Ante la gravedad de ese problema, lo primero que surge es que se hace imperioso reglamentar este tipo de actividades y como medida precautoria, obligar a cortar el acceso a toda Web que pueda provocar acciones pornográficas o como se hace en casi todos los países nórdicos de Europa o en Rusia: su acceso prohibido a los menores de edad, como se hace en los bingos, casinos o lugares nocturnos, que están autorizados con cuentagotas y deben cumplir una serie de reglamentaciones obligatorias. La discusión está instalada.
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