Argentina y Gandhi

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Entre las traducciones que con su firma ha encarado el editor de «Noticias», Jorge Fontevecchia, la última fue sobre la India.
Aunque se equivoca al decir que el motivo de la huelga de hambre de
Mahatma Gandhi previa a que lo asesinaran (1948) fue para exigir que su país -recién liberado del Imperio Británico- aceptara pagar una deuda de 500 millones de dólares a su agresivo vecino Pakistán, el hecho es importante. En realidad, esa huelga del legendario pacificador indio fue para terminar con la matanza entre la mayoría hindú y los musulmanes, que lograron su territorio separado (en realidad obtuvieron dos, con la India en el medio, porque el otro correspondía a lo que hoy es Bangladesh). Para Gandhi -según su mejor biografía, la de Romain Rolland-, la división del territorio indio fue una gran contrariedad a sus más de 39 años de lucha. Pero lo aceptó e hizo la huelga de hambre para que todos los indios lo sobrellevaran también sin sangre. Allí incluyó el pago al vecino pese a que Pakistán, con ese dinero, podía armarse contra la India en su permanente lucha por el territorio de Cachemira (de hecho hoy Pakistán, como la India, tiene bombas nucleares). Insistió porque -si Fontevecchia tradujo o hizo traducir bien- «India debía dar un ejemplo moral y cumplir con su deuda» (India aceptó y pagó).

El dato tiene valor porque una de las teorías más erradas que esboza Néstor Kirchner es que «si pago la deuda, la Argentina no crece». La verdad es que los países del mundo que han crecido han honrado sus deudas por la razón simple de que en naciones en desarrollo nunca el capital doméstico alcanza para el monto de inversiones que necesita su crecimiento. India, por aquel ejemplo de Gandhi, de hecho duplica hoy su producto cada 5 años y se calcula que a mitad de este siglo, junto con China y Estados Unidos, será una de las economías más fuertes.

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