La situación queda todavía más expuesta al observar la distribución de los resultados. El 49% de los estudiantes argentinos se ubicó por debajo del nivel 1a y otro 27% alcanzó apenas el nivel 1. Solo el 24% llegó a los niveles 2, 3 o 4 y prácticamente no hubo alumnos en los niveles más altos: el informe registra 0% en el nivel 5 o superior (ver gráfico 1). El contraste con la OCDE también es significativo. Mientras el 76% de los estudiantes argentinos está por debajo del nivel mínimo, el promedio de los países que integran la organización es del 35%. Además, el 8% de los estudiantes de la OCDE alcanza los niveles 5 o superiores, frente a prácticamente ningún estudiante argentino.
Porcentaje de estudiantes según nivel de desempeño. Matemática. Países seleccionados de la región y promedio de los países de la OCDE. Año 2025. Ordenado de mayor a menor proporción de estudiantes por debajo del nivel 2.
Argentinos por la educación
Para la especialista, el desafío ahora es lograr que Matemática alcance el mismo nivel de prioridad que en los últimos años consiguió la alfabetización. El deterioro necesita transformarse en diagnóstico, debate público y política educativa sostenida. La experiencia reciente en Lectura, según Vallejo, muestra que los resultados no cambian de manera inmediata, pero que la instalación de un problema en la agenda puede convertirse en el primer paso para revertirlo.
Puntaje en las pruebas PISA. Matemática. Países seleccionados de la región y promedio de los países de la OCDE. Años 2006, 2009, 2012, 2018, 2022 y 2025
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Lectura y Ciencias: también hubo retrocesos
La caída no quedó limitada a Matemática. En Lectura, Argentina obtuvo 389 puntos, 12 menos que en 2022, cuando había alcanzado 401. El país quedó en el puesto 62 entre los 91 participantes y también ocupó el octavo lugar entre los 13 países latinoamericanos evaluados.
En esta área, el 59% de los estudiantes quedó por debajo del nivel mínimo de desempeño, cuatro puntos porcentuales más que en 2022. Sin embargo, detrás de ese dato hay una aclaración importante: no significa que seis de cada diez adolescentes "no sepan leer", sino que no alcanzan las habilidades de comprensión requeridas para su edad y para el nivel de exigencia de la prueba.
"No tenemos un problema de lectura crítica. Tenemos un problema de lectura", sintetizó a Ámbito Anabella Díaz, especialista en Lectura, Escritura y Educación y formadora de docentes. Según explicó, los estudiantes pueden encontrar información cuando aparece de manera explícita, pero tienen mayores dificultades para inferir lo que el texto no dice directamente, jerarquizar la información o distinguir la idea principal de un detalle secundario.
Porcentaje de estudiantes según nivel de desempeño. Lectura. Países seleccionados de la región y promedio de los países de la OCDE. Año 2025. Ordenado de mayor a menor proporción de estudiantes por debajo del nivel 2.
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La capacidad de inferir es uno de los principales desafíos. Se trata de poder conectar ideas que aparecen en distintas partes de un texto cuando no existe una señal explícita que las vincule. A eso se suma la dificultad para sostener la comprensión frente a textos extensos. "Hace años que en la escuela se lee a base de fragmentos y fotocopias sueltas, y leyendo fragmentos nadie desarrolla la resistencia que exige un texto completo", planteó Díaz.
La especialista advirtió que el problema no comienza en el secundario ni puede resolverse con una materia aislada. "Si leemos fragmentos y textos breves simplificados, estamos aprendiendo a leer breve, sencillo y fragmentado", señaló. En ese sentido, remarcó que el análisis crítico es el resultado de una trayectoria de aprendizaje: "Nadie puede discutir críticamente un texto que no terminó de entender".
La situación también aparece reflejada en los niveles más altos de desempeño. En PISA, tareas como detectar sesgos o evaluar la neutralidad de una fuente corresponden a los niveles 5 y 6. A esos niveles llega apenas el 1% de los estudiantes argentinos, es decir, uno de cada cien. Para Díaz, el error es pensar que la alfabetización termina cuando un chico logra descifrar lo que está escrito.
"A leer se sigue enseñando en tercero, en sexto, en tercer año y en quinto", sostuvo. A medida que avanza la escolaridad, los textos se vuelven más extensos, complejos y abstractos, y cada uno de esos saltos debe ser acompañado por la enseñanza. "Uno aprende a leer aquello que efectivamente lee", resumió. Por eso, planteó que la enseñanza de la comprensión no puede quedar exclusivamente en manos del área de Lengua: también hay que enseñar a leer Biología, Historia, Física y el resto de las disciplinas. La lectura, concluyó, debe ser una tarea de toda la escuela y durante los doce años de escolaridad.
En Ciencias, área que tuvo el foco principal de la edición 2025, Argentina obtuvo 393 puntos, 13 menos que los 406 de 2022. El resultado la ubicó en el puesto 71 entre los 91 sistemas educativos y nuevamente en el octavo lugar regional. El 59% de los estudiantes argentinos tampoco alcanzó el nivel mínimo en Ciencias, frente al 26% del promedio de la OCDE. Apenas el 1% llegó a los niveles 5 o superiores.
