Los puntos "G" de tres "paquitas"

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Nilda Garré, Alicia Kirchner y Graciela Ocaña. Un terceto ministerial de « paquitas» en la dinastía kirchnerista, que acompaña (por ahora), desde el género y en la gestión, a la señora presidente. Las chicas de Cristina día a día tienen que demostrar que no pertenecen al sexo débil (expresión demodé, si las hay), sino al género activo. Que no está para lavar los platos ni para tejer calceta, sino para «gestionar», ese verbo que quiere definir lo indescriptible, como el gobierno con perfil de negocios del clan Newman que rodea y dirige a Mauricio Macri, o el hiperactivismo del gobernador Scioli, que no se cansa de cortar cintas inaugurales y de fotografiarse varias veces por día junto a la señora de Kirchner.

Más allá de los puntos «G» -de género y de gestión-, las tres laderas de Cristina ( llamarlas jinetas sería muy fuerte) tienen estilos y looks diferentes. Empecemos por la de más edad, Nilda Garré.

La ministra de Defensa, hay que reconocerlo, tiene belleza, ojos increíbles y estilo. Y un aura de película, aunque no precisamente hollywoodense. Según le manifestaron a esta redactora algunos señores mayores de 60, la Garré tiene un 'no-sé-qué' que les recuerda a la protagonista de las películas de Armando Bo. El negro retinto del peinado, el corte de cara, la mirada inquietante, el porte, la cadencia al caminar. Hasta la voz se le parece, como varios llegan a señalar.

Nostalgias unimembres como « Fuego» o «Carne» aparte, la ministra tiene su marca propia: rojo bombero para labios y «manicure». Siempre impecables. Si no es el bombero, en su defecto y para que combine con la indumentaria, labial y esmalte de uñas color sangre, como impuso Uma Thurman en «Blade Runner». Otra mujer a la que no se le escapan los detalles.

¿La ropa? Falda o pantalón, pero indefectiblemente tailleurs. Y siempre de línea recta, sobrios y clásicos. Nilda Garré les huye a los vestidos y a los «robe-manteau». Sabe que le sientan mejor las dos piezas porque visualmente marcan el talle y perfilan la cintura, que ya viene un tanto desdibujada. Prefiere los colores subidos, que se destaquen de tanto verde oliva y azul marino. Hay que diferenciarse de los uniformes, claro, sobre todo cuando no se es originaria, como Garré, del gremio. Rojo bermellón, magentas y obispos, de vez en cuando un fucsia, turquesa o amarillo, blanco y manteca para el verano, y algún tono habano cada tanto. Con el habano, en este caso sí con nostalgia, de aquellos tiempos juveniles y guerrilleros cuando soñaba irse de campamento a Sierra Maestra. El negro lo reserva la ministra sólo para ocasiones festivas, como la cena de Camaradería de las FF.AA. de esta semana.

Pocas veces incursiona Nilda en la gama de los azules. Si lo hace, busca un tono fuera de lo común, como el azul noche del blazer con alamares blancos en los puños -rescatado, parecería, del baúl de un almirante zarista-, y que usó en Lima cuando fue condecorada por su par peruano. No le desagrada tampoco cada tanto experimentar con el azul pizarra, el color exclusivo de la Aeronáutica argentina. Preferencia, para algunos, que indicaría dónde está, entre las tres armas, el corazón de la ministra.

  • Incorporaciones

    Luego de casi tres años de revista de tropas, de visita a guarniciones y de recorridas por vivaques, tiene Garré incorporados algunos elementos de los uniformados en su vestimenta. Que además le generan el tic de estar controlando a cada rato si sigue todo en su lugar y si el tope no se ha bajado: los cierres relámpagos, prácticos en las bolsas de dormir, en las tiendas de campaña y ahora en los sacos y chaquetas de Nilda.

    Si algún lector cree que las recurrentes cremalleras que abren y cierran su indumentaria la rebajan a un «estilo carpa», masculinizado, se equivoca. La ministra sabe matizar su look con armamento femenino. Bijouterie de buena calidad: collares a la base del cuello, otros -aunque los menos-más largos. Aros juveniles y sexies: argollas o de los colgantes tipo «chandeliers». Y pulseras. Siempre pulseras. Que al chocarse y tintinear como un cencerro, avisan a la tropa, pero la de Defensa, que la elegante ministra se acerca.

    Las Haches. Así le dicen, afectuosamente, en la jerga gubernamental, a la Hormiguita y la Hermana; Graciela Ocaña y Alicia Kirchner, las ministras de Salud y de Desarrollo Social. Aunque distintas, conforman un dueto que revolotea armónicamente alrededor de la Presidente. Tanto, que en la medida de lo posible y salvando las distancias con la figura presidencial, Graciela y Alicia no quieren ser menos que Cristina. O parecerse lo más posible a ella en lo que a lookearse se refiere.

    Graciela Ocaña es la H más cortita y compacta. Y una buena alumna de la Presidente cuando de transformarse se trata. Para constatar su evolución, baste ver una foto de la Ocaña en la época en que estuvo al frente del PAMI, durante el primer mandato de Néstor Kirchner: corte de pelo a la cacerola, con rizos cortos, armazón de anteojos grueso y sin diseño (de los recetados para beneficiarios de la tercera edad), vestida con colores anodinos, apagados, despersonalizados y difíciles de describir: rosa viejoamarillento, azulino agrisado, tiza-café con leche, gris tumba arratonado.

