La industria de fondos comunes de inversión (FCI) atraviesa una transformación marcada por la pérdida de atractivo de las estrategias de liquidez inmediata y el creciente interés por vehículos con mayor gestión profesional del riesgo.
Los FCI money market y las cuentas remuneradas ofrecen rendimientos cada vez más bajos: entre 12,5% y 18%, equivalentes a 1,04% y 1,5% mensual.
Los FCI money market y las cuentas remuneradas ofrecen rendimientos cada vez más bajos.
La industria de fondos comunes de inversión (FCI) atraviesa una transformación marcada por la pérdida de atractivo de las estrategias de liquidez inmediata y el creciente interés por vehículos con mayor gestión profesional del riesgo.
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El fenómeno, impulsado por tasas reales negativas en pesos, inflación en dólares y una mayor necesidad de preservar poder adquisitivo, está provocando una migración de carteras hacia fondos T+1 y productos de renta fija con mayor duración.
Según un informe de Mills Capital Asset Management, la caída de las tasas nominales en pesos modificó el equilibrio tradicional entre liquidez y rendimiento. La tasa TAMAR de plazos fijos privados alcanzó un máximo de 67% nominal anual en septiembre de 2025 y descendió de forma ininterrumpida hasta tocar 21,4% el 12 de junio de 2026, estabilizándose luego en torno a 22,5%.
En paralelo, los fondos money market y las cuentas remuneradas ofrecen rendimientos cada vez más bajos: entre 12,5% y 18%, equivalentes a 1,04% y 1,5% mensual. El problema es que esos retornos ya no logran compensar la inflación, generando una tasa real negativa para quienes mantienen saldos líquidos.
La consecuencia más visible es el cambio en la composición del patrimonio de la industria. Históricamente, los fondos money market llegaron a representar 80% del total administrado por los FCI. Hoy ese porcentaje cayó a 59%, y dentro de ese número 10 puntos porcentuales corresponden a money markets en dólares.
Es decir, los inversores comenzaron a desarmar posiciones de liquidez inmediata para buscar alternativas con mayor rendimiento.
El informe señala que las tesorerías corporativas ya no pueden limitarse a administrar caja de manera pasiva. Para reducir la pérdida de valor real, muchas empresas extendieron el horizonte de inversión hacia fondos T+1 y estrategias discrecionales que combinan Lecaps y bonos CER, llevando la duración promedio de sus carteras a rangos de 0,5 a 1,5 años.
Los números muestran por qué crece el interés por estos productos:
La segunda gran tendencia es el movimiento del ahorro en moneda extranjera. Los depósitos privados en dólares crecieron de u$s30.380 millones en mayo de 2025 a u$s38.828 millones en mayo de 2026, un aumento de u$s8.448 millones (27,8%).
Sin embargo, el tipo de cambio dejó de ser un refugio automático: el dólar minorista retrocedió desde $1.523,75 en septiembre de 2025 hasta $1.452,55 en junio de 2026, una baja nominal cercana al 7%.
Con inflación acumulada y dólar estable, mantener billetes o cuentas al 0% anual implicó una pérdida de poder de compra en dólares. Por eso, parte de esos fondos comenzó a dirigirse hacia la industria de FCI en moneda dura, cuyo patrimonio ya ronda u$s15.000 millones.
Dentro de ese universo, los money market en dólares pagan apenas 0,099% a 0,25% mensual, mientras que la demanda corporativa se orienta cada vez más hacia obligaciones negociables de empresas energéticas, agroindustriales y exportadoras, buscando rendimientos anuales que, en escenarios favorables, puedan acercarse a los dos dígitos.