Dora Barrancos disertó sobre género y ambiente: "Estamos en un cambio de época"

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El Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible organizó la charla "Gestión Pública con Perspectiva de Género", que contó con la exposición de Dora Barrancos, socióloga e historiadora feminista.

El Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible organizó la charla “Gestión Pública con Perspectiva de Género, que contó con la exposición de Dora Barrancos, socióloga, historiadora feminista, investigadora principal del CONICET y asesora ad honorem del presidente de la Nación. El encuentro formó parte de un ciclo de conversaciones sobre género y ambiente que lleva adelante la cartera ambiental con la Administración de Parques Nacionales.

Luego del saludo del ministro de Ambiente, Juan Cabandié, y de la titular de la Unidad de Gabinete de Asesores, Soledad Cantero, Barrancos celebró la realización del ciclo al que consideró importante “para encarar esta cuestión, que son las políticas de género en los días que corren”. “Estamos, una vez más lo digo, en un cambio de época, porque hay una fijación orientativa de los sentidos de la nueva gobernanza”, señaló y afirmó que “no es algo de contingencia”. En tal sentido, explicó que se trata de un proceso “largamente madurado en los preparativos de toda la fuerza a lo largo de 2019”, para transformarse “en una orientación”, que va más allá de la creación de un ministerio específico y que apunta a una articulación transversal.

La investigadora enumeró algunos avances en nuestro país en los últimos tiempos. Entre ellos: el Decreto 680, que compromete al Poder Ejecutivo a generar transversalidad de las políticas de género, con grados de articulación múltiples; el Decreto 721, referido a la obligación del Estado para admitir a personas trans en una cuota mínima de 1 por ciento; la resolución que establece que haya composición femenina y en lo posible trans para las entrevistas y actividades con el Presidente; y el Plan Acompañar, vinculado a la lucha contra todas las violencias y que reconoce a las mujeres que las padecen como sujetos de ciudadanía plena.

Además, Barrancos realizó un repaso por algunos antecedentes de las luchas feministas y cómo se volcaron en políticas de género. En tal sentido, diferenció las “políticas que se orientaban a las mujeres”, de “las políticas generizadas”, porque estas últimas comportan “preguntarse qué pasa con toda la política con relación al impacto diferencial entre los géneros”.

“Toda y cualquier manifestación del Estado tiene que hacerse con una percepción generizada”, aseveró. Desde su punto de vista, el tránsito de unas a otras se produjo luego de los años 90. Citó el ejemplo de acciones de provisión de servicios como la salud y otros básicos en Brasil en esa época, donde había “una perspectiva de asistencia a las mujeres” de sectores pobres y “favelizados”, pero también “una especie de funcional utilización de las mujeres para la aplicación de esas políticas”. Explicó que parte de las políticas focalizadas las tenía como sujetos directos y buena parte como sujetos de triangulación: “las mujeres para asistir a los niños, las mujeres para asistir a las comunidades, las mujeres para asistir a pruebas medioambientales”, en el sentido de que “se servía de ellas para esas políticas”.

“Parte de esas políticas focalizadas, de alguna manera, no tributaban un reconocimiento del estado de ciudadanía de las mujeres”, agregó. “Hoy en día hemos invertido completamente la cuestión y se trata de pensar cómo efectivamente generizamos las políticas”, aseguró

Luego, la investigadora feminista trazó una relación de estos temas con los ambientales, los que desde su punto de vista “son recientes como política de Estado”. Reconoció “una escalada concentrativa internacional que tiene que ver con la depredación del medioambiente”. “Hay una responsabilidad de escala de clases, de grupos sociales”, señaló Barrancos. Como ejemplo, explicó que las grandes depredaciones del Amazonas y otras áreas naturales no las llevan a cabo “los pueblos originarios” o “depredadores minúsculos que no tienen articulación económica”. Por el contrario, afirmó, “se trata de actores de fuerza y de poder en la escena”.

Por otra parte, en relación a los cuidados ambientales, Barrancos reconoció “una resonancia muy particular con los conjuntos femeninos”, con los que se puede trabajar gracias a su expertise particular. La posibilidad de contar para estos temas con los contingentes femeninos radicaría en que “tienen una curiosidad respetable por el mayor cuidado del medio ambiente”, apelando a su “mayor responsabilidad relativa de una modernidad que quiere respetar el medio ambiente”. “Estamos más acostumbradas a una cierta previsión de daños. Pero, insisto, no es nada del orden de la naturaleza”, argumentó la especialista. Finalmente, reconoció en esto algo del orden cultural: “Las mujeres somos poligerenciales. Tenemos idea de lo heterogéneo y del detalle de lo heterogéneo, por un problema de la instrucción”.

Barrancos también resaltó la importancia de cruzar las distintas dimensiones en el diseño de una perspectiva de trabajo de preservación, de cuidado, como una orientación integral en la cual “los aspectos generizados estén en la misma base del planteo medioambiental”. También destacó la necesidad de establecer estas cuestiones “como incentivos fundamentales para la sobrevivencia”. “Una ética del cuidado que tiene que ver con los colectivos, con la posibilidad de vida colectiva”, agregó y también afirmó: “Cuidamos a la naturaleza no por un principio esencialista. La cuidamos porque ella efectivamente puede seguir dándonos muchas más oportunidades de hábitat”.

“Deberíamos comprender que la morada no debe ser hostilizada y no puede ser brutalmente conquistada, porque esa brutalidad de la conquista finalmente se va a volver contra nosotros”, finalizó la investigadora. Para mostrarlo, recurrió a la metáfora de la invención de Frankenstein como conveniente para ilustrar el patriarcado y la depredación del ambiente. “Ustedes ya saben lo que hace Frankenstein con su creador”, remató.

La presentación y moderación del encuentro estuvo a cargo de María Cristina Ruiz del Ferrier, directora de Seguimiento de Gestión del Ministerio de Ambiente, acompañada por Diana de Echeandía, directora nacional de Educación Ambiental en la misma cartera.

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