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18 de agosto 2026 - 11:02

Obsesión dólar: pulseada oficial por los $1.500, mercado atrincherado y "dos balas" para destrabar la economía

El Gobierno volvió a poner el tipo de cambio en el centro del programa: intervino -junto con el BCRA-, convalidó tasas más altas y flexibilizó los créditos en dólares. El mercado se cubre en futuros y dólar linked, aunque no se anticipa, por ahora, un salto cambiario para los próximos meses y el inicio de 2027.

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Los $1.500 por dólar dejaron de ser una cotización en sí: se transformaron en el punto donde se cruzan la inflación, las reservas, el crédito y, sobre todo, la confianza.

Apenas $4,50. Esa es la distancia que separa al dólar mayorista, que cerró la segunda semana de agosto en $1.487,50, de los $1.492 que defendió Scott Bessent, secretario del Tesoro de EEUU, el 24 de octubre de 2025, en la rueda previa a las elecciones legislativas del año pasado. Entre una punta y otra hubo de todo. El tipo de cambio oficial cerró 2025 en $1.455, luego de una baja nominal lenta y errática. Ya en 2026 encadenó tres meses de retroceso, aun con un Banco Central (BCRA) que había empezado a comprar reservas de manera sostenida. El carry trade se había convertido otra vez en la estrategia ganadora.

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Esta baja se produjo con un contexto externo menos amigable. El inicio de la guerra en Medio Oriente impulsó un avance de 3,3% del dólar global en marzo, en medio de una mayor aversión al riesgo y una Reserva Federal con señales más restrictivas. No alcanzó para alterar una dinámica local que combinaba oferta de divisas, tasas en pesos todavía atractivas y expectativa de estabilidad cambiaria. Con ingresos de la cosecha y de Vaca Muerta, liquidaciones de Obligaciones Negociables (ON) y préstamos en moneda dura, el dólar tocó su mínimo anual el 15 de abril: $1.359. Hasta entonces, no sólo había perdido contra una inflación acumulada cercana a 10%, sino que también había caído 6,6% en términos nominales.

Desde allí empezó otra etapa. El dólar rebotó 0,7% en abril y 1,2% en mayo. En junio pegó el mayor salto mensual en casi un año, 5,3%, en sintonía con las monedas de la región. En julio, en cambio, volvió a estabilizarse: avanzó apenas 0,2%, misma variación que registra hasta el momento agosto. Dato: en lo que va del año, el dólar oficial sube 2,2%, frente a una inflación en torno al 20%.

La demanda de cobertura se cuadruplicó en tres meses

La aparente calma de julio escondió quizás el dato más relevante. Mientras el dólar casi no se movía, el mercado aceleró la demanda de cobertura que había comenzado a aumentar desde junio. El Tesoro amplió la oferta de instrumentos dólar linked, el BCRA intervino en futuros y mediante bonos atados al tipo de cambio, y Economía incluso vendió cerca de u$s145 millones en el mercado oficial hacia el cierre del mes.

La respuesta privada fue una posición defensiva: futuros y bonos dólar linked, además de las compras de billetes por parte de ahorristas. Ahí se concentra la pulseada de esta etapa: el Gobierno busca que los $1.500 se conviertan en una expectativa de estabilidad; el mercado todavía lo considera un precio que conviene cubrir.

PPI estima que el stock de instrumentos cambiarios del sector público en manos privadas pasó de u$s3.211 millones al cierre de mayo a u$s12.118 millones en agosto. Se cuadruplicó en menos de tres meses.

El Gobierno priorizó el dólar, aun a costa de tasas más altas

La principal definición de las últimas semanas fue de prioridades. Entre aliviar las tasas para una economía con crédito frenado y actividad débil o evitar que el dólar volviera a superar los $1.500, el Gobierno eligió lo segundo. La decisión tiene una razón inmediata. La inflación de julio fue de 2,1%, cortó la desaceleración de los tres meses previos y reubicó al tipo de cambio como la variable más sensible del programa. Con ese antecedente, Economía y el BCRA buscaron que la corrección de junio no tuviera una segunda vuelta ni alimentara otra ronda de cobertura.

