«En la calle, la imaginación perdió el poder.» Así piensa Andrew Witten, famoso artista neoyorquino del graffiti, al ver que empresas como Nike, Toshiba, Levi Strauss y hasta Louis Vuitton han contratado a quienes, en otros tiempos, fueron pintadores ilegales de paredes, trenes y de cuanta superficie se les pusiera al paso. «Futura» (Lenny McGurr) y «Stash» (John Franklin) fueron varias veces a la cárcel por pintar donde no los dejaban. Hoy hacen diseños para Nike y participan en un proyecto artístico en Wall Street, patrocinado por el Deutsche Bank. «Graffiti es rebeldía», dijo Witten. «Estas empresas y estos museos lograrán, finalmente, lo que nunca pudo la policía: matar al graffiti.»
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