  • Esfuerzo

    El 10 de diciembre de 2007, a la hora de asumir, en cambio, la Hormiguita estrenó un verdadero esfuerzo de producción. Iniciaba una nueva etapa y se notó que buscaba incorporar color a su vida. Dejar el anonimato. Hacerse ver. Con esas metas, seguramente, es que lució un blazer de género estampado, de fondo color arena y con flores en tonos beige y marrón claro. No cabe duda de que la gama del «marroncito», como ella suele decir, es su preferida. Pero en el caso del equipo para la asunción, erró en la elección del género: unos florones gigantes, más correctos para tapizar con cretona a un sofá de tres cuerpos en los años 50 que para vestir a una mujer de 1,50 m Resultado: la Hormiguita 'desapareció' dentro del blazer floreado. O el saco a flores se tragó a la Ocaña. Casi lo mismo.

    Esta analista de moda no pudo lograr la confirmación de la especie, pero por los resultados es probable que la Sra. de Kirchner le haya dado alguno que otro tip a su ministra de Salud. Cristina conoce de moda, es una verdadera 'fashion-victim', y al momento de dudar o de sentirse insegura, sabe que cuenta para asesorarse o corregir el rumbo con esta columna fiel que la sigue semana a semana.

  • Colores

    La evolución de la imagen de Ocaña está a la vista. Dentro de un estilo 'desestilizado' (en una búsqueda del noestilo) hoy se anima a jugar con el color y las texturas. ¿El preferido? Un amarillo terroso, entre mostaza y yema de huevo de granja (de gallina alimentada a maíz), como el de la blusa de satén que llevó el 11 de junio debajode un saco de lana entramada de diseño escocés en tonos crudo, ocre, y beige. Acompañados por un pantalón en marroncito. El equipo, osado para los estándares de Ocaña, es casi un calco del que luciera la Presidenta tres días antes. Y la elección del brilloso satén, más apto para la hora del cóctel que para los desayunos con prestadores sanitarios, no cabe duda de que es una recreación de uno de los desaciertos de gusto que le quedan por resolver a Cristina.

    Intriga de mujeres: ¿se telefonearán jefa y subalternas por la mañana para preguntarse «¿qué te ponés?» Definitivamente no, por las simpáticas coincidencias fashion que muestran varias fotos. Como el día 23 de marzo, cuando Presidente y ministra se mostraron casi uniformadas -de negro y con detalles blancos- en un acto del Hospital Posadas. Con diferencias, claro. Cristina se jugó por las transparencias, mientras que Ocaña se quedó en un blazer con arabescos y brocatos. Cuestión de actitud. O de aplomo.

    En otras remodelaciones, además de las de la ropa, entró la Hormiguita ministra. Por ejemplo, en la elección de armazones más modernos para sus lentes. Los que ahora lleva son «nude», es decir, transparentes. Le quitan rigidez a su rostro. En cuanto a reformas capilares, también siguió el derrotero de la Presidente. Sin pegarse extensiones, claro, ya que en Ocaña el problema no es la falta sino el exceso de cabello. Por eso es que se ha dejado una melena -rizada- por debajo de la línea del hombro. Como su jefa.

  • Hermandad cristinizada

    Casi en la misma tesitura, otra Hache, la Hermana Alicia Kirchner, viene cristinizándose en materia pilosa. Como indica su cartera -Desarrollo Social-, la ministra también desarrolló un mágico volumen en su cabellera. ¿Extensiones capilares con Alberto Sanders, como Cristina? Difícil. A la Presidente no le gusta compartir diseñadores. Otro será el estilista que hoy accede a la fraternal cabeza. Pero está claro que Alicia K luce ahora una melena más leonina y juvenil. Cubrió los prehistóricos « claritos», hechos con gorra de goma y aguja de crochet ( mimetizados con sus canas) y se aplicó una base color rubio brillante para después someterse a un sentador «baño de luz». Más tiempo en la peluquería, pero mejores resultados. En cuanto al largo del pelo, la Hermana sigue la tendencia de Cristina. Corte por debajo del hombro, brushing a discreción, mechas que envuelven el óvalo del rostro. Y raya al costado, lo mismo que la Presidente.

    La ropa de Alicia sigue el «trend» que marca su cuñada. Elige géneros lustrosos como el raso y el satén para los equipos diurnos. Es decir, el exceso. Una explicación sociológica dice que la ostentación de brillos y oropeles revela una personalidad insegura. Las críticas de moda estamos por respuestas más sencillas: cuestión de gusto, bueno o malo. Y de locus (lugar). Parafraseando a Cristina, vestirse lujosamente para ir a un hospital o inaugurar un programa para los necesitados es «too much». Algo de eso hubo en el fatídico 11 de marzo, cuando Alicia y Cristina lanzaron el «Plan Ahí» para argentinos con Necesidades Básicas Insatisfechas. La Hermana presidencial se arropó en un equipo de top y falda ancha, recortada -y también trabada- a la cadera, en raso brillante gris plata. Una tropelía al recato que merecía la ocasión, lo mismo que la ahora retocada 125. En un rapto de cordura, o de frío, ese día Alicia se cubrió con un blazer negro al momento de pronunciar su discurso desde el atril.

    A diferencia de la pequeña y apocada Hormiguita Hache, la hermana de Néstor K no les teme a los colores shocking. Como la blusa de mangas abullonadas estilo pata de cordero, realizada en seda salvaje de color rojo punzó federal -aplaudida por el diputado Carlos Kunkel, compañero en militancia rosista con Raúl Moneta-. Esta vez, el «no ha lugar» no estuvo en la textura ni en el color, sino en el diseño, súper fashion, pero demasiado voluminoso para una ocasión de trabajo.

    Las Haches o «paquitas», émulas de la Presidente en cuanto a estilismo se trate, evolucionan favorablemente hacia la sobriedad. Y es de esperar que lleguen a un perfeccionamiento en el gusto, como viene haciendo Cristina.
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