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21 de noviembre 2008 - 00:00

Como una diva, se sintió por encima de los estilos

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Eludió otra vez los protocolos.Llegó veinte minutos tarde para la foto, en ocasión de la cumbre del G-20 el sábado pasado, y así Cristina de Kirchner logró un propósito adicional del viaje: llamó la atención (el mismo expediente lo usaba Carlos Menem cuando era presidente y tenía el mismo personal de ceremonial que aconseja esas picardías). Sonrió y se presentó ante las cámaras como una diva, aun algo más discreta que en otros encuentros entre mandatarios, con un tailleur negro a rayas blancas. La dama argentina dio que hablar en todo el mundo por su look de alfombra roja y también por la impuntualidad, finalmente un viejo recurso femenino que reza que es mejor hacerse esperar en las citas, así se genera mayor expectativa.

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Es un detalle admisible para una estrella, no para una funcionaria, lo que despertó críticas en varios medios internacionales; lo mismo le ocurrió con la ropa por una exagerada mezcla de estilos, colores y texturas para un mismo acto. Como en cada viaje, la dama encargó distintos modelos a su modista Susana Ortiz, los suficientes como para hacer tres cambios en el día. Todas las prendas parecieron estar marcadas por la premisa de conservar la sobriedad, ya que no podría ser de otro modo en una cumbre sobre la crisis financiera, pero ella no puede evitar los toques de glamour, como para asegurarse no pasar inadvertida.

En su primer día fuera de la Argentina, en Washington, fue la única que se destacaba en la foto con un conjunto rayado ante el grupo de presidentes todos de negro. Para el resto de las jornadas no faltó la mezcla, que ya caracteriza a la Presidente y que muchos asesores de imagen califican como « falta de estilo».

Bastó con observar las combinaciones que usó el domingo para su viaje a Argelia, con un look demasiado barroco no bien llegó a aquel país. Se mostró con un vestido y saco tipo spolverino con estampado negro y beige, que completó con la gargantilla de oro macizo que ya usó en reiteradas oportunidades. Luego, en la recorrida, prefirió un atuendo más ejecutivo, de falda tubo negra y camisa de algodón blanca, un clásico. Para reunirse con el presidente de Argelia, en cambio se puso un traje azul marino de pantalón con camisa de gasa en tono rosado, y cartera Hermés en cuero manteca. Una vestimenta prolija, salvo por un detalle: el corte del pantalón era Oxford -demasiado juvenily, como si esto fuera poco, le quedaba corto.

  • Lentes solares

  • Otro detalle llamó la atención ese día, cuando se encontró con el mandatario, Cristina de Kirchner no se sacó en ningún momento los lentes de sol, quizá por una infección ocular imprevista, o falta de tiempo para el rímel, nadie cree que la descortesía tuviera fundamento en querer ostentar sus nuevas gafas para las cámaras, como hacen las estrellas de cine. Un gesto inadecuado para las reunionesformales, sin duda. El lunes llegó a Túnez vestida de negro con un piloto brilloso en camel y un sobre de cocodrilo azul y plata, dos ítems que juntos nada tenían que ver, como si le hubieran revuelto la maleta intercambiando incómodamente las prendas.

    Comenzó su recorrida por esas tierras el martes, con un vestido camisero inspirado en la moda de los sesenta, negro a lunares blancos, más apropiado que el demodé de los noventa que eligió luego, para la entrevista con el mandatario. Llegó con una falda terracota (un color que no se usa desde 2006) fruncida en la parte delantera, un efecto sólo permitido para las más delgadas, ya que a los cuerpos con caderas pronunciadas como el de Cristina de Kirchner no los favorecen porque acentúan aún más esa parte en lugar de estilizarlos.

    Completó con blusa de raso dorada con estampado arti (similar a las pinceladas de un cuadro), y un saco recto en negro con botones dorados, de corte masculino, que en nada combinaba con la línea ajustada de la pollera.

    El miércoles, vestido de shantu-celeste hielo y cinturón ancho para marcar el talle avispa en cuero plateado. Un conjunto moderno, aunque se equivocó al completarlo con su ya conocido Rolex Presidente. Es sabido que Cristina de Kirchner nunca se saca ese accesorio de la muñeca, pero debería saber que la suma de plata y oro no está permitida en las reglas de los diseñadores de alta costura.  

  • Clásicos

    Se cambió de atuendo para firmar acuerdos bilaterales y eligió un vestido verde militar y un saco de cuello Mao en verde lima que le duró pocas horas, ya que para ver a las momias en el Museo de El Cairo, la mandataria argentina prefirió un outfit sport, estilo «explorador» de pantalones y trench nacarado en tono cemento y bolso marrón. Ayer volvió a lo clásico, o al menos sus clásicos, el rosa pálido, tono que prefiere para determinados acontecimientos y que ya le aseguró el éxito en varias oportunidades, cuando logró captar todas las miradas como en el homenaje al ex presidente Alfonsín. Esta vez, lo llevó en un saco floreado por debajo de la rodilla que combinó con un vestido al cuerpo y zapatos, como siempre engamados, que le daban un toque demasiado aniñado.

    Más tarde, para reunirse con el mandatario del país árabe prefirió un palazzo negro y camisa rosada, demostrando, nuevamente que su estilo es tan versátil como para cambiar de acuerdo con el paisaje y sin tener presente la ocasión
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