El costo de la estrategia apareció en la tasa y en las reservas. El BCRA moderó sus compras de divisas para no agregar presión sobre el mercado (en la primera semana de agosto el promedio diario fue de apenas u$s22 millones, el menor en lo que va del año), mientras la liquidez en pesos siguió mucho más ajustada que en las semanas previas. La caución pasó de una TNA cercana a 20% a otra en torno a 23%.

La estrategia, es cierto, consiguió bajar la tensión cambiaria, al menos de corto plazo. El interés abierto en ROFEX, que había saltado de u$s2.790 millones en mayo a u$s4.526 millones en julio, retrocedió a la zona de u$s4.000 millones. La demanda de cobertura aflojó, aunque quedó muy por encima de los niveles previos a la corrección cambiaria.

Otra consecuencia negativa del techo virtual de $1.500 se observó en los activos argentinos. El Comité de Inversiones de Criteria advirtió que “la cercanía del dólar mayorista a $1.500 comenzó a condicionar la política cambiaria”. La defensa de ese nivel limita el margen para acumular reservas y vuelve más exigente el manejo simultáneo del tipo de cambio, las tasas y la liquidez.

Aunque no todo el castigo a los bonos se explica por el dólar. El riesgo país escaló hasta 489 puntos básicos, con una suba de 19% en dos semanas, y el S&P Merval medido al CCL cayó debajo de los u$s1.900, mínimos de tres meses. Econviews señaló que el deterioro del índice que mide J.P. Morgan fue mayor al de países comparables, como Ecuador y Egipto, y lo vinculó sobre todo con el empeoramiento de la imagen del Gobierno en las encuestas.

El Gobierno logró sostener la zona de $1.500, pero ahora necesita que esa estabilidad no se convierta en tasas permanentemente más altas, menor acumulación de reservas y una economía sin recuperación.

Los dólares que se compran

La obsesión no está solamente en los futuros ni en los títulos dólar linked. También persiste entre los ahorristas. El último informe cambiario del BCRA mostró que las personas humanas compraron en junio u$s2.445 millones netos en billetes y divisas sin fines específicos. En el primer semestre acumularon u$s15.300 millones. Son cerca de 1,5 millones de personas que compran, en promedio, unos u$s2.000 millones mensuales desde comienzos de año. Lo positivo: una porción relevante permanece dentro del sistema financiero y, por lo tanto, no golpea en forma inmediata sobre las reservas. De todos modos, constituye el trasfondo de la pulseada: aun con el dólar estable, el ahorro privado sigue buscando cobertura.

A ese flujo se agregan otros factores que limitan la oferta neta de divisas. En junio, las empresas giraron u$s1.023 millones en utilidades y dividendos, una cifra que no se veía desde 2010. La liquidación acumulada del comercio exterior, a la vez, quedó por debajo de la del año pasado, pese a una campaña agrícola de mayor valor.

Las “dos balas” para reactivar: crédito en dólares y fondeo del FGS

Defender los $1.500 no alcanza si la economía no recupera aire. Con el crédito en pesos planchado por tasas reales positivas y una mora que alcanzó niveles récord, el Gobierno decidió mover piezas. Por un lado, flexibilizó el acceso de empresas al crédito en dólares y, por otro, reveló que estudia usar el horizonte de inversión del FGS de ANSES para generar fondeo bancario de largo plazo.

La primera “bala” apunta a los dólares que ya están dentro del sistema financiero (para los que están afuera, espera la aprobación de Inocencia Fiscal II). Los depósitos en moneda extranjera superan los u$s43.000 millones. La nueva norma habilita a los bancos a financiar empresas no exportadoras hasta el equivalente al 15% de esos depósitos, con mayores exigencias de capital y evaluación del riesgo cambiario de cada tomador.

