas se disparan, pero las cotizaciones sufren
El aumento del gasto militar ya se refleja en las carteras de pedidos de las principales empresas de defensa. En EEUU, Lockheed Martin, el mayor contratista militar del mundo y principal fabricante del caza F-35, acumula encargos por u$s292.000 millones, mientras RTX, uno de los principales proveedores mundiales de misiles y sistemas de defensa aérea, registra u$s164.000 millones en pedidos militares.
En Europa, Rheinmetall, uno de los principales fabricantes de municiones y vehículos blindados, reúne €80.500 millones, mientras BAE Systems, el mayor grupo británico de defensa y proveedor estratégico de las fuerzas armadas, alcanza los £84.000 millones.
Estos volúmenes de pedidos reflejan las expectativas de crecimiento de la industria para los próximos años, aunque existe una diferencia importante entre la firma de los contratos y su impacto efectivo sobre los ingresos y las ganancias de las compañías.
Según explicó Ortiz, los plazos de producción y entrega del armamento pueden extenderse durante varios años. Es el caso de Northrop Grumman, responsable de programas estratégicos como el bombardero B-21 y el misil Sentinel, que prevé facturar apenas el 35% de su cartera de pedidos durante los próximos doce meses. Por su parte, RTX alcanzaría la producción plena de sus nuevos contratos de misiles recién hacia 2030.
Aunque buena parte de estos encargos todavía está pendiente de ejecución, el crecimiento de la demanda ya comenzó a reflejarse en los resultados financieros, como mostraron los balances del tercer trimestre presentados esta semana por las principales contratistas estadounidenses, que superaron las expectativas del mercado.
Según Martín Mejía, analista de inversiones de Cohen, Lockheed Martin registró ingresos por u$s20.700 millones, un 11% más interanual y por encima de los u$s20.440 millones esperados. Además, obtuvo ganancias de u$s7,97 por acción, frente a un consenso de u$s7,52, mientras su división de misiles creció un 24%. Estos resultados, junto con la mejora de sus proyecciones anuales, impulsaron una suba de más del 6,5% en sus acciones tras la presentación.
La reacción también fue positiva en RTX y Northrop Grumman, que superaron las estimaciones de ganancias y elevaron sus previsiones. RTX aumentó sus ventas un 11%, hasta u$s25.000 millones, con un crecimiento del 14% en defensa, y sus acciones avanzaron un 3,7%. Por su parte, Northrop registró un incremento del 7% en sus ingresos y una suba bursátil del 6,1%, aunque continúa enfrentando presiones sobre la rentabilidad de sus principales programas militares.
Pese a los buenos balances, las acciones del sector acumulan fuertes caídas desde sus máximos. Según Núñez, el ITA, fondo cotizado (ETF) que reúne empresas de defensa y aviación comercial de EEUU, perdió un 18,5% desde agosto. Entre las contratistas que presentaron resultados, Lockheed retrocedió un 11% desde fines de febrero, RTX un 5% y Northrop llegó a caer un 34% desde su máximo anual.
Para Ortiz, la corrección responde a que las cotizaciones habían anticipado un fuerte aumento del gasto militar, cuyas perspectivas se moderaron ante las trabas presupuestarias en EEUU. A esta revisión se sumaron las tasas elevadas, los mayores costos de algunos programas militares y las presiones sobre la aviación comercial.
Las guerras y el calendario electoral condicionan las estrategias de inversión
La corrección bursátil refleja una de las principales contradicciones que enfrenta la industria de defensa. Mientras los conflictos internacionales impulsan la demanda de armamento, también provocan aumentos en los precios de la energía que presionan la inflación y las tasas de interés.
Según explicó Núñez, este encarecimiento del financiamiento reduce el valor presente de las ganancias futuras de las compañías y eleva el costo de sostener el gasto militar. De esta manera, las mismas guerras que favorecen el crecimiento de sus negocios pueden perjudicar sus cotizaciones.
A estas presiones económicas se suma la incertidumbre sobre cuánto del gasto militar anunciado por EEUU terminará convirtiéndose en nuevos contratos. En ese sentido, Ortiz destacó que el presupuesto base solicitado para el Pentágono, de u$s1,15 billones, contempla un incremento del 15% y cuenta con respaldo bipartidario. Sin embargo, el financiamiento extraordinario continúa sujeto a las negociaciones del Congreso, por lo que las elecciones legislativas del 3 de noviembre serán determinantes para las expectativas del sector.
La incertidumbre tampoco terminará con los comicios. El 11 de diciembre vence la prórroga presupuestaria que, según Ortiz, mantiene paralizada la puesta en marcha de más de 150 programas militares, mientras que en enero las compañías presentarán sus proyecciones para 2027. Ambas instancias permitirán evaluar en qué medida el aumento previsto del gasto público podrá traducirse en mayores ingresos, especialmente en proyectos que dependen de fondos adicionales, como el escudo antimisiles Golden Dome.
Más allá de las decisiones presupuestarias, la evolución de los conflictos internacionales también condicionará las perspectivas de crecimiento. Un eventual acuerdo de paz en Ucrania podría reducir la urgencia de nuevas contrataciones y provocar otra corrección bursátil. No obstante, Ortiz consideró que la reposición de los arsenales utilizados durante la guerra y la decisión europea de fortalecer su autonomía militar sostendrán la demanda durante varios años, incluso si disminuyen las hostilidades.
En este escenario, ambos especialistas coinciden en que las oportunidades de inversión deben buscarse de manera selectiva, priorizando compañías con contratos consolidados y menor dependencia de decisiones presupuestarias puntuales.
Dentro del mercado estadounidense, Ortiz destacó a Lockheed Martin por su cartera de pedidos, sus perspectivas de crecimiento y una valuación cercana a 19 veces ganancias, aunque recomendó ingresar de manera escalonada ante la incertidumbre que todavía rodea al programa F-35. Núñez también señaló a esta compañía y a RTX por su exposición a sistemas antimisiles, si bien Ortiz advirtió que la segunda presenta una valuación más exigente, cercana a 26 veces ganancias.
Para quienes buscan mayor estabilidad, Ortiz destacó a General Dynamics, cuyos contratos de construcción de submarinos ofrecen visibilidad de ingresos a largo plazo. En cambio, identificó una oportunidad de mayor riesgo en L3Harris, uno de los principales fabricantes estadounidenses de motores de cohetes, mientras prefirió esperar una recuperación de los márgenes antes de considerar a Northrop Grumman.
En Europa, donde el aumento del gasto militar ofrece perspectivas de crecimiento más elevadas, las valuaciones también exigen cautela. Por ese motivo, Ortiz priorizó a Thales, Leonardo y BAE Systems, que presentan una combinación más favorable entre diversificación, resultados y precios de mercado.
Finalmente, para quienes prefieran diversificar mediante fondos cotizados, el analista propuso combinar un ETF estadounidense con otro europeo. Núñez, por su parte, advirtió que el ITA también mantiene una exposición considerable a la aviación comercial, cuyos resultados responden a factores diferentes de los presupuestos militares. Así, el desafío para los inversores no será solamente identificar qué empresas se beneficiarán del rearme, sino determinar cuáles ofrecen ese potencial de crecimiento a valuaciones atractivas.