De esta manera, los tres resultados muestran una misma dirección: Argentina retrocedió en las tres áreas evaluadas respecto de 2022. El descenso fue del 2,9% en Matemática, del 3% en Lectura y del 3,2% en Ciencias.
Puntaje en las pruebas PISA. Lectura. Países seleccionados de la región y promedio de los países de la OCDE. Años 2000, 2006, 2009, 2012, 2018, 2022 y 2025.
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Argentina frente a los países de América Latina
La comparación regional muestra que el desempeño argentino se encuentra lejos de los países latinoamericanos con mejores resultados. Argentina ocupó el octavo lugar entre los 13 países de la región en las tres áreas evaluadas.
Cuando se observan los datos de la región, el retroceso argentino en Matemática no aparece como un fenómeno completamente aislado. Varios países latinoamericanos también registraron caídas en sus resultados. Sin embargo, para Lucía Vallejo, el caso argentino tiene una particularidad: "Desde 2009 el país viene cayendo de manera sostenida en los puntajes de PISA Matemática", una tendencia que confirma la existencia de un problema estructural que antecede a esta última medición.
En Matemática, el 76% de los estudiantes argentinos no alcanzó el nivel mínimo. El porcentaje fue menor en Brasil (72%), Colombia (71%), Costa Rica (70%), Perú (70%), México (69%), Chile (59%) y Uruguay (57%). Argentina quedó por encima solamente de Ecuador, El Salvador, República Dominicana, Guatemala y Paraguay en este indicador.
¿Qué diferencia a los países que lograron mejores resultados? Para Vallejo, existe un elemento central: "La educación aparece como una prioridad sostenida en la agenda pública". Esa prioridad, explicó, luego se traduce en reformas y políticas que toman en cuenta tanto las evaluaciones internacionales como las mediciones nacionales.
La diferencia, además, comienza a construirse mucho antes de los 15 años. "En muchos de estos países la mejora arranca en primaria", explicó Vallejo, al mencionar el caso de Chile, que viene mostrando mejores resultados que Argentina desde las primeras etapas de la escolaridad.
El punto resulta central para entender los resultados de PISA. Los adolescentes que hoy rinden la evaluación internacional llegan a los 15 años con una trayectoria educativa que comenzó más de una década antes. En el caso argentino, los problemas de comprensión lectora y aprendizaje ya estaban presentes en las primeras mediciones de la trayectoria escolar. "Para mejorar en secundaria primero hay que resolver los problemas de aprendizaje en primaria", resumió Vallejo.
La distribución regional permite observar también la distancia con los países de mejor desempeño. En Uruguay, por ejemplo, el 42% de los estudiantes alcanzó los niveles 2, 3 o 4 y un 1% llegó al nivel 5 o superior. En Chile, esos porcentajes fueron del 41% y 0%, respectivamente. Argentina, en cambio, concentró al 76% de sus estudiantes por debajo del nivel 2.
En el promedio de la OCDE, la distancia es todavía mayor: 57% de los estudiantes se ubicó en los niveles 2, 3 o 4 y 8% en los niveles 5 o superiores, mientras que en Argentina esos grupos representan 24% y 0%, respectivamente. Los resultados de PISA 2025 dejan así un diagnóstico especialmente crítico para Matemática: no solo cayó el puntaje promedio argentino, sino que aumentó la proporción de estudiantes que no alcanza las competencias mínimas. El desafío, según coinciden los análisis, ya no pasa solamente por mejorar los resultados de una nueva cohorte, sino por intervenir sobre una trayectoria educativa que comienza mucho antes de que los estudiantes lleguen a rendir PISA.
Qué es la prueba PISA y cómo se construyen sus rankings
La prueba PISA, diseñada y administrada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), evalúa cada tres años los conocimientos y habilidades de estudiantes de 15 años en distintos sistemas educativos del mundo. Se trata de una evaluación estandarizada, con criterios comunes para todos los países participantes y que no está vinculada a una currícula escolar específica. La primera edición se realizó en 2000 y, desde entonces, la cantidad de países y economías que participan fue creciendo. Argentina formó parte de todas las ediciones, excepto la de 2003.
La evaluación se concentra en tres áreas: Matemática, Lectura y Ciencias. A partir de los resultados obtenidos en cada una se elaboran comparaciones internacionales que permiten conocer el desempeño de los estudiantes y la posición de cada sistema educativo. En cada edición, una de las tres áreas tiene un papel central y recibe una mayor cantidad de preguntas. En PISA 2025, por ejemplo, el foco estuvo puesto en Ciencias, mientras que en otras ediciones el énfasis estuvo en Lectura o Matemática.
Además de medir los aprendizajes, PISA recopila información sobre distintos aspectos vinculados con la experiencia educativa de los estudiantes y su entorno escolar. A través de cuestionarios, se indagan factores como las estrategias de aprendizaje, las condiciones de enseñanza y otros elementos que permiten contextualizar los resultados. De esta manera, la evaluación no solo busca determinar cuánto saben los estudiantes, sino también analizar cómo aplican esos conocimientos para resolver problemas y enfrentar situaciones nuevas, tanto dentro como fuera de la escuela.