El potencial ronda los u$s6.000 millones, aunque su impacto efectivo dependerá de que las empresas acepten asumir deuda en dólares con ingresos mayormente en pesos. Para el Gobierno, la operación tendrá un doble efecto: financiar inversión privada (que no termina de arrancar) y, por la obligación de liquidar las divisas en el MULC, sumar oferta al mercado oficial. Si ambas piezas encajan, el crédito puede aportar algo aire a la actividad sin descomprimir la defensa cambiaria.

La segunda “bala” apunta al mercado hipotecario. Caputo confirmó que Economía trabaja con Capital Humano en un mecanismo para que el Fondo de Garantía de Sustentabilidad de ANSES licite plazos fijos de largo plazo entre los bancos. Se trata de que el FGS ofrezca fondeo a varios años para achicar el descalce entre depósitos cortos y créditos que pueden extenderse durante décadas.

La combinación busca mover las dos puntas del mercado inmobiliario: crédito en dólares para desarrolladores y fondeo de largo plazo para que los bancos amplíen la oferta hipotecaria a los compradores. El REM prevé una caída de 0,4% trimestral en el segundo trimestre, antes de una recuperación de 1% tanto en el tercero como en el cuarto. El Gobierno busca que el crédito ayude a que esa mejora ocurra. Por ahora, son medidas en etapa inicial. La misma confianza en que el dólar seguirá bajo control que puede generar oferta de divisas será la que defina si empresas, bancos y familias se animan a transformar estas herramientas en inversión, construcción y consumo.

Dólar: qué precio le pone el mercado hasta 2027

Por lo pronto, las proyecciones no muestran un dólar congelado para los próximos meses. Muestran una suba administrada. El REM de julio proyecta un mayorista de $1.512 para agosto, $1.546 para septiembre, $1.577 para octubre, $1.618 para noviembre y $1.652 para diciembre. Desde el cierre de $1.487,50 del viernes, esa última cifra implica un avance de 11,1%, o $164,50.

El recorrido mensual implícito en el REM es de 2,25% entre agosto y septiembre, 2,01% en octubre, 2,60% en noviembre y 2,10% en diciembre. Es una depreciación algo superior a la inflación promedio de 1,85% que el relevamiento espera para lo que resta del año: una corrección real gradual, sin un salto discreto.

Los futuros de A3 son más cautos. La curva del viernes ajustó en $1.501,50 para agosto, $1.527,50 para septiembre, $1.556 para octubre, $1.586,50 para noviembre y $1.616,50 para diciembre. El último precio supone una suba de 8,7% desde el mayorista actual, unos $129, y queda $35,50 por debajo de la proyección del REM. Entre septiembre y diciembre, los futuros descuentan una depreciación promedio de 1,86% mensual, casi idéntica a la inflación esperada. La tasa TAMAR que proyecta el REM, cercana a una tasa efectiva mensual de 1,9%, queda apenas por encima del IPC previsto, pero prácticamente empatada con el rendimiento implícito de cubrirse en futuros.

La curva se extiende a 2027: $1.648 en enero, $1.678 en febrero, $1.710 en marzo, $1.741 en abril, $1.772 en mayo, $1.805 en junio y $1.836 en julio. Por ahora, no incorpora un salto asociado al año electoral en los primeros siete meses de 2027. Sí descuenta un dólar que sigue subiendo de manera ordenada, a un ritmo de entre 1,7% y 2% mensual.

Esa es la promesa que el Gobierno debe sostener: que el dólar no quede quieto, pero tampoco se escape; que la tasa retenga pesos sin asfixiar más al crédito; y que los dólares que hoy sirven para cobertura pasen a financiar inversión y actividad. Al menos por ahora, los $1.500 dejaron de ser una cotización en sí: se transformaron en el punto donde se cruzan la inflación, las reservas, el crédito y, sobre todo, la confianza.

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