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10 de abril 2026 - 12:29

Bernardo Houssay: la historia del primer Nobel argentino y por qué hoy celebramos al investigador científico

El médico obtuvo el máximo reconocimiento en 1947 por sus estudios sobre la glándula hipófisis y el control del azúcar en sangre.

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En 1982, la UNESCO estableció el Día Mundial de la Ciencia y la Tecnología en su honor.

Cada 10 de abril, se celebra el Día del Investigador Científico en Argentina, una fecha que coincide con el nacimiento de Bernardo Alberto Houssay.

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Médico, fisiólogo y docente, fue el primer latinoamericano en obtener el Premio Nobel en Ciencias, un reconocimiento que en 1947 lo ubicó en la mirada internacional por sus estudios sobre la regulación hormonal del metabolismo. Un hallazgo decisivo para el futuro desarrollo de los tratamientos para la diabetes.

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Quién fue Bernardo Houssay, el pionero de la ciencia en América Latina

Bernardo Alberto Houssay nació en Buenos Aires en 1887 en una familia de inmigrantes franceses. Desde muy chico mostró una capacidad intelectual fuera de lo común: se recibió del secundario a los 13 años en el Colegio Nacional de Buenos Aires, a los 17 obtuvo el título de farmacéutico y a los 23 se graduó como médico en la Universidad de Buenos Aires (UBA) con diploma de honor.

Luego, comenzó a vincularse con el Instituto Bacteriológico Nacional (actual Instituto Malbrán), donde trabajó en estudios de sueros y toxinas, y participó en campañas sanitarias vinculadas a antídotos contra venenos de serpientes.

En 1919 fundó el Instituto de Fisiología en la Facultad de Medicina de la UBA, un espacio que transformó la forma de hacer ciencia en nuestro país. Ahí impulsó una metodología basada en la investigación experimental, la formación de equipos y la producción constante de conocimiento.

Ahí también conoció a María Angélica Catán, quien sería su esposa y colega.

Desde ese espacio formó a generaciones de científicos que luego tendrían impacto internacional, entre ellos Luis Federico Leloir, futuro Premio Nobel de Química.

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En paralelo, comenzó a desarrollar una carrera académica que lo convirtió en uno de los principales referentes médicos del país. Su obra “Fisiología humana”, publicada en 1954 junto a figuras como Eduardo Braun Menéndez, Virgilio G. Foglia y Oscar Orías, fue traducida a varios idiomas, lo que facilitó la divulgación de la ciencia argentina.

También fue autor de más de 500 trabajos, recibió 29 títulos de doctor Honoris Causa, integró 55 academias científicas y 139 sociedades profesionales.

Houssay falleció el 21 de septiembre de 1971, en Buenos Aires, y su imagen integra el Salón de la Ciencia de la Casa Rosada.

"Cuando muera no quiero estatuas, placas, premios, calles o institutos. Mi voluntad es que no se haga nada de eso. Mis esperanzas son otras. Deseo que mi país contribuya al adelanto científico y cultural del mundo actual, que tenga artistas, pensadores y científicos que enriquezcan nuestra cultura y cuya obra sea beneficiosa para nuestro país, nuestros compatriotas y la especie humana", explicó.

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El descubrimiento que cambió la medicina: ¿por qué recibió el Premio Nobel?

El reconocimiento internacional llegó en 1947, cuando Houssay fue distinguido con el Premio Nobel de Fisiología y Medicina por sus estudios sobre el papel de la hipófisis en el metabolismo de los hidratos de carbono y la regulación del azúcar en sangre.

A partir de estudios experimentales con animales y observaciones clínicas, demostró que la glándula influía directamente en la acción de la insulina y en el equilibrio de la glucosa.

El hallazgo permitió reinterpretar el funcionamiento del sistema endocrino y abrió nuevas líneas de investigación sobre la diabetes, una enfermedad que ya en ese momento representaba un problema global y para la que se comenzó a desarrollar tratamientos más precisos.

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10 de abril: el origen del Día del Investigador Científico en Argentina

El 10 de abril fue establecido en Argentina como el Día del Investigador Científico por el nacimiento de Bernardo Houssay; y, desde 1982, la UNESCO instituyó el Día Mundial de la Ciencia y la Tecnología en su honor.

Pero, la fecha también busca reconocer a quienes hoy continúan desarrollando tareas en universidades, institutos y centros de todo el país.

En la actualidad, la ciencia argentina atraviesa un escenario desafiante, marcado por un contexto de desfinanciación y restricciones presupuestarias que impactan directamente en el desarrollo de investigaciones, la incorporación de nuevos becarios, la actualización de equipamiento y las condiciones laborales.

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Estos factores ralentizan el avance de proyectos en curso y generan incertidumbre sobre la continuidad de líneas de trabajo que, en su mayoría, requieren planificación a largo plazo, especialmente en áreas como la salud, la biotecnología, la energía y la tecnología aplicada.

A pesar de estas dificultades, el sistema argentino mantiene una estructura activa, con especialistas que continúan produciendo conocimiento en condiciones más que complejas.

Así, la jornada es un momento para reflexionar que a investigación no es un gasto accesorio, sino una inversión estratégica para la soberanía y el crecimiento de un país.

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La creación del CONICET y el impulso a la ciencia nacional

Uno de los aportes más trascendentes de Bernardo Houssay fue su rol en la institucionalización de la ciencia en la Argentina. En 1958 impulsó la creación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), con el objetivo de organizar, financiar y profesionalizar la actividad del sector en el país.

El organismo representó un cambio estructural: permitió consolidar la carrera del investigador como una actividad de tiempo completo, con estabilidad laboral, evaluación de proyectos y acceso a capital.

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Hoy articula institutos en todo el país y promueve el trabajo conjunto entre universidades, centros de estudio y laboratorios, abarcando disciplinas que van desde la medicina y la física hasta las ciencias sociales y la ingeniería.

Un tiempo antes, en 1934, había fundado la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias (AAPC), bajo los mismos principios.

“Los países ricos lo son porque dedican dinero al desarrollo científico-tecnológico, y los países pobres lo siguen siendo porque no lo hacen. La ciencia no es cara, cara es la ignorancia”, detalló el propio Houssay.

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