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La detención se produjo en el Palacio de Tribunales, luego de que el hombre, identificado como Gastón Marino, fue sometido a una rueda de reconocimiento y fue señalado por dos testigos como quien luego del homicidio viajó con el pequeño en un interno de la línea 110 con un cuchillo en la cintura.
Fuentes judiciales dijeron a Télam que la Policía ubicó a Marino esta mañana en su vivienda de la localidad bonaerense de Guernica y lo trasladó ante el juez de instrucción subrogante Jorge De Santo para un "comparendo", pero después de la rueda de reconocimiento, quedó detenido.
Durante el interrogatorio, el joven aseguró que había estado trabajando en la casa de la familia Barbero con otros operarios y que conocía a la víctima porque la había visto varias veces mientras cuidaba al nene.
Sin embargo, negó terminantemente haber cometido el crimen y afirmó que ese día estuvo en la casa de su novia, también en Guernica, y que tanto ella como su suegro pueden dar testimonio de eso, por lo que mañana serían convocados a declarar.
Marino afirmó que su suegro fue quien le consiguió el trabajo en la casa de Paternal y otros que realizó previamente.
El albañil fue reconocido por una chica que el día del asesinato lo vio a bordo de un colectivo de la línea 110 y le llamó la atención que viajara junto a un pequeño y con un cuchillo en la cintura, metido dentro del pantalón, el cual vio en un momento en que el hombre se agachó.
Cuando la chica llegó a su casa y escuchó la noticia del secuestro por los medios, relacionó los hechos y se presentó a declarar en la comisaría para aportar los rasgos fisonómicos del sujeto, los cuales fueron "clave" para ubicarlo, afirmaron los voceros, Además, Marino fue reconocido por el chofer del colectivo en el que viajó ese día, ya que hizo un extenso recorrido: aparentemente lo tomó cerca de la casa en la que se cometió el asesinato, en La Paternal, y fue hasta Palermo. Allí, habría tomado la línea "D" del subterráneo y combinado con el ramal "C" hasta Constitución, desde donde habría ido en tren rumbo a la estación de Avellaneda, el lugar donde el niño fue encontrado deambulando por un empleado de la empresa Ferrobaires.
Ese empleado no pudo identificar a Marino en la rueda efectuada esta tarde porque lo vio "desde muy lejos" y sólo se acercó hasta donde estaba parado cuando vio que había dejado al chiquito solo, explicaron las fuentes.
Tampoco pudo aportar datos otro chofer de la línea 110 que había sido convocado para el reconocimiento, pero los dos primeros testimonios fueron "suficientes" para detener al albañil.
Lo que los investigadores pudieron reconstruir hasta ahora es que Marino trabajó en la casa de la familia Barbero, en la construcción de un "observatorio" en el tercer piso, ya que uno de los pasatiempos de la familia es la astronomía.
Una de las hipótesis que se manejan es que durante el período en que concurrió a la casa, el muchacho habría trabado relación con la niñera, Dora Gladys Sosa, y el día del crimen habría concurrido a la casa para visitarla, y como la mujer lo conocía, lo dejó entrar.
Aparentemente, ambos hablaron o discutieron en el trayecto que hay entre la entrada y una puerta de vidrio que da al jardín, ya que ese fue el lugar exacto donde la mujer fue hallada con doce puñaladas en el cuerpo.
Otra línea de investigación que no se descarta es que el sujeto haya intentado cometer un robo y que ante la resistencia de la niñera, haya optado por matarla.
Al momento del asesinato y posterior secuestro del chiquito, una mucama se encontraba limpiando la casa en los pisos superiores, pero no escuchó ningún grito y se enteró del hecho cuando bajó a la planta baja.
"En la casa comprobamos que es posible estar en los pisos superiores y no escuchar lo que pasa abajo, porque es una construcción muy particular, dado que los dueños son arquitectos", explicó uno de los investigadores, para darle credibilidad al testimonio de la mujer.
El caso, que conmocionó al barrio de La Paternal se produjo el 1 de diciembre último al mediodía en una casa propiedad de la familia Barbero ubicada en Bufano 1836, lindera a la comisaría 41.
Seis horas más tarde, el niño fue hallado deambulando en la zona del puente Aguero, detrás de la cancha de Independiente en Avellaneda, por un empleado de la empresa Ferrobaires, que inmediatamente lo llevó hasta el Hospital Fiorito.
El chico tenía manchas de sangre en su ropa -se cree que el asesino lo ensució con sangre de la niñera-, y un chichón en la frente, pero solo pudo aportar a sus padres que durante todo el tiempo estuvo junto a un hombre.