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30 de noviembre 2005 - 00:00

Las corrientes del Atlántico cambian y podrían modificar el clima de Europa

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La ola de frío afecta a todo el continente

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Un estudio que será publicado el jueves en la revista científica británica Nature señala que la corriente tibia que baña las costas europeas registró en medio siglo una baja de 30% de su flujo.

El sistema de corrientes del Atlántico está formado por una parte "ascendente" cálida, el célebre Gulf Stream, prolongado por la deriva norte del Atlántico, y dos ramas "descendentes" que llevan, por el este y el oeste, sus aguas enfriadas hacia el Ecuador, donde vuelven a calentarse.

El autor de este estudio, el profesor Harry Bryden, del centro Nacional de Oceanografía de la Universidad de Southampton, habla de una especie de "cinta transportadora" en la cual cada componente es indispensable para el buen funcionamiento del conjunto.

Sus conclusiones --las primeras que apoyan la antigua hipótesis de los climatólogos de un bloqueo de las corrientes atlánticas-- se basan en las observaciones suministradas por los sensores colocados al nivel del 25¦ paralelo que corta al Gulf Stream y las dos corrientes "descendentes".

Si bien su parte "ascendente" parece permanecer estable, los investigadores constataron una inquietante evolución de dos ramas "descendentes" del sistema.

- en la zona subtropical, bajo el efecto de los vientos, la corriente gira en las capas intermedias del océano.

Los volúmenes que transitan por allí aumentaron 50% desde 1957.

- en los confines de la capa glacial, las aguas enfriadas se hunden en las capas profundas del océano.

El flujo de estas "aguas profundas noratlánticas", que forman la corriente del Labrador que desciende a lo largo de las costas norteamericanas, disminuyó 50% a gran profundidad (entre 3.000 y 5.000 metros).

Los científicos dedujeron que la deriva noratlántica, que llega hasta Europa, registró un retroceso en su flujo de 20 millones de toneladas de agua por segundo en 1957, a 14 millones de toneladas de agua por segundo en 2004.

"El calor que ella transporta suministra una contribución sustancial al clima moderado de la Europa marítima y continental y toda desaceleración de la circulación oceánica tendría profundas implicaciones en los cambios climáticos", destaca este estudio.

"Los estudios precedentes efectuados durante los últimos 50 años mostraban una circulación oceánica y un transporte de calor de los dos lados del 25¦ paralelo relativamente constante. Es por eso que nos sorprendió que las cifras de la circulación oceánica en 2004 fuesen tan diferentes de las estimaciones anteriores", señaló el profesor Bryden.

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